Tres meses y medio después de iniciar su mandato, Dilma está en situación difícil

Escándalo no da tregua a Brasil

La presidenta Dilma Rousseff se postuló para el cargo declarando que canalizaría una bonanza petrolera en Brasil para darle un gran impulso a la economía, al tiempo que se evitaría la corrupción y malos manejos que han plagado a otros países ricos en petróleo en el mundo en desarrollo.

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Un vendedor ofreció camisetas con la consigna para que Dilma y el PT se vayan de la escena política. Foto: AFP

Sin embargo, tres meses y medio después de haber comenzado su segundo mandato, Rousseff está peleando por su sobrevivencia política debido a que Petrobras, la paraestatal del petróleo que ella supervisó y ha defendido, fue golpeada por un colosal escándalo de sobornos que estremece a todo el país.

Para complicar sus problemas, está la perspectiva de que la economía registre una contracción en 2015.

La ira pública en torno al escándalo, así como la economía en un bache, suscitó una protesta histórica, el domingo 15 de marzo, que reunió a más de dos millones de personas en las calles de 147 ciudades a lo largo de Brasil reclamando poner fin a la corrupción y pidiendo el juicio político de la presidenta Rousseff.

Después de la primera movilización, la presidenta Rousseff tuvo rápida reacción y anunció varias medidas de combate a la corrupción.

Pero, esa acción no impidió que la movilización popular tuviera su segunda etapa el domingo pasado, aunque logró menor convocatoria que la primera vez, ya que 700.000 personas participaron de las manifestaciones. El gobierno sintió alivio por la menor concurrencia, pero igual está preocupado.

En las dos jornadas, la ciudad de San Pablo fue escenario de la protesta más grande.

El origen de buena parte de la difícil situación de Rousseff puede ubicarse en la industria petrolera, la cual fue promovida y remodelada por ella bajo una visión nacionalista de afirmación de mayor control gubernamental sobre lucrativos yacimientos petrolíferos en aguas profundas, los cuales fueron descubiertos hace casi una década. Pero, incluso antes de que Brasil empiece a exportar petróleo en grandes cantidades, la industria está siendo objeto de tensión creciente a medida que el escándalo de Petrobras y la caída de los precios globales del petróleo producen cada vez más pérdidas de empleos.

"Dilma Rousseff alegó de manera arrogante que ella lo hacía totalmente bien cuando supervisaba Petrobras, dándole prioridad al petróleo por encima de biocombustibles, alentando a la población a consumir gasolina manteniendo los precios del combustible en bajos niveles", dijo Adriano Pires, prominente consultor de energía. "Sin embargo, ahora el impacto está aquí: Ella estaba totalmente equivocada, y todo el país está pagando por sus fallidas políticas de energía".

La caída de la popularidad de Rousseff ha sido rápida, en tanto llamados por su expulsión se han tornado más estridentes a raíz de las revelaciones de sobornos de magnitud épica en Petrobras bajo su tutela. Su índice de aprobación se desplomó a 13% en marzo, respecto de 23% en febrero, según un sondeo de la encuestadora Datafolha.

Si bien hasta los opositores políticos de Rousseff dicen que la posibilidad de que se realice un juicio político o que renuncie sigue estando distante, ella lucha con las crisis económicas y políticas que se alimentan mutuamente y menoscaban su autoridad.

Además de las protestas en las calles, prominentes figuras en su propio Partido de los Trabajadores (PT) han empezado a criticar su renuente aceptación de medidas de austeridad, buscadas por sus detractores en la cúpula empresarial.

Al mismo tiempo, dirigentes centristas en su coalición en el Congreso están en una revuelta abierta en contra de Rousseff, culpándola por no haberlos resguardado de averiguaciones sobre su involucramiento en el escándalo de Petrobras, suscitando dudas respecto a si ella puede lograr la aprobación de impopulares recortes al gasto.

A medida que Rousseff, de 67 años de edad, se va aislando de su propia base de apoyo, la divisa de Brasil, el real, ha pasado por una aguda devaluación, cayendo 30% contra el dólar desde que ella ganó la primera ronda de elecciones presidenciales, en octubre.

