LA BITÁCORA

Encrucijada venezolana

La deriva venezolana tiene cuatro posibles desenlaces. Uno de ellos es que el régimen termine de blindar su poder concluyendo la conversión en totalitarismo.

El primer paso hacia esa meta es el que está dando: reemplazar al último cuerpo elegido en comicios libres y plurales, la Asamblea Nacional, por esa versión caribeña de los soviets que son las comunas y organizaciones sociales que integran la asamblea constituyente. De los soviets de Maduro saldrá el régimen de partido único, la prohibición de la disidencia y el control total del individuo.

Dos circunstancias podrían impedir el blindaje totalitario de Maduro. Una, es que el goteo de chavistas hacia la oposición termine convirtiéndose en un torrente que deje sola esa cúpula que, si pierde el poder, pierde la impunidad y acaba procesada por corrupción y crímenes de lesa humanidad.

La otra es que, debilitado por el aislamiento internacional tras el acto fallido del comicio de asambleístas constituyentes, el régimen proponga negociar su retirada y la oposición acepte que la única materia de negociación es la impunidad, para que haya una salida sin guerra civil.

Precisamente, la guerra civil es también una posible consecuencia de esta deriva autoritaria. La diferencia entre Maduro y Chávez, es que el impulsor de la revolución bolivariana tenía respaldo de amplias mayorías. Por eso su liderazgo, si bien personalista, verticalista y prepotente hasta el autoritarismo, podía mantener a través de la Constitución de 1999 un sistema con división de poderes y con elecciones libres y plurales. Con Chávez, había mayoritarismo (que es el poder autoritario de las mayorías). Pero como Maduro perdió ese respaldo mayoritario, para sostenerse en el poder con el minoritario apoyo popular que le queda, debió apartarse de la institucionalidad que heredó y avanzar hacia la dictadura pura y dura. Como la represión no pudo sofocar el estado de protesta popular permanente, el régimen puso proa hacia el totalitarismo, o sea la dictadura absoluta.

La presión regional y el aislamiento internacional sirven para evitar el blindaje totalitario y la guerra civil. Pero no es definitorio. Para que Venezuela no caiga de lleno en la guerra fratricida ni en el totalitarismo, la oposición debe maniobrar con inteligencia, flexibilidad y apertura mental para que el goteo de chavistas que pasan del oficialismo a la disidencia, se vuelva un torrente incontenible.

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