ANÀLISIS

Escuchar puede cambiar el mundo

El número de personas refugiadas, solicitantes de asilo y otras personas con necesidades de protección internacional alcanzó el año pasado las 24.406 personas en Uruguay. 

Edificio de las Naciones Unidas en Nueva York. Foto: Pixabay
Edificio de las Naciones Unidas en Nueva York. Foto: Pixabay

La pandemia provocada por el COVID-19 nos ha puesto a prueba como sociedad. Las poblaciones locales sufrieron un duro golpe en sus condiciones de vida. Las personas más vulnerables, entre quienes se encuentran aquellas que se vieron obligadas a huir de sus hogares debido a conflictos, persecuciones, violaciones de derechos humanos, violencia, desastres naturales, o por la pobreza y el hambre, se enfrentaron a serias dificultades en el acceso a los medios de vida básicos, así como a problemas de acceso a los servicios de salud y educación. Además, las restricciones que se implementaron en las fronteras a causa de la pandemia global, las han llevado a tomar rutas mucho más complejas y peligrosas en busca de su seguridad y la de sus familias.

Según el Informe de Tendencias Globales de Acnur, 82,4 millones de personas se han visto forzadas a huir de sus hogares a fines de 2020, experimentando la mayor crisis de desplazamiento forzado en la historia. Uruguay no escapa a esa situación: el número de personas refugiadas, solicitantes de asilo y otras personas con necesidades de protección internacional alcanzó el año pasado las 24.406 personas, la mayoría de ellas de origen venezolano. Como respuesta a esta realidad, ofrecimos protección y buscamos soluciones duraderas. A través de sus agencias socias, el Servicio Ecuménico para la Dignidad Humana (Sedhu) e Idas y Vueltas, Acnur trabaja para cubrir necesidades básicas y alojamiento temporal, para proporcionar asistencia jurídica gratuita, orientación, información, y también apoyo psicológico. Junto a los gobiernos locales de Montevideo, Canelones y Rivera, buscamos mejorar la integración en las comunidades locales.

Todo esto no lo hemos hecho solos. Para conseguirlo, hemos trabajado con distintas contrapartes para complementar los esfuerzos del Gobierno nacional, articulando con las agencias socias, y contando siempre con el apoyo solidario del pueblo uruguayo. Las uruguayas y los uruguayos conocen bien la causa de los refugiados, porque muchos de sus dirigentes políticos históricos, como Wilson Ferreira Aldunate, o algunos de sus máximos exponentes culturales, como Carlos Quijano, Alfredo Zitarrosa o Los Olimareños, han sido ellos mismos personas refugiadas. Esa tradición de respeto a quienes deben huir de su país sin quererlo ni buscarlo, que también han defendido personas como Belela Herrera, símbolo y síntesis de todos aquellos acontecimientos que permanecen vivos en la memoria, se engrandece ahora cuando el Uruguay abraza y escucha la causa de quienes llegan al país en busca de abrir un nuevo capítulo en sus vidas.

Juntos saldremos adelante; pero para hacerlo, el primer paso es escucharnos. Solo comprendiendo el actual momento histórico tan desafiante por el que atraviesa el mundo y escuchando a las personas refugiadas, así como a las comunidades que las acogen, podremos encontrar respuestas efectivas de protección y soluciones. Solo incluyendo a las personas refugiadas en el diseño e implementación de las políticas podemos pensar un futuro justo y digno para todas y todos.

Este 20 de junio, Día Mundial del Refugiado, invitamos a hacer un pequeño aporte a una causa grande: escuchar a quienes con esfuerzo, con dedicación, con mucho sacrificio y habiendo vivido en primera persona tanto sufrimiento en un mundo con tantas heridas abiertas, debieron empezar de nuevo.

(*) Representante Regional de Acnur, la Agencia de la ONU para los Refugiados.

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