"Prevalecía la sensación de que el petróleo le permitiría a Brasil resolver todo tipo de problemas", dijo Paulo Sotero, el director del Instituto Brasileño en el Centro Internacional Woodrow Wilson para acdémicos, en Washington. "En vez de eso, la industria de biocombustible fue destripada, socavando una fuente de orgullo para Brasil por todo el mundo".

Con la mirada puesta en los logros de Noruega y Canadá, países ricos en petróleo con envidiables niveles de vida, Brasil aplicó medidas enfocadas a prepararse para tiempos magros, como poner una parte de los ingresos del petróleo en un fondo soberano de riqueza creado en 2008. Sin embargo, la idea duró poco: el gobierno de Rousseff tuvo que usar el fondo para cubrir objetivos presupuestales en 2012, dejándolo con una fracción de su monto.

De cualquier manera, expertos del sector de energía destacan que Brasil tiene puntos fuertes que faltan en otros países ricos en petróleo como Venezuela, incluyendo instituciociones confiables como la Policía Federal, que reveló el escándalo al país, y la Suprema Corte de Justicia, que autorizó investigaciones de una diversidad de legisladores influyentes. Además, está respaldado por una economía diversa, incluyendo un sector agrícola a la vanguardia y una amplia base industrial, que reduce su dependencia del petróleo. Petrobras cuenta con experiencia técnica cuando se trata de encontrar y producir petróleo en yacimientos complejos lejos de las costas.

Detenido.

La temperarura política volvió a subir el miércoles pasado con la detención del tesorero del Partido de los Trabajadores (PT) Joao Vaccari, quien está acusado de haber actuado para que empresas constructoras, que presuntamente pagaban sobornos para ganar contratos de la petrolera estatal, realizaran a cambio donaciones, ya legales, al partido oficialista. Vaccari, secretario de Finanzas del PT, “aparece como uno de los operadores recaudadores político partidarios dentro del proceso de Petrobras”, informó el fiscal Carlos Fernandes Santos Lima, en Curitiba, donde el juez federal Sergio Moro encabeza la investigación.

El Fiscal indicó que los investigadores creen que una imprenta de la ciudad de San Pablo a nombre de sindicalistas vinculados al gobierno fue utilizada para lavar dinero por parte de Vaccari.

Su detención supone otro revés para la recuperación de la popularidad que la presidenta Rousseff pretendía conseguir con un panorama político menos turbulento.

El juez Moro sostuvo que Vaccari “ofrecía un riesgo especial para la continuación del delito” si seguía al frente del cargo que ocupa.

La semana pasada, Vaccari declaró ante una comisión investigadora del Congreso y negó las acusaciones en su contra.

Su antecesor, Delubio Soares, cumple condena por corrupción, tras haber admitido su participación en la recaudación y distribución de dinero ilegal en el escándalo conocido como “mensalao”, que estalló en 2005 y causó la peor crisis del gobierno de Luis Inácio Lula da Silva (2003-2010).

Contracción económica de 0,9% este año

El gobierno espera que la economía de Brasil crezca apenas sobre uno por ciento el próximo año y que la inflación continúe alta, según los lineamientos para el presupuesto de 2016, que presentó el ministro de Planificación, Nelson Barbosa. Así, la administración adopta estimaciones del mercado para convencer a los inversores de que aspira a metas más realistas. El gobierno también estableció una meta de superávit primario presupuestal equivalente al 2% del Producto Interno Bruto (PIB) para el próximo año.

En tanto, en 2015, el objetivo es de un superávit de 1,2%. Muchos analistas afirman que ese objetivo está fuera de alcance, dada la desaceleración económica.

El gobierno de Dilma Rousseff busca reducir el gasto y subir los impuestos para lograr ahorros suficientes para cumplir con la meta fiscal clave y para evitar que Brasil pierda su grado de inversión.

El superávit presupuestario primario, o los ahorros antes del pago de intereses de la deuda, sirve como medida de la capacidad de un país de cumplir con sus obligaciones.

El gobierno proyecta un crecimiento económico de un 1,3% en 2016 y revisó a la baja sus estimaciones para 2015, con una contracción de 0,9%.

Barbosa dijo que un real más estable y un repunte en las acciones apuntan a una recuperación económica que ganaría fuerza en el último trimestre de este año.

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