La bitácora

Ensañados con un muerto

Cuando Carlos II hizo desenterrar a Cromwell para cortarle la cabeza y exhibir durante semanas el cuerpo decapitado, dejó a la vista lo más viscoso y oscuro de su espíritu.

Lo mismo muestra el kirchnerismo con el linchamiento de Alberto Nisman. Argentina presencia, estupefacta, el obsceno ensañamiento con el fiscal muerto. Cualquier cosa vale para manchar ese cadáver. No importa el dolor de las hijas y la madre del magistrado.

Importa el intento de demostrar que sólo un pervertido y corrupto esbirro de la CIA y el Mossad pudo acusar a la presidenta y su canciller de negociar la impunidad de Irán en la masacre de la AMIA.

Muchos ataques son absurdos. Argentina está forrada de afiches que intenta demostrar su depravación. Pero la foto más comprometedora que consiguieron solo lo muestra con tres chicas en un típico cumpleaños de clase media o media alta, aunque con algún cotillón subido de tono.

O sea, no pudieron mostrarlo como Oyarbide en un prostíbulo gay al que, se suponía, ese juez kirchnerista debía clausurar. Con esa foto, más propia de una revista de frivolidades que de una campaña de difamación, empapelaron ciudades organizaciones financiadas desde el Estado.

Lagomarsino, el turbio dueño del arma que le quitó la vida, dijo que Nisman se quedaba con la mitad de su sueldo, lo que llevó al jefe de Gabinete a calificarlo de "turro y sinvergüenza". Qué ha ocurrido con la Argentina para que un altísimo funcionario del gobierno pueda cometer tan abyecta brutalidad, que además contradice al propio oficialismo.

Cuando la oposición pide que el vicepresidente tome licencia por estar imputado y procesado, Aníbal Fernández y los legisladores kirchneristas dicen que "nadie es culpable hasta que lo dictamine la justicia". Pero la acusación de Lagomarsino que el fiscal muerto no puede responder, parece palabra santa o sentencia de la Corte Suprema para los linchadores de Nisman.

Hay lógica en la explicación que da Elisa Carrió sobre la aberración que se está cometiendo con el magistrado que acusó a Cristina Kirchner: el autor intelectual de este linchamiento a un muerto solo puede ser el responsable de esa muerte.

Lo que está fuera de dudas, es que la morbosa escena que presencia la Argentina, muestra algo muy viscoso y oscuro en el gobierno de la presidenta y en la intelectualidad y la red mediática que la defienden. Igual que Carlos II cuando, al restaurar el poder de los Estuardo, hizo desenterrar al "Lord Protector" para decapitarlo y exhibir su cadáver mancillado.

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