LA ERA DE DONALD TRUMP

Desconcierto de aliados de EE.UU.

Angustia de líderes europeos por falta de coherencia de la política exterior.

Como nunca: Donald Trump conduce el gobierno de una manera que confunde a los aliados. Foto AFP
Como nunca: Donald Trump conduce el gobierno de una manera que confunde a los aliados. Foto AFP

La teatral destitución de Rex Tillerson deja al Departamento de Estado furioso y a la deriva, y al mundo cada vez más confundido sobre la administración y dirección de la política exterior de Estados Unidos, con la esperanza, pero no la expectativa, de que el cambio conduzca a mayor coherencia en Washington.

La angustia es sentida especialmente por los líderes europeos. Las sucesivas renuncias de Gary Cohn, el principal asesor económico del presidente Donald Trump, y el despido de Tillerson, les hace temer que haya finalizado el periodo de "abandono benigno" que han experimentado desde que Trump asumió la presidencia.

Tillerson es objeto de críticas por un cuerpo diplomático desmoralizado, y también acusado de reducir el presupuesto y los niveles de personal como reflejo de lo que muchos consideran es una trayectoria descendente de la influencia del Departamento de Estado.

Sin embargo, para los aliados, en particular, Tillerson fue visto como una voz razonable, en comparación con el carácter impulsivo de su jefe.

La decisión de Trump de reemplazarlo con Mike Pompeo —un legislador de la corriente conservadora del Tea Party, que se desempeñaba como director de la CIA— aparece como parte de un cambio impulsado por el presidente para rodearse de un elenco que piensa como él. Se dice que Tillerson calificó de idiota a su jefe, en tanto su sucesor apoya públicamente al presidente.

Algunos esperan que al estar alineados los enfoques puede surgir un tiempo de mayor consistencia en el gobierno de Trump, aunque no necesariamente con posiciones que desean los aliados de Estados Unidos. Algunos están preocupados porque Trump continúe dañando las relaciones diplomáticas, al aplicar nuevos aranceles y ante la eventualidad de que retire al país del acuerdo con Irán, y ni que hablar de sus cotínuas críticas a la OTAN y la Unión Europea.

Centraliza.

"En estos tiempos es difícil ser un aliado", suspiró un embajador europeo con larga experiencia en Washington.

El despido de Tillerson a través de Twitter, subrayó para los aliados y enemigos que solo Trump es el que toma las decisiones. Pero, también es otro indicio de una tendencia hacia la centralización de la toma de decisiones en política exterior por parte de la Casa Blanca, y quitándosela al Departamento de Estado, señaló Jeremy Shapiro, un ex alto funcionario del Departamento de Estado que ahora se desempeña en el Consejo Europeo de Relaciones Exteriores.

"Sucesivos gobiernos no confiaron en el Departamento de Estado y lo fueron dejando de lado. Eso es peor en la actualidad", dijo Shapiro. "Han estado perdiendo a algunas personas buenas, con talento y dedicación, pero la realidad es que esas personas no estaban en posición de ayudar al gobierno en lo que quiere hacer".

Algunos países como China, Japón y Francia, han enfocado su esfuerzo en la Casa Blanca y en el propio Trump. Shapiro dijo que si bien numerosos destinos de embajadores no han sido llenados, ese papel es cada vez menos importante en un mundo de medios y comunicaciones modernos.

Desmoralizados.

"El problema más importante es la manera como esta administración trata a sus aliados y a los europeos", indicó Shapiro. "Pero, ese no es un problema creado por Tillerson, sino por Trump".

Esas tendencias, a lo que se suma la confianza de Trump en su instinto y no en el conocimiento, han dejado desmoralizados y alienados a los diplomáticos estadounidenses de carrera.

Muchos aplaudieron la destitución de Tillerson, incluyendo a Martin Indyk, un ex embajador de Estados Unidos que ahora está en la Brookings Institution. En un mensaje en Twitter dijo que era hora del cambio y que Pompeo debería traer de vuelta los funcionarios de carrera que abandonaron por desesperación.

Jeffrey Hawkins, funcionario de carrera del Departamento de Estado, que renunció en septiembre pasado, habló por muchos diplomáticos. "No creo que se vaya a extrañar a otro Secretario de Estado menos que a Rex Tillerson", manifestó. "Este hombre le declaró la guerra a una institución en nombre de una Casa Blanca liderada por personas que no creen en la misión del Departamento de Estado", sostuvo Hawkins.

