Eliminan el sistema binominal heredado del pinochetismo

Chile consagra un nuevo sistema electoral

La presidenta de Chile, Michelle Bachelet, promulgó ayer la reforma electoral que pone fin al sistema binominal heredado del régimen pinochetista y calificó el acto como "un gran día para la democracia" pues "hemos dejado atrás la condena de un sistema que por tanto tiempo limitó nuestra representación política".

Ante unos 300 invitados de las distintas fuerzas políticas, salvo la pinochetista Unión Demócrata Independiente (UDI) que defendió con fuerza el mecanismo, recalcó que "hoy finalmente queda atrás un sistema que no reflejaba lo que somos ni tampoco nos permitía definir soberanamente lo que anhelábamos como sociedad. Era un sistema concebido a partir del miedo".

El nuevo sistema proporcional refleja la representación plena de las mayorías y además privilegia la igualdad, al imponer una cuota de género.

Bachelet subrayó que además se pone término a uno de los amarres de la dictadura que "ahogaba la vida republicana" y agradeció a los presidentes Patricio Aylwin (1990-1994), Eduardo Frei Ruiz Tagle (1994-2000), Ricardo Lagos (2000-2010) y Sebastián Piñera (2006-2010) por sus avances en torno al fin del sistema binominal.

Trampa.

El sistema electoral binominal fue elaborado hacia fines de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990), y establecía que en el caso de los senadores y diputados, se elegían dos candidatos de una misma lista cuando esta tiene el mayor número de sufragios, los cuales deben la cantidad de preferencias obtenidas por la lista en segundo lugar. Si eso no ocurría, resultaban electos para los dos cargos en el Congreso los candidatos que obtuvieran la mayoría más alta, en las dos listas con más votos. Así hubo parlamentarios que llegaron al Congreso siendo los menos votados.

Originalmente, el sistema incluía también a nueve senadores designados, que en 1989 fueron nombrados por Pinochet, y que representaban a las cuatro ramas de las Fuerzas Armadas, un exrector, un excontralor de la República, un exministro y dos expresidentes de la Corte Suprema. Además, del cargo de senador vitalicio para los expresidentes de la República que hubieran ejercido por más de seis años, con lo que se dejó fuera a Aylwin.

El Senado funcionó de esa forma como un verdadero tapón de los cambios impulsados por los gobierno de la Concertación, la victoriosa coalición de centro izquierda que derrotó a la dictadura. ANSA

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