LA PANDEMIA EN AMÉRICA LATINA

Los duros golpes que asesta el COVID-19 a las normas democráticas de países de la región

Elogian respuesta eficiente y transparente de Uruguay en la lucha contra el coronavirus, bastión democrático entre economías y sistemas de salud golpeados.

Un grupo de manifestantes encendió barricadas en las cercanías del Congreso Nacional, en la ciudad de Valparaíso, Chile. Foto: Reuters
Un grupo de manifestantes encendió barricadas en las cercanías del Congreso Nacional, en la ciudad de Valparaíso, Chile. Foto: Reuters

Elecciones aplazadas, tribunales de Justicia marginados y persecución a opositores. A medida que la pandemia del COVID-19 arrasa a América Latina y el Caribe, al cobrar las vidas de más de 190.000 personas y destruir el medio de sustento de decenas de millones en la región, también socava las normas democráticas que ya se encontraban bajo presión en varios países.

Desde la centro-derecha hasta la extrema izquierda, varios líderes han usado la crisis como excusa para extender sus mandatos, debilitar la vigilancia y control de las acciones de los gobiernos y acallar a los críticos, medidas que bajo otras circunstancias serían descriptas como autoritarias y contrarias a la democracia, pero que ahora se presentan como acciones salvadoras para frenar la propagación de la enfermedad.

El debilitamiento gradual de las normas democráticas durante una crisis económica y la catástrofe de salud pública podrían dejar a América Latina condenada a un crecimiento más lento y un aumento de la corrupción y los abusos contra los derechos humanos, advirtieron expertos. Esto es particularmente cierto en los lugares donde los derechos políticos y la rendición de cuentas ya estaban en un declive precipitado.

Manipulación de las reglas antes de la pandemia.

“No es un asunto de izquierda o de derecha, es una disminución de la democracia en general en toda la región”, dijo Alessandra Pinna, investigadora para América Latina en Freedom House, una organización con sede en Washington que monitorea las libertades políticas globales.

Hay cinco países en América Latina y el Caribe con historias democráticas recientes -Venezuela, Nicaragua, Guyana, Bolivia y Haití- donde los gobiernos no surgieron de elecciones libres y justas o han extendido su mandato. Es la mayor cantidad desde finales de los años ochenta, cuando la Guerra Fría se encaminaba a su final y varios países que se encontraban inmersos en guerras civiles o bajo dictaduras militares hicieron transiciones hacia la paz y la democracia.

La mayoría de estos líderes ya manipulaban las reglas democráticas para permanecer en el poder antes de la pandemia, pero aprovecharon las condiciones de emergencia creadas por la propagación del virus para fortalecer su posición.

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, detuvo o allanó las casas de decenas de periodistas, activistas sociales y líderes de la oposición que han cuestionado las dudosas cifras del gobierno sobre los casos de COVID-19.

En Nicaragua, el presidente Daniel Ortega liberó a miles de presos debido a la amenaza que representa el virus, pero ha mantenido tras las rejas a los presos políticos, mientras que en Guyana, un bloqueo impidió las protestas contra el intento del gobierno de mantenerse en el poder pese a haber perdido una elección.

Maduro con barbijos por el coronavirus, pidió a Estados Unidos que levante las sanciones contra Venezuela por la pandemia. Foto: AFP
Maduro con barbijos por el coronavirus, pidió a Estados Unidos que levante las sanciones contra Venezuela por la pandemia. Foto: AFP

En Bolivia, el gobierno interino ha usado la pandemia para posponer las elecciones, ha recurrido a la ayuda de emergencia para apuntalar su campaña electoral y ha amenazado con prohibir que se postule el principal candidato de oposición.

La erosión de las normas democráticas durante la pandemia llegó en un momento en que el crecimiento económico y el progreso social de la región ya se estaban desmoronando, lo que ha dejado mucha incertidumbre en torno a la capacidad de los líderes democráticos para resolver problemas arraigados, como la desigualdad, los delitos y la corrupción.

Protestas en varios países

En 2018, solo uno de cada cuatro latinoamericanos decía estar satisfecho con la democracia, el número más bajo desde que Latinobarómetro, una encuestadora regional, comenzó a hacer esa pregunta hace 25 años.

El descontento con el sistema político llevó en años recientes a una ola de victorias populistas entre las que se cuentan las de Jair Bolsonaro, quien se encuentra en la extrema derecha, en Brasil y Andrés Manuel López Obrador, de México, posicionado hacia la izquierda. También condujo a protestas callejeras masivas en varios países el año pasado.

En este tiempo de convulsión política, la pandemia ha sumido a la región en la recesión más profunda de su historia, lo que ha exacerbado las debilidades en los sistemas de bienestar y salud y puesto en evidencia cómo los líderes son incapaces de satisfacer las demandas de la población.