Pero, los aliados temen que la destitución de Tillerson haya silenciado una voz pragmática de las políticas exterior y comercial tradicionales del Partido Republicano, que los diplomáticos europeos sintieron que muchas veces estaba de su lado.

Están especialmente preocupados porque Trump pueda repudiar el acuerdo nuclear con Irán, en mayo, al que Pompeo siempre se opuso. Ya hablan seriamente sobre la manera de proteger a las empresas y bancos europeos de las renovadas sanciones que aplicaría Estados Unidos a Irán.

Charles Grant, director del Centro de Reforma Europea, consideró que más allá de los defectos de Tillerson, "tenía sensatez en materia comercial y su enfoque sobre la cuestión iraní es el mismo de los europeos".

Japón y China optan por la relación directa con Trump

Desde los Balcanes hasta Europa Central y del Este, la disminuida influencia de los diplomáticos de Estados Unidos tiene repercusiones. Lo mismo ocurre en Asia, donde hay cierta confusión respecto de la perspectiva de una cumbre entre Donald Trump y el líder de Corea del Norte Kin Jong-un. Funcionarios de Corea del Sur han estado trabajando en el tema a través de la Casa blanca y con Mike Pompeo en la CIA, al advertir que el Departamento de Estados quedaba al margen. Tillerson había sido criticado por Trump cuando sugirió realizar negociaciones con Corea del Norte y después fue marginado de la decisión cuando Trump, de pronto, cambió de idea.
Algunos gobernantes, como el primer ministro de Japón, Shinzo Abe, han optado por depender de relaciones directas y estrechas con el presidente Trump, en lugar de hacerlo a través de miembros del gabinete.

China también considera que las buenas relaciones con Estados Unidos comienzan con el propio Trump, aunque los enfoques de línea dura de Pompeo respecto de Corea del Norte y la propia China son un motivo de gran preocupación.

UN ESCENARIO INCIERTO

Pompeo ve a china como amenaza

Durante su actuación como director de la CIA, Mike Pompeo calificó a China de "gran amenaza para Estados Unidos a largo plazo" y ha advertido sobre los esfuerzos del gigante asiático por infiltrar la estructura militar estadounidense, el sector tecnológico y las instituciones educativas.

"Pompeo es partidario de una guerra preventiva contra Corea del Norte para impedir que ese país ataque a Estados Unidos", señaló Song Guoyou, vice director del Centro de Estudios Estadounidenses en la Universidad Fudan, en Shanghái. "Si fracasara la reunión de Donald Trump con Kim Jong-un, el gobierno de Estados Unidos tendría una voz fuerte en apoyo a una guerra contra Corea del Norte".

En algunos sectores hay angustia. "Dudo que Pompeo resulte una fuerza moderada en las relaciones entre Estados Unidos y China", dijo Bonnie Glaser, del Centro de Estudios Estratégicos. "No le agrada abrazar a un oso panda". THE NEW YORK TIMES

El gobierno inestable: 43% se fue

En poco más de un año desde que Donald Trump juró su cargo de presidente de Estados Unidos, 20 personas han salido de su equipo de gobierno o asesoramiento. Unos, por decisión propia. Otros, expulsados por el presidente. El último en ser destituido del gabinete ha sido Rex Tillerson. Con esta nueva salida, en el último mes hubo dos renuncias más, la de Gary Cohn, presidente del Consejo de Economía, y la de Hope Hicks, directora de comunicación de la Casa Blanca.

El despido de Tillerson reafirma algo ya conocido. Con Trump, el gabinete ha pasado a ser de los más convulsos de la historia de Estados Unidos. Su tasa de reemplazo es del 43% y no hay mes en que no caiga un alto cargo. Abrió la cuenta el consejero de Seguridad Nacional, Michael Flynn, quien solo permaneció 24 días en su puesto, y le han seguido el jefe de gabinete, Reince Priebus, y el estratega jefe, Steve Bannon, entre otros. Bajo este vendaval, la destitución de Tillerson se daba por descontada. Fuente: EL PAÍS DE MADRID

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