Sin caminos a La Moncloa

España en un callejón político

Los cuatro líderes no consiguen acercar posiciones tras el fragmentado resultado de las elecciones generales.

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Así se plantea el panorama de un nuevo gobierno español. Rajoy no recibe apoyos, pero tampoco los socialistas y los partidos nuevos. Foto: Reuters.

El resultado de las elecciones generales del 20 de diciembre dejó un mapa político fragmentado, que se ha vuelto una pesadilla para los cuatro líderes principales. El presidente en funciones, Mariano Rajoy, no consigue animar a ninguno de sus excompetidores a una alianza de gobierno. Quien le sigue en votos, el líder socialista Pedro Sánchez, luego de plantarle una rotunda negativa a Rajoy tampoco la tiene muy fácil, ni con el centrista liberal Albert Rivera, ni con el izquierdista radical Pablo Iglesias. Sin contar con la interna del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) que parece querer cobrarle la derrota a Sánchez tras el pálido resultado.

Algunos de los escollos que deben superar los líderes mayoritarios para sumar una mayoría mínima no presentan visos de desaparecer en los 17 días que restan para anunciar un nuevo gobierno. Mañana, por lo pronto, el líder del Partido Popular (PP) completará su ronda de contactos con el líder de la posición más alejada, Iglesias, en un encuentro que promete mera formalidad. Y después, incertidumbre.

Este es, por otra parte, el escenario menos deseado por todos los actores y, aún, por los organismos multilaterales y por la propia Unión Europea convalesciente de una de las peores crisis económicas de la que España está saliendo malherida y débil.

¿Qué puede esperarse en este contexto?

PP Y PSOE.

Esta es la opción favorita de los empresarios y de la Comisión Europea, un gobierno de Rajoy apoyado por el socialismo, al estilo de la Gran Coalición alemana con la que gobierna Angela Merkel.

Sánchez juró esta semana que jamás de los jamases. No gobernará con sus rivales habituales y rechazará a Rajoy o a cualquier postulante que ofrezca el PP.

Tampoco el líder del PSOE prestará su abstención para dejarlos asumir en minoría.

Convalidar otro turno de la derecha en el gobierno conlleva el peligro de hundir a su partido en la insignificancia. Podemos ya mostró los dientes, al advertirle que si entrara en ese juego estaría traicionando a sus votantes.

Si Sánchez cumple, Rajoy está sentenciado pese a haber salido primero en los comicios. Pero el presidente no se rinde. Le queda una bala: el fracaso de los acuerdos obligaría a repetir las elecciones y para el líder del PSOE eso suena al infierno. No tiene garantizado que los barones del partido vayan a permitirle ser otra vez el candidato. Y el podemista Pablo Iglesias le pisa los talones, decidido a arrebatarle la primacía progresista. A Rajoy, en cambio, unos nuevos comicios podrían beneficiarlo. No tiene rivales de peso en el PP y el electorado de centro podría apoyarlo en pos de la estabilidad (y a costa de Ciudadanos).

La otra opción sería la consolidación de un bloque de izquierda. De algún modo, Sánchez así lo postuló. Dijo que su plan es que España tenga un gobierno "de cambio". Necesita un milagro. Obtuvo 90 diputados y tendría que sumar 176 para ser elegido presidente. Podemos cosechó 69 e Izquierda Unida, 2. Incluso con ellos, le siguen faltando 15 votos. Albert Rivera, de Ciudadanos, anunció que dirá que no a ese combo. Los únicos respaldos disponibles entonces serían de Esquerra Republicana (9) y Democràcia i Llibertat (8), los dos bloques del independentismo catalán. Socios imposibles.

El conflicto separatista ahoga esta vía. Podemos torea al socialismo para que busque una administración de izquierda, pero pone como condición un referéndum en Cataluña sobre la independencia.

Un pacto reformista es la única salida que podría salvar al líder socialista, aunque parece extremadamente remoto. Requeriría ofrecer un acuerdo reformista a Rivera y a Iglesias para que lo dejaran gobernar en minoría. Si Podemos votara por el sí a su investidura y Ciudadanos se abstuviera, darían las cuentas para que el PSOE regresara a la Moncloa.

Sánchez podría tentarlos con cambios sistémicos, como una nueva ley electoral, medidas drásticas contra la corrupción, un blindaje social y revisar el modelo territorial.

Hay dos trabas acaso insalvables. Primero, el rechazo de Rivera a negociar con Iglesias, a quien acusa de atentar contra la unidad de España. Ayer propuso un improbable pacto a tres PP-PSOE-Ciudadanos, del que excluyó a Podemos. Y luego, los cambios de gran calado requerirían tocar la Constitución. Imposible: el PP retiene poder de veto, con la mayoría absoluta en el Senado.

Si todo esto fracasara la salida serían nuevas elecciones en unos cinco meses. Al menos tres de los cuatro mira la perspectiva con inquietur. A Iglesias lo seduce el caos, pero conoce sus riesgos. Debería explicar a sus votantes por qué dejó pasar una oportunidad real de barrer a la derecha. Para Rajoy puede significar el último hilo del cual aferrarse para no perder el poder.

El llamado a la unidad de España del Rey Felipe VI.

El Rey Felipe VI pidió a los partidos políticos que actúen con sentido del deber y voluntad de entendimiento, al servicio del interés general de los españoles, y garantizó la unidad de España frente a rupturas de la ley e imposiciones de unos sobre otros, en su mensaje navideño. Felipe VI recordó que "la pluralidad política expresada en las urnas aporta sin duda visiones y perspectivas diferentes; y conlleva una forma de ejercer la política basada en el diálogo, la concertación y el compromiso". "Ahora, lo que nos debe importar a todos, ante todo, es España y el interés general de los españoles", reafirmó el monarca en el segundo mensaje de Navidad de su reinado. "Los españoles nunca nos hemos rendido ante las dificultades, que han sido grandes, y siempre las hemos vencido", proclamó el monarca español.

SABER MÁS

El regreso al Palacio Real

La grabación del mensaje de Navidad se realizó por primera vez fuera de su lugar habitual, el Palacio de La Zarzuela. El lugar escogido fue el Salón del Trono del Palacio Real de Madrid. Es donde la Corona celebra los actos de Estado en los que, según destacó el Rey en su mensaje, "quiere expresar, con la mayor dignidad y solemnidad, la grandeza de España". La elección estaba cargada de intención y de gran simbolismo.

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