LA BITÁCORA

Charlie Hebdo y la encrucijada europea

El mensaje de la masacre es claro: sobre todo lo que tenga que ver con el islam, quienes dicen qué se puede y qué no se puede son los ultraislamistas, no las leyes de Francia.

Todavía contaban los cadáveres en la redacción atacada, y ya se escuchaban voces acusando a la revista de ser la responsable, por haber publicado caricaturas sabiendo lo que provocarían. En definitiva, es el equivalente a quienes, ante una violación, señalan que la culpa es de la mujer violada porque usaba faldas cortas y escotes.

Sin dudas, hay publicaciones irresponsables que hacen de la provocación y el escándalo una señal de identidad. Pero es inevitable en la consecución de un bien mayor: la sociedad abierta.

El Estado de derecho está siendo desafiado por uno de sus enemigos, el fanatismo religioso, en un escenario clave: la libertad de expresión.

Una guerra que viene de lejos y que tuvo, entre sus primeras señales visibles, la fetwa (dictamen religioso) promulgada por el ayatola Jomeini llamando a asesinar al escritor indo-británico Salman Rushdie, por "ofender al profeta y al islam" con su libro "Los Versos Satánicos".

Aquel modo brutal de imponer la censura a un escritor de otro país y a sus editores, instigando el asesinato, no encontró una respuesta firme y homogénea en el mundo occidental. Hubo gobiernos y dirigencias que asumieron posiciones ambiguas, mascullando críticas contra Rushdie y merodeando justificaciones de la reacción criminal del "ofendido".

El eco de aquellas voces que cuestionaron al escritor por su libro y no a Jomeini por instigar un asesinato para censurar, se escucha ahora contra la revista francesa que caricaturizó a Mahoma. Ese es un triunfo de quienes provocaron la masacre.

Abrir un debate al respecto es un triunfo terrorista. Está claro que quienes más dañan la imagen del profeta de los musulmanes no es la revista que lo dibuja o lo satiriza, sino el lunático criminal que asesina en nombre de la ofensa proferida.

El islam es una religión iconoclasta: no acepta que una divinidad sea retratada o esculpida. Pero la iconoclasia no da derecho a prohibirles a quienes no profesen dicha fe que dibujen y esculpan lo que quieran.

Los dirigentes, artistas, intelectuales y periodistas europeos que culpan a quienes provocan irresponsablemente al fanatismo ultraislámico ¿habrían justificado que fanáticos judíos o cristianos hubieran atacado al grupo Monty Python por la película "La vida de Bryan", o mataran a Godard por "Je vous salue Marie"?

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