Washington | Rosalba Posada tropieza con una cantidad de problemas cuando trata de llamar a su familia en Colombia usando tarjetas telefónicas prepagas. Algunas no le dan los minutos prometidos, otras cobran tarifas adicionales por llamar desde teléfonos celulares. A veces una tarjeta ofrece cientos de minutos, pero descuentan muchos minutos si se hace más de una llamada. En una ocasión, Posada intentó usar una tarjeta que había comprado hacía varios meses y le dijeron que había expirado. Y hubo un caso en el que la tarjeta directamente no funcionó.
"Algunas de esas tarjetas prepagas no sirven para nada``, declaró Posada, una empleada administrativa de una escuela secundaria en Pembroke Pines, Florida, y quien ahora usa Skype, el servicio de internet que permite hacer llamadas gratis. "Para lo único que sirven es para enriquecer a algunas compañías, sin que el cliente tenga nada que decir``.
En la última década, las tarjetas prepagas dieron lugar a una lucrativa industria que mueve 4.000 millones de dólares al año y representa una herramienta vital para que los inmigrantes se comuniquen con las familias y amigos que dejaron en sus países. Las llamadas con tarjetas son más baratas que las comunicaciones normales.
Pero organizaciones de defensa del consumidor y dependencias del gobierno afirman que hay algunas empresas de tarjetas que apelan al fraude y a prácticas engañosas, mediante las cuales dan muchos menos minutos que los que ofrecen y cobran todo tipo de tarifas no anunciadas.
Hay múltiples recursos: tarifas por conexiones fallidas porque no respondió nadie o la línea estaba ocupada; tarifas por servicios posteriores a las llamadas y el cobro de 99 centavos al colgar; tarifas que suben si se hace más de una llamada; cobros por la activación y el mantenimiento de la tarjeta, y el cobro por tres o cuatro minutos de llamadas cuando solo se ha hablado unos pocos segundos.
En resumen, con frecuencia el cliente recibe muchos menos minutos que los que compró.
El Instituto Hispano, agrupación sin fines de lucro, calcula que, término promedio, el cliente recibe el 60% de los minutos que le prometieron y las compañías de tarjetas se quedan con un millón de dólares diarios en tiempo de llamadas que en realidad no fue usado. AP