“Todas las cosas que ya los latinoamericanos estaban pidiendo -más igualdad, mejores servicios- han empeorado dramáticamente con la pandemia” dijo Cynthia Arnson, directora de programa para Latinoamérica del Centro Wilson, un centro de análisis en Washington. “El sufrimiento económico es dramático y pone una tensión adicional en instituciones de por sí débiles”.

Los sistemas de salud de la región, en dificultades, también se han visto perjudicados. Latinoamérica se ha convertido en una zona crítica del virus a nivel global y Brasil, México y Perú se encuentran entre los 10 países con más cantidad de fallecimientos en el mundo. Naciones Unidas estima que 16 millones de latinoamericanos caerán a la extrema pobreza este año, un revés a los avances de la región en este siglo.

Confianza política.

En los pocos bastiones democráticos en América Latina, como Uruguay y Costa Rica, los líderes respondieron a la pandemia con eficiencia y transparencia, lo que aumentó la confianza de la gente en el gobierno. En República Dominicana y Surinam, los presidentes en funciones recientemente se retiraron del poder después de perder las elecciones, que se celebraron a pesar de la pandemia.

En muchos casos, los jueces y otros funcionarios públicos han resistido a los ataques contra instituciones democráticas durante la pandemia, dijo Javier Corrales, profesor de estudios latinoamericanos en el Amherst College de Massachusetts. “Los defensores de la democracia liberal en América Latina no han sido derrotados”, dijo Corrales. “Los aspirantes a autócratas no tienen el camino libre”.

Sin embargo, en la mayoría de las naciones latinoamericanas, el coronavirus aceleró el declive democrático ya existente al dejar en evidencia la debilidad y la corrupción de varios gobiernos ante la catástrofe.

Coronavirus. Foto: AFP
Coronavirus. Foto: AFP

“Al enfrentarse a una amenaza existencial, los países que aún no tenían sistemas democráticos profundos recurren a tácticas que ayudan a los líderes a consolidar su poder’‘, dijo John Polga-Hacimovich, politólogo de la Academia Naval de Estados Unidos en Maryland.

Las tensiones políticas que aquejan a la región en la pandemia podrían ser solo el comienzo de una ola más prolongada de disturbios y autoritarismo, dijo Thomas Carothers, miembro de la Fundación Carnegie para la Paz Internacional. “Va a arrastrar a la región a un peor desempeño económico”, dijo. “También significa un peor trato a los seres humanos, su dignidad y sus derechos”.

Bolsonaro exhorta a no tener miedo y enfrentar al COVID-19

“Estoy en el grupo de riesgo. Nunca fui negligente, yo sabía que un día me iba a contagiar, como desafortunadamente creo que un día va a pasar con todos ustedes. ¿Tienen miedo de qué? ¡Enfrenten!”, exclamó el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro durante un acto en Bagé, estado de Rio Grande do Sul. Bolsonaro, de 65 años, anunció su recuperación de la enfermedad, de la cual se encuentran ahora infectados su esposa y otros seis ministros. Él tiene una infección pulmonar.

Trump enfocado en casos de Venezuela y Cuba
Donald Trump, presidente de Estados Unidos. Foto: Reuters

Desde que el presidente Donald Trump comenzó su mandato, Estados Unidos se ha enfocado principalmente en una política exterior regional destinada a oponerse a los autócratas izquierdistas de Venezuela, Nicolás Maduro y Cuba, que es presidida por Miguel Díaz-Canel, así como a reducir la inmigración al condicionar la ayuda a los países de Centroamérica -algunos de los más pobres de la región- a la cooperación en materia migratoria.

El gobierno de Trump se abstuvo de emitir declaraciones cuando el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, ignoró los fallos de la Suprema Corte y usó al Ejército para implementar medidas enérgicas en contra de los infractores de la cuarentena establecida durante la pandemia.

El apoyo de Estados Unidos a los programas a favor de la democracia en América Latina se redujo a casi la mitad el año pasado, a 326 millones de dólares, según cifras preliminares compiladas por la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid, por su sigla en inglés).

Trump y el secretario de Estado, Mike Pompeo han sostenido contactos con gobernantes de América Latina y el vicepresidente Mike Pence ha viajado a Centromérica.

“En los últimos años, no solo hemos abandonado nuestro papel como fuerza democratizadora en América Latina y en el mundo, sino que hemos promovido fuerzas negativas”, estimó Orlando Pérez, politólogo de la Universidad del Norte de Texas. “Nuestra política ahora es: ‘Están solos, Estados Unidos está primero’”

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