El cambio climático amenaza al bíblico río Jordán

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El País

"Somos uno de los países más pobres del mundo en agua", dice Shafig Habash, sabiendo muy bien de lo que habla, pues a diario dirige el centro de control del canal del rey Abdalá que alimenta todo el valle del Jordán.

Este canal de 110 kilómetros de longitud, que permite regar unas 8.000 explotaciones y alimenta de agua la capital, Amán, juega un papel esencial para la principal zona agrícola de Jordania, país fundamentalmente desértico y uno de los diez más secos del mundo.

La Autoridad del Valle del Jordán reparte cada año este precioso maná en función de los cultivos (verduras, cítricos, etc.) y de las necesidades, crecientes, de los ciudadanos.

Teóricamente, 250 millones de m3 se destinan a usos agrícolas, pero desde hace varios años, el caudal del río no permite alcanzar esta cifra.

Debido a los importantes déficits pluviométricos registrados desde hace cinco años, la situación no deja de degradarse.

Más allá de las variaciones de precipitaciones de un año a otro, se impone una tendencia. Para países como Jordania, el cambio climático se traducirá por una ecuación simple y más bien sombría: menos precipitaciones y más evaporación.

"El clima está cambiando, lo vemos, lo notamos. Hace 15 o 20 años había más lluvia, las temperaturas eran menos elevadas", afirma Shafig Habash.

Las autoridades jordanas tienen puestas grandes esperanzas en un proyecto faraónico: el "canal de la Paz", que unirá el mar Rojo y el mar Muerto.

El objetivo de esta obra es impedir la desaparición del mar Muerto, cuyo nivel de agua desciende un metro cada año, así como permitir la producción anual de unos 850 millones de m3 de agua dulce gracias a una planta desalinizadora.

El Banco Mundial (BM) está realizando un estudio de viabilidad del proyecto que, sin embargo, deberá superar serios escollos diplomáticos (un acuerdo entre Israel, Jordania y los territorios palestinos) y financieros (coste estimado en 3.500 millones de euros; más de 4.400 millones de dólares).

Además, el impacto medioambiental que tendrá este proyecto sobre los ecosistemas del mar Muerto suscita interrogaciones.

Para la ONG Friends of the Earth Middle East (Amigos de la Tierra Oriente Medio), este proyecto no debe considerarse como la solución definitiva.

Según esta organización, los temas del agua y el clima merecen un verdadero debate sobre la gestión de los recursos y se necesita sensibilizar a la población, especialmente de los agricultores, que utilizan más de dos tercios de los recursos hídricos del país.

"Les ayudamos a orientarse para prepararles para una realidad: vivir, en el futuro, con menos agua", explica Munqeth Mehyar, el presidente de la ONG.

Pero la tarea pedagógica es ardua.

"Mientras hablamos de cambio climático, un individuo aislado en el valle del Jordán puede sentirse impotente y preguntarse ´¿Qué puedo hacer yo si los países desarrollados no dejan de emitir tanto CO2 a la atmósfera?´", explica.

Programas de sensibilización han sido igualmente puestos en marcha en una treintena de colegios de este valle emblemático.

"Estamos realmente al principio y es muy lento", explica Jawla Dalki, profesor de inglés en Shuna del Norte, en el extremo norte de Jordania, a escasos kilómetros de la frontera con Siria.

"Hace falta un verdadero debate (sobre el agua y el clima). Hace falta que los alumnos sean informados. La situación va a ser cada vez más difícil. Es crucial".

(AFP)

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