Edison Piñón, un comerciante uruguayo que reside hace más de 30 años en Mar del Plata, miraba el viernes la televisión cuando se enteró que unos cien activistas de ultrizquierda se habían separado de una marcha de repudio a George W. Bush y con piedras, bombas incendiarias y molotov causaban desmanes en la ciudad.
De repente, apareció en la pantalla la fachada de su negocio, un locutorio en la Av. Colón, una de las principales de la ciudad balnearia. Los vidrios del local estaban destrozados, pero gracias a la reja los manifestantes no había podido entrar al lugar que guardaba unas 10 computadoras.
"Lo que pasó es que algunos carteles llaman más que otros; en mi local hay uno de Telefónica", contó ayer Piñón a El País. Y agregó que las destrozos se produjeron en una área superior a las 10 cuadras.
"Esto no fue una marcha contra Bush, sino contra nosotros. Si no, hubieran intentado atravesar el vallado, que estaba a una cuadra de mi local", explicó Piñón. El comerciante agregó que ayer mismo, funcionarios de la municipalidad de Mar del Plata se presentaron en su local con un equipo de vidrieros que le repararon los daños. Lo mismo se han hecho en el resto de los negocios afectados; como había anunciado, el gobierno se está haciendo cargo de los costos por los desmanes.
Piñón, al igual que la mayoría de sus colegas, había resuelto cerrar las puertas de su negocio ante el temor de que ocurriera lo que ocurrió. Consultado sobre si no se le pasó por la cabeza ir hasta el local cuando lo vio destrozado por la televisión, respondió: "No, venir en ese momento era venir a matar o morir".