ANÁLISIS

Un contundente voto castigo contra Macri

El volumen de la derrota fue tal que Macri salió a reconocerlo antes de que se publicara ni un solo dato oficial.

Mauricio Macri reconoce la derrota en las elecciones primarias. Foto: AFP
Mauricio Macri reconoce la derrota en las elecciones primarias. Foto: AFP

Nadie dudaba sobre qué fórmula presidencial obtendría más votos. Las incógnitas estaban en la diferencia que le sacaría Alberto Fernández a Mauricio Macri y cuán cerca de obtener el 45% de adhesiones quedaría la oposición. Pero nadie anticipó ni vio venir la magnitud de lo que finalmente ocurrió: la abrumadora cantidad de sufragios que obtuvo el Frente de Todos y el notable nivel de rechazo que recibió el oficialismo. Un descomunal voto castigo para el Gobierno.

El volumen de la derrota fue tal que Macri salió a reconocerlo antes de que se publicara ni un solo dato oficial. La devastación anímica del Presidente pudo más que el cuidado de las formas institucionales.

Los resultados llevan a presagiar que la distancia entre los dos polos será difícilmente reversible en la elección general de octubre y que la oposición tiene mucho más encaminado el tránsito hacia la Casa Rosada de lo que sus más optimistas dirigentes y militantes imaginaban. Salvo imponderables, que nunca pueden descartarse, pero que hoy cuesta avizorar, Fernández tiene ya puesta media banda presidencial.

En la fragilidad y el deterioro de la economía, general y personal, parece estar la clave de casi todo. Se votó con el bolsillo (desfondado).

Por lo tanto, lo que pase en el ámbito financiero con el peso y los activos argentinos tiene tanta relevancia. En lo político y en lo económico. Macri deberá dar señales de su capacidad para afrontar la adversidad, manejar la incertidumbre y corregir errores. Sigue estando a cargo del Gobierno. Hasta el 10 de diciembre es su responsabilidad. Esa debe ser su meta y su preocupación más inmediata.

También mucho dependerá de cómo los operadores financieros interpreten el mensaje y las señales de prudencia que se cuidaron de dar desde el entorno de Fernández en sus iniciales minutos triunfales. Habrá que ver si lo refrendan con palabras y hechos los integrantes del ala más radicalizada del espacio triunfante. Casi todos mirarán al cristinismo puro y duro, al que los mercados le temen o recelan por sus antecedentes.

En retrospectiva, cabe destacar el acierto de Cristina Kirchner de dejarle la candidatura presidencial a Fernández y reservarse para ella el segundo lugar de la fórmula. Triple objetivo conseguido: bajar los niveles de rechazo que su figura concitaba, ampliar la base de apoyo y garantizar la preservación de la identidad para los más fieles, que representaban más de un 35% de los electores.

El voto castigo hizo el resto. Tanto que arrastró en su estrepitosa caída a la dirigente política con mejor imagen de la Argentina: María Eugenia Vidal.

Antes de estas PASO, la intención de atenuar las aristas kirchneristas con la designación de Fernández, más la elección de Miguel Angel Pichetto como compañero de fórmula de Macri, permitían suponer que en un próximo gobierno, cualquiera fuera el ganador, debería tender a diluirse la grieta que divide y enfrenta patológicamente a los argentinos desde hace más de una década. Al menos en sus aspectos más grotescos.

Ahora, parecen haberse adelantado los tiempos para convertir la construcción de puentes y la búsqueda de acuerdos en un imperativo categórico.

Más allá de las contingencias electorales, el Presidente deberá extremar su capacidad de conducción para encarar los meses que le quedan de mandato. Ciento quince días en la Argentina de las urgencias pueden ser una eternidad.

Un país entero mira expectante. Casi la mitad, ilusionado. Más de un tercio, atónito. El futuro sigue siendo una gran incógnita, al margen de las certezas alcanzadas en estas PASO que trascendieron largamente la mera selección de candidatos. El mundo también mira, pero puede decidir antes. No es para descuidarse.

Oficialistas y opositores están obligados a no repetir errores del pasado argentino. La madurez no puede seguir haciéndose esperar después de tantos años de fracasos y de crisis recurrentes.

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