El día que el mundo no podrá olvidar

| El 11/S dejó un conflicto que parece no tener fin, en el que nadie gana y crecen las víctimas y el temor

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FERNAN R. CISNERO

Estos son tiempos terribles. Desde que el 11 de setiembre de 2001, buena parte del mundo desayunó con las torres gemelas derrumbándose en vivo y en directo desde su televisor, se ha vivido una zafra de zozobra alimentada por la intolerancia traducida en terror de dos bandos enfrentados. En estos cinco años, al menos dos guerras y decenas de atentados dejaron miles de muertos, una opresiva inseguridad y la posibilidad abierta de mil batallas por pelear.

Ese hecho histórico, del que mañana se cumplen cinco años, es una marca indeleble para las generaciones que lo vivieron. La imagen, incomprensible al comienzo, de un rascacielos de Nueva York humeante y un Boeing estrellándose contra su gemelo, aún mantiene su impacto. El mundo se enteró que se trataba en realidad de los ataques de un enemigo silencioso (aunque no desconocido), musulmán, implacable y, por lo visto, muy organizado. Aunque ya había estado vinculado a ataques contra intereses estadounidenses y nada parecía haberse hecho para impedir que lo volviera a hacer, el mundo conoció a Al Qaeda, una red terrorista liderada por un renegado millonario saudita, Osama Bin Laden. Se convirtió en el némesis del presidente de Estados Unidos, George W. Bush, ambos protagonistas de un conflicto que marcará el siglo XXI, tal como la "guerra fría" lo hizo con el siglo pasado.

El de ese día que dio en llamarse 11/S -19 musulmanes secuestraron cuatro aviones y los estrellaron contra el World Trade Center, el Pentágono y otro cayó en un descampado presuntamente por una acción heroica de los pasajeros; 3.000 muertos- fue un gesto tan desafiante, que habilitó al presidente Bush a embarcar a su país y al mundo, en una "guerra al terrorismo". Estaba básicamente dirigida contra un fundamentalismo islámico que, alimentado por la intervención de Occidente en sus problemas, estaba poseído por un letal encono.

Para Bush, ahora los terroristas no eran grupos aislados, sino organizaciones millonarias amparadas por gobiernos represores de países empobrecidos. Había que ir por ellos. Afganistán alojaba a Bin Laden, lo que lo convirtió en el candidato ideal a ser la primera escala de esa guerra.

Pareció fácil. Un mundo sensibilizado ante el dolor estadounidense (una simpatía que después se haría difícil de conservar) y un régimen tan impresentable como el Talibán y sus medievales métodos, hizo que Washington consiguiera aliados para embarcarse en una campaña en Afganistán. Hoy, el país sigue aislado, dominado por la violencia creciente promovida por el derrocado régimen y con los principales protagonistas de la guerra aún prófugos. Hay victorias: en 2004 por primera vez hubo comicios de los que surgió un gobierno afgano legítimo, mas de poder limitado.

En su primer discurso del "Estado de la Unión" tres meses después del 11/S, Bush planteó los puntos de una doctrina que marcaría estos tiempos y que incluía luchar contra el terrorismo, los países que lo promovieran (el eje del mal: Irán, Irak, Corea del Norte) y democratizar el mundo árabe. Para algunos de esos objetivos, la Casa Blanca se reservó el derecho al ataque preventivo, la capacidad de actuar sin necesidad de una provocación explícita. Ese recurso fue ejercido en la siguiente guerra, la de Irak.

Ir contra Saddam Hussein pareció un error, aunque su régimen haya sido de una crueldad intolerable. Para conseguir el apoyo internacional a una campaña de esa envergadura, la administración Bush se valió de argumentos que nunca pudieron ser demostrados como la capacidad de Saddam de tener armas de destrucción masiva y sus vínculos con Al Qaeda. Irak también tuvo elecciones, pero las relaciones entre chiitas y sunitas y una resistencia feroz mantiene el país en guerra. Más de 2.500 soldados estadounidenses murieron en tres años y no parece muy creíble la posibilidad de que las tropas dejen el frente próximamente.

A lo que muchos juzgan como una incompetente manera de manejar los conflictos por parte de Washington, se enfrenta la latente capacidad del extremismo de realizar atentados, si no ya de la talla del 11/S, sí que golpeen a su enemigo en su propia casa. Madrid y Londres, por entonces los más fieles aliados de la Casa Blanca, conocieron ese terror. La sensación de que eso puede volver a ocurrir alimenta una inseguridad que afecta la vida cotidiana de todo el mundo. Subir a un avión o ingresar a Estados Unidos se han vuelto trámites impertinentes. El frustrado complot para hacer volar aviones transatlánticos que partirían de Londres, fue un recordatorio de ese peligro y una excusa para aumentar las restricciones y los controles.

