ANÁLISIS

Diplomacia de la vacuna en acción

En los últimos días, el gobierno de Israel ha hecho públicos documentos que demuestran el alcance de su colaboración con el gigante estadounidense Pfizer.

Vacuna coronavirus. Foto: AFP
Vacuna coronavirus. Foto: AFP

¿Pfizer o Sinopharm? ¿Estados Unidos o China? En Medio Oriente, las compras de vacunas contra el coronavirus tienen en cuenta consideraciones médicas y técnicas, pero también geoestratégicas, lo que muestra la creciente influencia de Pekín en la región.

En los últimos días, el gobierno de Israel ha hecho públicos documentos que demuestran el alcance de su colaboración con el gigante estadounidense Pfizer, en el marco de su campaña de vacunación, una de las mayores del mundo hasta el momento ya que ha vacunado a más de un cuarto de los nueve millones de habitantes.

A cambio de una entrega rápida, Israel proporciona a la empresa farmacéutica informaciones sobre el nivel de inmunidad y los efectos secundarios potenciales de la vacuna en función de indicadores como la edad o los antecedentes médicos de las personas vacunadas.

Esta cooperación estrecha no es sorpresa porque Israel es el principal aliado de Estados Unidos en la región. Israel también ha encargado millones de dosis a Moderna.

En Medio Oriente, países como Catar, Kuwait, Arabia Saudita y Omán han apostado todos por Pfizer. Irak, Jordania, Emiratos Árabes Unidos y Baréin han preferido diversificar, y también han comprado la vacuna china de Sinopharm.

Abu Dabi y Baréin, aliados de Washington que han normalizado en los últimos meses sus relaciones con Israel, incluso han participado en la fase 3 de los ensayos clínicos de la vacuna china, que Emiratos considera “totalmente segura”.

Para Yahia Zoubir, especialista de relaciones entre China y el mundo árabe, esta elección tiene en cuenta consideraciones técnicas -como el costo de las vacunas o las exigencias de almacenamiento (-70 C para Pfizer, de 2 a 8 grados para Sinopharm). Pero también la geopolítica.

“Ha habido un gran malestar con Estados Unidos. Trump se encerró en sí mismo mientras China desplegaba toda una diplomacia sanitaria”, dice este profesor de la Kedge Business School (Francia). “Hoy, con la nueva Ruta de la Seda (gran proyecto comercial que une a China con diferentes economías) hay también una ruta de la seda sanitaria”, sostiene. Según él, “la salud es está convirtiendo en un elemento de la política exterior de China, que le permite ampliar su círculo de amigos” en una región donde las influencias se entreveran y que, para Pekín, representa la mitad de sus compras de petróleo.

Estados Unidos ejerció “fuertes presiones a sus aliados para que no cooperen con China”, dice Jonathan Fulton, especialista de relaciones China/Oriente Medio de la Universidad Zayed, en Emiratos. Pese a esas presiones, en esta crisis sanitaria que se originó en su territorio, China logró convertirse en “actor creíble”, agrega.

En otras partes de la región, otros fieles aliados de Estados Unidos como Egipto y Marruecos han apostado por Sinopharm. Buscan, entre otras cosas, sacar provecho de esta colaboración para heredar eventuales centros de producción de vacunas chinas para Medio Oriente y África.

“Parece claro que el prestigio de Pekín tiene el viento en popa”, declara Steven Cook, analista del Consejo de Relaciones Internacionales, un centro de investigación en Washington.

“En esta región, la gente considera a Estados Unidos como la potencia tecnológica mundial (...) Pero hasta ahora, casi ha estado ausente de esta ‘diplomacia de la vacuna’”, asegura.

En esta lucha de influencia, Reino Unido cuenta con la vacuna de AstraZeneca, que han comprado media docena de países de la región, mientras Rusia promociona la suya, Sputnik V.

Argelia ha encargado la vacuna china pero también la rusa, más barata que sus rivales occidentales pero de cuya fiabilidad dudan los diarios locales.

En cuanto a Irán, enemigo de Israel, rechaza las vacunas occidentales y espera proveerse en India, China y Rusia, o incluso contar con su producción. Aunque China aparece como el ganador de esta “diplomacia de la vacuna”, las cosas pueden cambiar, según la entrega de las vacunas y la actitud de la administración de Joe Biden en Washington. “El partido todavía no ha concluido”, advierte Jonathan Fulton.

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