El sustento del presidente Kirchner

El domingo pasado "La Nación" publicó un artículo de Mariano Grondona, luego reproducido en El País, en el que hacía otro de sus agudos análisis sobre el acontecer político argentino que se asienta en tres pilares básicos. Como es tan grande la simbiosis con nuestros vecinos, sus profundas observaciones no pueden dejar de hacernos reflexionar sobre nuestro propio país, ya que ciertas similitudes dan para pensar y mucho.

Pero por el momento nos ocuparemos de la Argentina y los puntos principales que a nuestro entender, son el núcleo del artículo. Con razón se pregunta el articulista, "¿POR QUE AHORA?"

¿Por qué ahora el mismo Congreso, ya que todavía no se produjeron los comicios y no ha habido renovación en las cámaras, con enorme mayoría no sólo acaba de acusar al Ministro de la Suprema Corte, Moliné O’ Connor —cuando el año pasado nunca se pudo reunir en Diputados la mayoría necesaria—, sino que en tiempo récord y con otra mayoría abrumadora, votaron esta semana algo que rechina con la legislación nacional, cuya doctrina sostiene que el Congreso puede derogar una ley, pero no anular lo que los propios legisladores sancionaron en su momento? Hay una buena diferencia entre una cosa y la otra, ya que la derogación es lógicamente hacia el futuro, pero la nulidad deja abierto un camino de lleno de incertidumbres. Al ser retroactiva, la seguridad jurídica se tambalea hasta el desplome. Hoy puede ser para este caso, mañana con otras legislaciones. Pero hay otro artilugio, que desmerece aún más la acción de los parlamentarios, puesto que a la postre, nuevamente es la Corte Suprema la que tiene la última palabra. Deberá dictaminar si las cuestionadas leyes de Punto Final y Obediencia Debida son inconstitucionales, puesto que la nulidad solo puede ser declarada por la Corte en alguna oportunidad especial.

PRESOS. Hay otros cuantos "porqué" para enumerar, como la decisión del Juez Canicoba Corral de meter presos a más de cuarenta militares requeridos por el gran inquisidor español especializado en juzgar los crímenes perpetrados del otro lado del Atlántico Sur, el Juez Garzón, quien posiblemente sorprendió al propio Kirchner en su estrategia política, con su premura, una vez que éste, también rápidamente, anunciara la derogación del decreto de territorialidad firmado por De la Rúa. Acción que promovió la posibilidad de que sean enjuiciados en España muchos argentinos, lo que ahora estarían tratando de evitar con esta inusual votación en el Congreso que presiona a la Corte. Todo esto revela unos atropellamientos, en asuntos tan delicados, que lo menos que producen es honda preocupación.

Dentro de la misma onda justiciera, se ha sabido que también ha sido pedida la captura internacional de Firmenich, y de otros montoneros como Vaca Narvaja, cuya hermana tiene un cargo en el gobierno, y de Perdía. Pero no hay que creer por estos motivos, que el largo brazo de la justicia ahora va también detrás de los terroristas que, a su vez, cometieron asesinatos, secuestros y cientos de miles de atentados, lo cual demostraría que las violaciones a los derechos humanos, en la Argentina actual, se persiguen vengan de donde vengan, ya sea de parte de los represores o de los subversivos.

Pero no es tan así; a estos siniestros personajes se les busca porque habrían traicionado a sus compañeros, entre los años 1978 y 1980, y no por las acciones terroristas por ellos o sus adláteres cometidas. Y hasta ahora, a los legisladores que muy decididamente votaron esta discutida "nulidad", no se les escuchó mayor reacción respecto del indulto que Duhalde decretó, antes de irse, al carapintada Seineldín y al terrorista Gorriarán Merlo.

APOYOS. Entre los "porqué" de otra tonalidad, aparece el de la prisión de María Julia Alsogaray, figura simbólica si la hay, de una corrupción que no conocía de pudores, en las épocas menemistas, característica que ensució todo lo que había de rescatable en su gobierno, sobre todo en el primer período. Este encarcelamiento reciente suma a la teoría de Grondona, que al analizar la forma en que llegó al poder el Presidente, coincide con lo dicho en estas columnas en otras oportunidades, al destacar la falta de votos y aparato partidario propio, que le diera soporte a su triunfo, lo cual lo lleva a buscar activamente un entorno de apoyo de su pertenencia, para lo cual ha apelado a las acciones de corte más bien populista y de satisfacción para las izquierdas, con actitudes reveladoras de una personalidad fuerte y decidida.

A Grondona, la fuerza que obtiene Kirchner de su popularidad, la cual se mide a través de las encuestas, le provoca un interesante paralelo con la tradición griega de los oráculos, consultados religiosamente, antes de tomar importantes decisiones. Algo que coincidiría con el poder que en la actualidad han adquirido las empresas de sondeo de opinión pública. Entonces hoy día, se viviría bajo lo que él llama con ingenio la "encuestocracia".

Si fuera así, lo que importa es que el gobernante tenga muy abiertos sus oídos para dar satisfacción a los deseos de las masas, en lugar de ser capaz de liderar, orientar y conducir a la ciudadanía, a menudo en contraposición a sus tendencias, pero con la suficiente capacidad y carisma como para encolumnar detrás suyo, de sus ideas y de sus metas, a la sociedad de la cual se ha hecho responsable.

El tercer punto neurálgico del artículo que comentamos, es de suma gravedad y se halla bien condensado en el mero título. Los cientos de miles de ciudadanos que forman esa nación, hoy no se inclinarían por los paradigmas que hacen grandes y civilizados a los países. "La idea fuerza" no sería la que transformó las salvajes pampas en una nación que supo ser pujante. La ambición de progresar y mirar hacia adelante, no serían los grandes objetivos, sino bucear en el pasado, denunciar, perseguir y castigar.

Es de esperar sin embargo, que no sea éste el camino elegido por la Argentina, ni que el respaldo del que goza el Presidente esté inexorablemente atado al afán revisionista de este pueblo, sino que a los argentinos les gusta sobre todo, un Presidente de verdad, alguien que da la impresión de saber hacer buen uso del bastón de mando. No hay que olvidar que desde siempre los hombres fuertes, los caudillos, han gozado de gran preeminencia, arrastre y hasta sometimiento y todavía esto se observa y se vive en gran parte de las provincias. Desde que dejara Santa Cruz, el primer mandatario se ha ocupado y preocupado por dar esa imagen. Y si no, habría que preguntarle a Scioli, el díscolo vicepresidente.

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