Es que un enemigo imprevisto y oculto también ha provocado cierta laxitud en los derechos civiles. Cárceles clandestinas, prisioneros sin amparo judicial, por ejemplo forman parte de la rutina de la guerra al terrorismo.

Ese tipo de actitudes, criticadas en Occidente, aumentó el recelo del mundo árabe hacia las verdaderas intenciones de la campaña emprendida por Washington. La suspicacia de que se trata de un ataque sistemático hacia la base del islamismo, o de que las intenciones para derrocar a Saddam eran hacerse de su petróleo, alimentan un rencor que se traduce en jóvenes dispuestos a sacrificarse en nombre de esa guerra y un avance de las visiones más antiestadounidenses y anti-israelíes de Medio Oriente. Nunca hubo tantos guerreros de la jihad como ahora. El 7/J en Londres reveló que el enemigo consiguió infiltrar la misma sociedad que combate.

No hay ganadores en esta guerra. Estados Unidos no ha podido atrapar a Osama Bin Laden, aunque consiguió golpes de efecto importantes en la destrucción de la cúpula de Al Qaeda. La expansión de la democracia en Medio Oriente es su mejor logro aunque no deja de ser preocupante la victoria de Hamas en la Autoridad Palestina, el poder de Hezbollah en Líbano o el peligroso caos que domina la región. A eso hay que sumar la creciente retórica entre Irán y Estados Unidos por las intenciones nucleares de Teherán.

Al Qaeda tampoco consiguió mucho si su fin último es construir un califato que vaya desde España hasta Medio Oriente. Han logrado, eso sí, intervenir en la manera en que se maneja el mundo. Es bastante.

Bush, cuya impopularidad llega a niveles históricos, centró su gobierno en combatir el terror. El extremismo está dispuesto a revertir una situación que ve como irrespetuosa y agresiva hacia su religión. Tiempos terribles.

Guerra al terror

7/10/2001 Luego de la negativa del gobierno talibán de Afganistán de entregar a Osama Bin Laden, Estados Unidos, apoyado por la comunidad internacional, inicia la "Operación Libertad Duradera" en ese país. El 13 de noviembre es tomado Kabul. Los talibanes son derrocados, pero Bin Laden permanece prófugo.

29/1/2002 En su discurso ante el Congreso, el presidente George W. Bush menciona por primera vez al "Eje del Mal", o regímenes que apoyan al terror. Nombró a Irak, Irán y Corea del Norte.

12/10/2002 Un atentado en una discoteca de Bali, Indonesia, mató a más de doscientas personas. Aún no se sabe a ciencia cierta qué grupo fue el responsable del ataque.

20/3/2003 Tras meses de tensión, inspecciones y amenazas, Estados Unidos invade Irak en la "Segunda Guerra del Golfo". El 9 de abril es tomado Bagdad. La excusa para el ataque era que su gobierno tenía armas de destrucción masiva, algo que nunca pudo ser probado.

13/12/2003 Saddam Hussein, oculto desde su derrocamiento, es capturado por tropas estadounidenses. Actualmente está siendo acusado por siete crímenes contra la humanidad.

11/3/2004 España fue uno de los países que acompañó a Estados Unidos en su invasión a Irak. Ese día, una serie de atentados en estaciones de trenes causa la muerte a 191 personas. Al Qaeda, al igual que en el "11/S", reivindicó el hecho.

20/1/2005 George W. Bush asume su segundo mandato en Estados Unidos.

7/7/2005 Segundo atentado terrorista de magnitud en una ciudad occidental tras el "11/S". La explosión de tres bombas en el metro de Londres, Gran Bretaña, y una en un ómnibus causa la muerte de 56 personas. Varios grupos islámicos extremistas asumieron la responsabilidad, sin que hasta ahora se sepa concretamente quienes fueron los autores.

7/6/2006 Es asesinado en Irak Abu Musab al Zarqawi en un ataque del ejército de Estados Unidos. Era el líder de Al Qaeda en ese país y hasta ahora la figura más notoria del terrorismo que ha sido ultimado.

12/7/2006 Tras el secuestro de dos soldados por la milicia Hezbollah, Israel ataca al Líbano. El alineamiento incondicional de EE.UU. con este país genera más tensión en la zona con los países árabes y musulmanes, como es el caso de Irán y Siria.

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