El lanzamiento realizado por China de un misil para destruir un satélite en desuso generó perplejidad y protestas en la comunidad internacional. Taiwán e India, dos vecinos con razones para sentirse amenazados, fueron los más alarmados.
El lanzamiento del misil antisatélite chino generó temor, ante el posible desencadenamiento de una carrera de armas en el espacio, ya que los restos podrían dañar los satélites de otros países.
La prueba -la primera de este tipo que efectúa un país en más de 20 años- fue anunciada recientemente por Estados Unidos, que asegura que el lanzamiento se materializó el jueves 11.
El objetivo chino era destruir un viejo satélite que orbitaba a unos 850 kilómetros. Se trata, aproximadamente, de la misma altura a la que giran los satélites espía estadounidenses.
Según los expertos, el satélite destruido -que tenía una masa de unos 750 kilos- puede haber quedado pulverizado en unos 800 fragmentos de más de 10 cms, cerca de 40.000 de entre uno y 10 cms y unos dos millones de más de un milímetro, la mitad de los cuales permanecerán en órbita al menos una década. A las altas velocidades que giran, incluso los más pequeños tienen un alto poder de destrucción.
El gobierno de George W. Bush mostró preocupación por lo ocurrido, al considerar que aumenta el riesgo de una "militarización" del espacio y se opone al "espíritu de cooperación" entre ambos países.
Estados Unidos ha trasladado esta preocupación a las autoridades chinas, tanto en Washington como en Beijing. Japón, Australia, Gran Bretaña, Corea del Sur y otros gobiernos han hecho lo mismo.
El ministro de Asuntos Exteriores australiano, Alexander Downer, que se encontraba en Nueva York cuando se dio la noticia, manifestó su total rechazo al hecho y dijo que la embajadora china en Camberra, Fu Ying, fue convocada para dar explicaciones, pero que ésta no estaba al corriente.
También ha exigido explicaciones Japón, quien criticó el hecho de que no hubieran sido avisados del lanzamiento de antemano.
La prueba podría llevar a los japoneses -que ya ven con inquietud el creciente poderío militar de Corea del Norte- a convencerse de la necesidad de desarrollar un sistema de defensa espacial.
Los gobiernos de Taiwán e India también sumaron sus inquietudes. Los diarios indios sostuvieron que, aunque las relaciones con Beijing están mejorando, hay que pensar en China siempre como una potencial amenaza.
Taiwán, por su parte, considerada por China una provincia rebelde tras su independencia en 1949, afronta amenazas directas en caso de un incremento de las tensiones.
Para la Casa Blanca lo que está claro es que la prueba se produjo y lo que se pidió a las autoridades chinas es que den más detalles sobre lo que hicieron y por qué lo hicieron.
Beijing se negó a confirmar la denuncia de Estados Unidos. El portavoz del ministerio de Exteriores chino, Liu Jinchao, dijo que el país no modificará su política "pacífica" y que no representa "amenaza" para ningún país, ya que no van a lanzarse a ninguna carrera de armas en el espacio.
De confirmarse, sería la primera prueba de este tipo efectuada desde la década de 1980, cuando en el final de la Guerra Fría las dos superpotencias de la época, Estados Unidos y la Unión Soviética, las llevaron a la práctica.
En octubre de 2006, el presidente Bush firmó una orden por la que Estados Unidos se arroga el derecho a negar el acceso al espacio a cualquier rival que pueda utilizarlo con fines hostiles.
Washington se niega además al desarrollo de cualquier tratado o restricción que pueda limitar el uso del espacio por parte de Estados Unidos.
Secretismo del programa militar chino
Aunque el gobierno chino insistió en que no pretende militarizar el espacio, el mutismo con el que respondió a las críticas al respecto, despierta sospechas, por su prontuario histórico. En 2003, China se convirtió en la tercera nación (junto con Estados Unidos y Rusia) en llevar a un ser humano al espacio. En 2005, colocó a dos personas en órbita y el año que viene pretende que sus astronautas realicen un paseo espacial. Y para 2010 quiere enviar una misión no tripulada a la luna. Beijing gasta 380 millones de euros al año en este programa, mientras que el presupuesto de la NASA es de 13.100 millones de euros. Pero es difícil saber lo que destina realmente China a su actividad en el espacio, como tampoco se conoce su gasto militar. El presupuesto oficialmente anunciado para 2006 fue de 28.200 millones de euros, aunque Washington calcula que la cifra oficial es dos o tres veces superior.