La bitácora

Doble crimen: genocidio y negación

El único crimen equiparable al genocidio, es la negación del genocidio. El Imperio Otomano cometió el crimen del genocidio hace 100 años, y Turquía lleva 100 años cometiendo el crimen de negarlo.

La doctrina negacionista comenzó cuando todavía se ejecutaba el exterminio que erradicó el pueblo armenio de sus tierras ancestrales: la Anatolia Oriental. Se dijo entonces que el ejército estaba obligado a sofocar a cualquier precio un conato revolucionario que se incubaba entre los armenios, porque amenazaba con provocar la debacle otomana en la guerra que estaba librando.

Después se añadió que, además de los excesos de los oficiales que aplastaron la sedición y que reconoció el Gran Visir Talat Pashá, en las guerras de aquel tiempo hubo miles de muertos en todas las etnias, incluidos los musulmanes. Se refiere a la guerra de 1912, en el que Bulgaria, Serbia, Grecia y Montenegro liberaron Macedonia de la dominación turca, y también, por supuesto, a la Primera Guerra Mundial.

Es cierto que en aquellos conflictos murieron cientos de miles de musulmanes, pero también es cierto que, usando como cortina la Gran Guerra, el régimen de los Jóvenes Turcos planificó y ejecutó a gran escala un proceso iniciado a finales del siglo 19, con los pogromos que la historia menciona como "masacres hamidianas", por ocurrir bajo el reinado del sultán Abdul Hamid II.

Abril de 1915 es el peor momento de la limpieza étnica que terminó de echar a los armenios de sus aldeas y ciudades en Asia Menor. Otros cientos de miles murieron cruzando el desierto. Y de los pocos que llegaron vivos a Siria, nació y se multiplicó la diáspora armenia.

Esa es la verdad histórica. Lo confirmó el Papa, aunque no es exacto que haya sido "el primer genocidio del siglo 20". Al primer exterminio en masa lo perpetró Alemania en Namibia, aniquilando a casi cien mil hereros y namaquas, por la rebelión de esas etnias contra el dominio colonial.

El general Lothar Von Trotha venció a los rebeldes en la batalla de Waterberg y mandó a morir 90 mil nativos en el desierto de Omaheke. Recién cuando Namibia se independizó, venciendo la ocupación del régimen racista sudafricano, el gobierno de Sam Nujoma denunció aquel genocidio, reconocido por Alemania en el 2004.

El genocidio armenio fue el primero en sobrepasar largamente el millón de muertos. El holocausto judío triplicó aquel monstruoso récord. Y el siglo 20 tuvo dos genocidios más: el que perpetró el Khemer Rouge en Camboya y el de la minoría tutsi aniquilada por la mayoría hutu en Ruanda. Todos fueron reconocidos por los estados responsables. Eso debió hacer la república que creó Ataturk, con el genocidio perpetrado por el estado otomano hace cien años. Pero lo que hizo es cometer, durante los siguientes cien años, el crimen de negarlo.

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