LA BITÁCORA

Sin el coro de ángeles

En la intelectualidad kirchnerista y en el "periodismo militante", Néstor Kirchner y su esposa tuvieron un coro de ángeles.

Podían cometer errores tremendos, dejar huellas visibles en muchos actos de corrupción, tomar medidas abiertamente autoritarias y avasallar las instituciones, que esa legión de intelectuales y periodistas alabarían, justificarían o, a lo sumo, guardarían un vergonzoso silencio cómplice.

En ese aspecto revelador de un verticalismo autoritario, es visible un cambio de era. El vendaval que levantó el modo en que Mauricio Macri designó a dos miembros de la Corte Suprema, tapó un hecho inmensamente significativo que evidencia ese debate: ya no hay coro de ángeles para un gobierno. Más allá de los tecnicismos con que el presidente pueda justificar su decisión, el sismo que provocó confirma que fue, al menos, un error político. No se puede justificar que, ante la necesidad de reinstitucionalización que deja el kirchnerismo por su manejo arbitrario de las instituciones, se haya recurrido a un modo de nombramiento que genera dudas respecto a su constitucionalidad.

Es cierto que la cuestión divide bibliotecas jurídicas, pero parece indudable que son más sólidas las dudas que las certezas.

No era esa la manera de comenzar el pos-kirchnerismo. Sin embargo, el sacudón permitió visualizar una realidad totalmente diferente a la del período que concluyó: la gran mayoría de los intelectuales y periodistas que fueron duramente críticos con el gobierno kirchnerista, criticaron duramente el mal paso que dio Macri a poco de poner en marcha su gobierno.

Un ejemplo es el jurista Daniel Sabsay. Muchos pensaban que a sus tremendos cuestionamientos a Cristina, sobrevendría el silencio ante desmesuras e irregularidades que cometa la nueva administración. Pero no es así.

Sabsay fue uno de los primeros en cuestionar enérgicamente a Macri por las designaciones, aún teniendo la mejor de las imágenes de los dos juristas designados.

Lo mismo pasó con la mayoría de los periodistas que el kirchnerismo consideró "enemigos". No hubo coro de ángeles ni silencio cómplice para el nuevo gobierno. Y esto contrasta fuertemente con la intelectualidad kirchnerista y el "periodismo militante", que practicaban la adulación permanente, la defensa a rajatabla de todo lo que decidiera "la jefa" y la elaboración de teorías conspirativas para explicar todas las denuncias de corrupción.

La voz de ese coro de ángeles, que ya no canta sus loas desde el altar del poder, suena hipócrita y absurda al elevarse con estupor ante la desmesura que acaba de cometer Macri.

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