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Chipre, un país superpoblado de gatos y el reto de tener que alimentarlos

Se estima que la cantidad de felinos que viven en la isla europea se cuenta en cientos de miles. Voluntarios británicos afirman gastan unos 2.100 euros mensuales para que no mueran de hambre.

Chipre, un país con superpoblación de gatos. Foto: AFP.
Chipre, un país con superpoblación de gatos. Foto: AFP.
Chipre, un país con superpoblación de gatos. Foto: AFP.
Chipre, un país con superpoblación de gatos. Foto: AFP.
Chipre, un país con superpoblación de gatos. Foto: AFP.
Chipre, un país con superpoblación de gatos. Foto: AFP.
Chipre, un país con superpoblación de gatos. Foto: AFP.
Chipre, un país con superpoblación de gatos. Foto: AFP.
Chipre, un país con superpoblación de gatos. Foto: AFP.
Chipre, un país con superpoblación de gatos. Foto: AFP.
Chipre, un país con superpoblación de gatos. Foto: AFP.
Chipre, un país con superpoblación de gatos. Foto: AFP.
Chipre, un país con superpoblación de gatos. Foto: AFP.
Chipre, un país con superpoblación de gatos. Foto: AFP.
Chipre, un país con superpoblación de gatos. Foto: AFP.
Chipre, un país con superpoblación de gatos. Foto: AFP.
Chipre, un país con superpoblación de gatos. Foto: AFP.
Chipre, un país con superpoblación de gatos. Foto: AFP.
Chipre, un país con superpoblación de gatos. Foto: AFP.
Chipre, un país con superpoblación de gatos. Foto: AFP.

Cuenta la leyenda que la emperatriz romana Helena hizo venir gatos a Chipre para deshacerse de las serpientes. Siglos después, la población de estos felinos experimenta un crecimiento difícilmente controlable.

Tras el final de un programa gubernamental de esterilización hace cinco años, muchos voluntarios de la isla mediterránea tratan de alimentar a los numerosos gatos, recurriendo a veces a sus propios recursos.

En el Tala Monastery Cat Park, en la región de Pafos (suroeste), voluntarios británicos afirman gastar unos 2.100 euros mensuales, procedentes de donaciones, para alimentar a estos animales.

El refugio alcanzó su límite de acogida esta temporada, asegura su fundadora Dawn Foote. "Algo debe cambiar. En dos años, ya no seremos capaces de hacerlo", prosigue.

En Chipre, una isla de un millón de habitantes, hay cientos de miles de gatos, indica Dinos Agiomamitis, que dirige Cat PAWS Cyprus, una asociación de protección de estos animales.

Según un veterinario consultado por la AFP, es indispensable una campaña de esterilización para limitar la expansión de los felinos, teniendo en cuenta que una gata puede parir ocho crías al año.

Pero en 2011, el Estado, que empezaba a limitar sus gastos ante una grave crisis financiera, suspendió un programa que costaba 50.000 euros anuales para esterilizar a 1.700 gatos, explica Agiomamitis. "No han hecho nada en los últimos cinco años. ¡Imagínese cuántos gatitos representa!", añade.

Bonos de reducción para esterilizaciones

Desde el final del programa, los fondos concedidos a los servicios veterinarios públicos, explica su jefe Christodoulos Pipis, se concentran en problemas con un mayor impacto sobre la economía del país, como las enfermedades que afectan al ganado.

Para animar a los chipriotas, muy castigados por la crisis, a controlar los nacimientos de gatos, la asociación de Agiomamitis distribuye bonos de reducción para esterilizaciones en clínicas veterinarias colaboradoras.

También ayuda al Ayuntamiento a atrapar a los gatos que no han sido esterilizados.

Bajo un naranjo, un elegante felino blanquinegro observa la comida que le han dejado a la entrada de una jaula metálica.

"Si les da comida a 10 gatos en su barrio y (...) no los esteriliza, muy pronto" tendrá a decenas, avisa Agiomamitis, mientras espera que el gato se acerque al cebo.

El gato entra en la jaula y la trampa se cierra sobre él. Poco después, en el pick-up de Agiomamitis, se une a otros siete felinos atrapados de la misma forma, rumbo a la clínica veterinaria.

En el centro de Nicosia, muchos gatos vagabundean por las calles y a proximidad de los restaurantes, y los turistas espantan a los que se acercan demasiado a sus platos.

Aunque el mito de la emperatriz Helena es muy conocido en Chipre, el arqueozoólogo francés Jean-Denis Vigne asegura que la presencia de gatos en Chipre se remonta a mucho antes del siglo IV.

Excavaciones en pueblos del Neolítico permitieron encontrar restos de gatos y demostraron que su domesticación se produjo en la isla miles de años antes de Cristo, afirma el científico.

Cazadores de ratones

Los restos más antiguos fueron descubiertos en 2013, en el pueblo de Klimonas, cerca de la ciudad meridional de Limasol, y datan de entre el 9.000 y el 8.600 a. C., según Vigne.

"Los gatos fueron introducidos en Chipre (...) para cazar a los ratones", explica. "Sabemos que la acumulación de reservas de cereales atraía mucho a los ratones en los pueblos".

Sin esperanzas de que se produzca una nueva campaña de esterilización, algunos chipriotas como Agiomamitis han decidido cuidar a esta población.

Este albañil afirma que su mujer y él gastan entre 600 y 700 euros mensuales en esta actividad, todo un reto para ellos, ya que él tiene pocos clientes en estos momentos y ella, profesora de música en un centro público, perdió parte de su sueldo a causa de las medidas de austeridad votadas por el Gobierno.

Antes del amanecer, Agiomamitis entra en un cementerio a la luz de una linterna, y deja cinco platos llenos de comida en el suelo, mientras decenas de ojos gatunos brillan en la oscuridad.

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