AGENCIAS
"Cuestión de semanas". Así sintetizó el gobierno francés el lapso para lograr la liberación de Ingrid Betancourt. La advertencia reflotó el pedido desesperado de su familia, pocas horas después de la liberación de cuatro rehenes de las FARC.
"Si no actuamos rápido, mamá va a morir, el ser que más quiero va a morir", clamó con los ojos enrojecidos por el llanto, Lorenzo Delloye, el hijo de Ingrid Betancourt.
"Ingrid se está muriendo", dijo casi al unísono Fabrice Delloye, padre de Lorenzo y ex esposo de la ex candidata franco-colombiana; junto a ellos estuvo la ex congresista Consuelo González, quien fuera liberada por las FARC en enero pasado.
Ellos ofrecieron una conferencia de prensa en París (donde reside Delloye) para pedir la liberación de Betancourt, secuestrada por la guerrilla colombiana el 23 de febrero de 2002.
El llamado a los medios de prensa llegó a pocas horas de que los rehenes -los ex congresistas Orlando Beltrán, Gloria Polanco, Luis Eladio Pérez y Jorge Gechem- liberados por las FARC el último miércoles reflejaran que la condición de salud de Ingrid es desesperante. "Supremamente difícil", calificó la situación Luis Pérez, el congresista que trabó una profunda amistad con Betancourt en estos años de cautiverio en la selva colombiana.
Ingrid ya había dado muestras de su precaria condición en un video y una carta escrita a su madre, que llegaron como pruebas de vida en noviembre pasado.
Ayer el diario español El País de Madrid publicó extractos de varias cartas escritas por Betancourt a su marido y que trajeron consigo los últimos rehenes liberados.
En esas cartas, Ingrid confiesa que "no tiene ganas de nada" y que eso es lo único que le parece bien. "Estoy cansada de sufrir, de llevarlo por dentro todos los días, de decirme mentiras a mí misma y de ver que cada día es igual al infierno del anterior", escribe Ingrid para luego concluir amargamente que "siento que la vida de mis niños está en stand-by, esperando a que yo salga y su sufrimiento diario hace que la muerte me parezca una opción dulce".
Pérez y Polanco dijeron además que Betancourt padece de un agudo cuadro de hepatitis B; también de paludismo. "Está afectada desde hace mucho tiempo de una hepatitis y cada nueva recaída es más peligrosa para su vida que las anteriores", precisó Delloye y agregó que su ex esposa -convertida en la secuestrada más famosa de las FARC- "sabe que será la última en salir" del cautiverio.
La familia de Betancourt reconoce los "gestos" que han tenido la guerrilla con estas liberaciones unilaterales (el 10 de enero ya había puesto en libertad a Consuelo González y a la compañera de fórmula de Betancourt, Clara Rojas) pero también afirma que "no podemos quedarnos a esperar la buena voluntad de las FARC", dijo Delloye.
"No hay otra posibilidad ahora que el acuerdo humanitario", sostuvo el ex esposo de Betancourt e hizo un llamado al presidente colombiano, Álvaro Uribe, "para que en un gesto valiente y con apoyo de la comunidad internacional" acepte las condiciones impuestas por los rebeldes para alcanzar el acuerdo por el cual serían canjeados unos 39 rehenes a cambio de 500 guerrilleros presos.
La condición de las FARC para acceder a la negociación es la retirada de los militares desplegados en los departamentos de Pradera y Florida (Valle del Cauca), planteo rechazado reiteradamente por el gobierno de Uribe.
En ese contexto, los Delloye recordaron que cuentan con el apoyo del presidente venezolano y ex mediador ante la guerrilla, Hugo Chávez y también el mandatario francés, Nicolas Sarkozy.
"Llamo a las FARC a liberar inmediatamente a Ingrid Betancourt, es una cuestión de vida o muerte. Es una cuestión humanitaria", dijo Sarkozy desde Ciudad del Cabo, Sudáfrica.
El presidente, que se ha comprometido con la liberación de Betancourt desde un primer momento, fue más allá y se mostró "dispuesto de ir a buscarla a la frontera entre Venezuela y Colombia".