Como hijo de extranjeros, exhortó a una reforma migratoria justa

Desafío del Papa por inmigrantes

El papa Francisco, líder espiritual de 1.200 millones de católicos, desafió al Congreso de Estados Unidos y por extensión a la nación más poderosa de la historia a quebrar el círculo de polarización y parálisis para finalmente usar su poder para curar las "heridas abiertas" de un planeta desgarrado por el odio, la codicia, la pobreza y la contaminación.

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En Washington, Filadelfia y NY, Francisco respondió con calidez el saludo. Foto: AFP

Al hablar desde un podio que nunca antes fue ocupadio por un santo padre, hizo un vigoroso llamado a la acción en temas ampliamente favorecidos por los liberales, incluyendo una fuerte defensa de la inmigración, el apoyo a legislación sobre el ambiente, una condena severa al comercio de armas y un llamado a abolir la pena de muerte.

En particular, Francisco pidió a una nación que genera una parte desproporcionada de la riqueza del mundo a no dejar que el dinero impulse sus decisiones a expensas de la humanidad. En el discurso, también defendió la libertad religiosa y la familia tradicional, en un momento en que Estados Unidos acaba de legalizar el matrimonio entre personas del mismo sexo y una funcionaria pública de Kentucky estuvo varios días en la cárcel por negarse a emitir certificados de matrimonio que violaban su credo religioso. Fue menos explícito para condenar el aborto, aunque exhortó "a defender la vida en cada etapa de su desarrollo".

"No puedo ocultar mi preocupación por la familia, que está amenazada quizás como nunca antes, desde adentro y desde afuera", dijo al final del discurso que pronunció en un inglés lento y cauteloso. "Las relaciones fundamentales son cuestionadas, como lo es la verdadera base del matrimonio y de la familia. Solo puedo reiterar la importancia y, por sobre todo, la riqueza y belleza de la vida en familia".

Francisco se convirtió en el primer Papa en la historia en pronunciar un discurso en sesión conjunta del Congreso, lo que constituye un hito en la trayectoria de la Iglesia Católica en Estados Unidos. Legisladores, asesores e invitados colmaron el histórico recinto de la Cámara de Representantes, mientras decenas de miles de personas fueron invitadas a seguir la ceremonia en pantallas gigantes en las afueras del Capitolio.

Pasión.

Mientras hizo llamados a la libertad religiosa y la defensa de la familia, el cerno del discurso, y la mayor parte del mismo, estuvo dedicado a aspectos de las enseñanzas católicas abrazadas por los progresistas, especialmente la necesidad de ayudar a los pobres y marginados. Expuso con mayor pasión los problemas de la inmigración, aludiendo a la historia de su propia familia que se mudó de Italia a Argenina, donde él nació.

"Nosostros, los pueblos de este continente, no tememos a los extranjeros, porque la mayoría de nosotros fuimos una vez extranjeros", dijo Francisco. "Les digo esto a ustedes como hijo de inmigrantes, sabiendo que muchos de ustedes también son descendientes de inmigrantes. En este continente, miles de personas son llevadas a viajar al norte buscando una vida mejor para sí mismas y para sus seres queridos, así como mejores oportunidades. ¿Acaso no es eso lo que quermos para nuestros hijos?. No debemos ser impactados por su número, sino verlos como personas, mirendo sus rostros y escuchando sus historias, intentando responder de la mejor manera que podamos a su situación".

Después del discurso hábilmente estructurado que hizo ante el Congreso, Francisco se asomó en el sector oeste del Capitolio y dirigió un saludo que fluyó con facilidad desde sus labios y pudo ser escuchado y entendido por todo. "Buenos días", dijo a los miles de entusastas, muchos de ellos hispanos. Eso fue un recordatorio de sus raíces latinoamericanas y otra sutil referencia al llamado que hizo en su discurso para que el Congreso, que ha estado dividido en el tema, apruebe una política inmigratoria más abierta. El foco en la inmigración fue quizás el elemento más notable de su mensaje que encontró a los dos partidos políticos aparentemente escuchando de manera selectiva. Tanto republicanos como demócratas parecieron encontrar algún elemento de lo que quieren en las palabras del Papa.

Dudas.

Pero, muchos se mostraron escépticos respecto de si el Papa puede hacer cambiar de posición a los políticos en temas como el cambio climático y la inmigración, donde hay marcadas divisiones que probablemente persistan.

Si bien el santo padre habló de manera emocional sobre permitir a los inmigrantes que entren a Estados Unidos desde su frontera sur, el senador republicano por Texas, Ted Cruz y otros usaron las palabras de Francisco para validar sus propios enfoques. No vieron los conceptos del Papa en conflicto con su profunda oposición a una reforma profunda de la política inmigratoria que pueda desembocar en el otorgamiento de residencia legal a millones de extranjeros indocumentados.

"Soy hijo de un inmigrante cubano y soy la voz desde hace mucho tiempo que sostiene que Estados Unidos no solo debe dar la bienvenida sino celebrar la presencia de inmigrantes legales", dijo Cruz, uno de varios aspirantes a la candidatura presidencial por el Partido Republicano que escuchó el discurso. "Esto es tototalmente consistente con creer en el imperio de la ley, que debemos asegurar nuestra frontera y saber quiénes ingresan a este país".

Los demócratas elogiaron el aliento que recibieron de Francisco, "un hijo de inmigrantes" para tratar a quienes llegan "de una manera que siempre sea humana, justa y fraterna". Aplaudieron su afirmación de que muchos inmigrantes que viajan al norte desde México y Centroamérica simplemente buscan una vida mejor.

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