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El episodio con Bonafini abre crisis en Argentina

El desacato de la dirigente de Madres de Plaza de Mayo abrió una grieta.

Llevarla a comparecer por la fuerza pondrá al país en una cornisa peligrosa. La postal de policías deteniendo a la mujer que con inmenso coraje y dignidad ha enfrentado a una dictadura atroz, implicará un pico de tensión en una sociedad ya gravemente fracturada.

El estrés político de la Argentina sube hasta las nubes y las instituciones corren el riesgo de hundirse en "la grieta", esa división facciosa en la que el kirchnerismo inoculó odio y aversión.

Aunque desde hace muchos años la propia Hebe de Bonafini se abocó a decir barbaridades que opacaron la honrosa historia de las Madres de Plaza de Mayo, para el juez que la convocó a declarar por la causa Sueños Compartidos, uno de los desastres que su conducción (por acción u omisión) le causó a la entidad que preside, ordenar su detención en cumplimiento de la ley implica una disyuntiva terrible.

De un modo muy particular, el juez Marcelo Martínez de Giorgi quedó atrapado en lo que Max Weber llamó "la ética de la responsabilidad y la ética de la convicción".

Por la convicción que emana claramente de la Ley, la negativa de Bonafini a presentarse a declarar le impone detenerla. Pero, seguramente, un sentido de responsabilidad por las consecuencias que el cumplimiento de la ley podría tener en este caso (resistencia, represión, heridos, quizá muertos) lo presiona para no hacerlo. El problema es que por evitar esas posibles consecuencias trágicas, se provoca otra consecuencia calamitosa: el derrocamiento de la Ley y la institucionalidad vigente.

La apuesta kirchnerista a usar este caso para generar un pico de tensión desestabilizadora, que ponga al país al borde de la violencia política, no implica que el juez haya actuado del mejor modo.

Convocar a declarar en estos días y firmar un jueves, día de las tradicionales rondas de las Madres en Plaza de Mayo, son decisiones negligentes. Todavía quedan decenas de funcionarios y otras personas relacionadas con el defalco que podrían ser citados a declarar antes de citar a Bonafini.

El momento.

Si el kirchnerismo y sus allegados mantuvieran el actual ritmo de caída en el desprestigio, citar a declaración a la presidenta de la Fundación Madres de Plaza de Mayo implicaría muchos riesgos hacerlo ahora.

Con el agravante de que la tensión provocada se da justo cuando se encuentra en Buenos Aires el secretario norteamericano de Estado, John Kerry. Buen ingrediente para un cóctel que mezcla victimización con antiimperialismo.

La negligencia de Martínez de Giorgi es funcional a la estrategia política de agitación social a la que apuesta una dirigencia en retirada.

En estos últimos años, Hebe de Bonafini hizo todo para que su imagen sea más la de una dirigente kirchnerista que la de una titular de una entidad con tanto valor histórico y ético.

Organizó "juicios populares" denostando a periodistas, opositores y magistrados. También convocó a tomar el Palacio de Justicia para echar a "esos turros de la Corte Suprema".

Siempre tuvo licencia para agraviar y para decir cosas que, en sí mismas, implicaban ejercicios de violencia. Su valioso y heroico pasado terminó convertido en un escudo para proteger sus desmesuras.

Como si lo que hizo frente a la dictadura la eximiera de responder por corruptelas ocurridas bajo su autoridad. Y ahora, para no declarar sobre esa estafa bochornosa en la que, directa o indirectamente, ha tenido responsabilidad, vuelve a escudarse en la gesta de las Madres.

Militantes fueron a estrechar un cerco en torno a su principal dirigente. <br>Foto: La Nación/ GDA
Militantes fueron a estrechar un cerco en torno a su principal dirigente.
Foto: La Nación/ GDA

Sin razón jurídica.

La carta de Bonafini al juez, explicando por qué no se presentó a declarar, no da una razón jurídicamente valedera.

Es inválida en términos de legalidad, aunque sea rigurosamente cierto lo que le reprocha a la Justicia argentina, por su complicidad con un régimen brutal que practicó desenfrenadamente el asesinato, la tortura y la desaparición de personas.

Esa Justicia también es reprochable por sus complicidades con la corrupción gubernamental en democracia. En ese caso, Bonafini ha sido beneficiada por las opacidades del sistema judicial.

De todos modos, ponerse por encima de los demás ciudadanos desobedeciendo una citación a declarar sobre un desfalco en el que tiene responsabilidad, aunque pueda no ser culpable, implica un acto de violencia institucional.

Autoproclamarse intocable situándose más allá de lo que el resto de la sociedad debe acatar, es golpismo. En definitiva, genera condiciones para choques entre policías y manifestantes con potenciales consecuencias trágicas.

Y esa tragedia sería funcional al kirchnerismo, cuyas máximas figuras, empezando por Cristina Kirchner, buscan la victimización mientras instan a "la resistencia", que hoy equivale a instar a la violencia.

También fue violento lo que hizo otro ícono del kirchnerismo en un programa de televisión. Guillermo Moreno, que supo ostentar pistolas en reuniones que presidía como secretario de Comercio, insultó a un economista que le señaló la falsedad de los datos que exponía. Gesticulando como energúmeno, se levantó, lo amenazó con golpearlo y lo echó del programa en el cual él estaba como invitado.

Su ostentación de fascismo visceral humilló a las conductoras, que no hicieron lo que habrían debido hacer: dar por concluida la entrevista y exigirle que se vaya.

Dos formas de violencia, diferentes pero políticamente emparentadas, empujan a la Argentina con la intención de que se hunda en "la grieta".

Bonafini se lanzó contra la Justicia.

Hebe de Bonafini habló en la Plaza de Mayo, tras el infructuoso intento de detenerla de la Policía Federal, luego de una orden del juez federal Marcelo Martínez de Giorgi. Acusó a la Justicia de perseguirla y al Gobierno de querer anular los juicios contra la dictadura. "Alguien tiene que mostrar cómo van a parar los juicios, cómo los milicos van a andar por la calle, cómo nos quieren asustar", dijo Hebe de Bonafini en la Plaza de Mayo, donde llegó después de salir en combi de la sede de la asociación que preside, seguida por una multitud. "Desde 1977 vengo padeciendo las agresiones de la mal llamada Justicia. Hice 168 presentaciones por mi hijo Jorge, también por mi hijo Raúl, siempre padeciendo la misma injusticia y agresiones", aseveró. "Siento la misma indiferencia que sentía cuando la denominada Justicia era cómplice de los asesinos", agregó.

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