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Dos esclavas sexuales reciben Premio Sájarov

Jóvenes yazidíes de Irak que escaparon del Estado Islámico.

Dos ex esclavas sexuales del Estado Islámico recibieron ayer el Premio Sájarov 2016, con el que el Parlamento Europeo reconoce la defensa de los derechos humanos y la libertad de expresión. Se trata de las yazidíes Nadia Murad y Lamiya Aji Bashar, quienes vivieron un infierno como esclavas sexuales en manos de los yihadistas.

Ambas fueron secuestradas y sometidas a la esclavitud sexual en 2014 tras ser raptadas de una ciudad en el norte de Irak junto a otras cinco mil mujeres por el grupo yihadista.

Ahora viven exiliaron en Alemania.

Nadia Murad, nombrada a mediados de septiembre como embajadora de la ONU para la dignidad de las víctimas del tráfico de seres humanos, milita para que las persecuciones cometidas en 2014 contra los yazidíes estén consideradas como un genocidio.

Con este premio, "el mundo libre condena la inhumanidad criminal del grupo Estado Islámico y honra a sus víctimas", señaló Nadia en un comunicado difundido en Washington.

Según expertos de la ONU, 3.200 mujeres y niños de la comunidad yazidí de Irak continúan en manos del Estado Islámico, en su mayoría en Siria.

"Es importante que el mundo no olvide a las mujeres y a los niños encarcelados por el Estado Islámico y que estos crímenes ya no sean perpetrados por nadie", aseguró Lamiya Aji Bashar, de 18 años.

Los eurodiputados reconocen desde 1988 el compromiso en la defensa de los derechos humanos con este premio, que lleva el nombre del científico soviético disidente Andrei Sájarov. El bloguero saudita Raef Badaoui, encarcelado en su país por "insultos", recibió el premio en 2015. En tres ocasiones fue a disidentes cubanos: Guillermo Fariñas (2010), la asociación Damas de Blanco (2005) y Oswaldo Payá (2002).

Los yazidíes son un grupo etnoreligioso, de cultura y habla kurda, cuyo credo se remonta al zoroastrismo. Se estima que los seguidores de esa religión de raíces preislámicas, rondan el medio millón, la mitad de las cuales vivían en Irak.

Con la llegada del Estado Islámico en 2014, esa minoría se convirtió en el máximo exponente de la crueldad de los fanáticos. Pero su marginación no es nueva. Siempre han vivido atrapados entre el olvido del gobierno iraquí, el radicalismo de los islamistas musulmanes (que los consideran herejes) y las ambiciones territoriales de los kurdos que reclaman sus tierras ancestrales. Desde la época otomana han sido víctimas del prejuicio popular que les considera adoradores del diablo por su veneración al ángel caído que otros credos llaman Lucifer o Satán.

Cuando las huestes del Estado Islámico entraron a sangre y fuego en Sinjar, cientos de hombres fueron asesinados; las mujeres, tras ser golpeadas y violadas, eran regaladas o vendidas como esclavas sexuales. Las ahora galardonadas son dos de las supervivientes de la brutal agresión yihadista sobre su comunidad.

Ambas mujeres comparten un estremecedor relato de supervivencia en medio de las atrocidades del Estado Islámico. Hace dos años este grupo asesinó a todos los hombres del municipio de Kocho, el pueblo natal de Aji Bashar y Murad. En la masacre, Murad perdió a seis hermanos y a su madre, asesinada junto a otras ochenta mujeres mayores a las que los terroristas consideraron sin valor sexual. Las jóvenes fueron vendidas como esclavas sexuales. Entre ellas se encontraba Aji Bashar, hoy premiada, con sus seis hermanas. En su descenso al submundo de los yihadistas, fue vendida hasta cinco veces por los terroristas. Y en su huida le explotó una granada que la dejó casi ciega. En base a EL PAÍS de Madrid, AFP Y ANSA

Nadia Murad: embajadora de la ONU y militante de los DD.HH. Foto: AFP
Nadia Murad: embajadora de la ONU y militante de los DD.HH. Foto: AFP

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