OBAMA EN ESTADOS UNIDOS

Los Castro no quieren sorpresas en la visita

El disidente Elizardo Sánchez denunció que en marzo ya hubo 526 detenciones “preventivas”.

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Obama llegó a Cuba en histórica visita. Foto: Reuters

Elizardo Sánchez voló a La Habana desde Miami el sábado con la expectativa de reunirse con el presidente de Estados Unidos, Barack Obama junto a otros disidentes cubanos que habían sido invitados a la embajada estadounidense. Pero en el aeropuerto los funcionarios cubanos decidieron que tendría que esperar.

Lo separaron de su mujer, dijo, lo enviaron a una habitación fría y sin ventanas y le dijeron que no estaba siendo "detenido" sino más bien "retenido". "¿ Puedo hacer una llamada telefónica?, dice que preguntó mientras los funcionarios hacían copias de cada documento que llevaba en su bolso. "No", fue la respuesta.

Tres horas y media después, Sánchez, un crítico sistemático y veterano del gobierno de Raúl Castro que dirige la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional, fue liberado, enojado pero no sorprendido.

"Es el clima de intimidación que el gobierno está creando por la visita de Obama", dice en el patio de su casa rosada aquí. "Hay docenas de otros casos", asegura.

La seguridad y los controles son inevitables en cada país que Obama visita. Pero Cuba — un estado policial que todavía intenta determinar cuánto abrirse al mundo y a su propia gente— ha hecho todo para evitar sorpresas incómodas.

El domingo, funcionarios policiales rodeados por manifestantes pro gubernamentales detuvieron docenas de manifestantes en la marcha semanal de las Damas de Blanco, un grupo disidente, otra señal del claro mensaje que está siendo enviado a todos en esta isla: "ni siquiera piensen en perturbar esta visita o en hacer nada que cuestione nuestra autoridad".

No importa lo que Obama diga sobre la libertad durante su visita de tres días, se espera que los cubanos de todas las edades e ideologías se comporten bien. "El gobierno de Cuba es como un padre", dice Carlos Alzugaray Treto, un ex diplomático cubano, que escribe sobre la realidad política cubana. "Es fuerte, y se preocupa por la familia", dice.

Durante décadas, los funcionarios cubanos han tratado toda interacción con Estados Unidos como un test sobre su soberanía y su enfoque sobre la visita de Obama es, en parte, un esfuerzo por mostrar eficiencia, confianza y un nuevo compromiso con una amistad muy estudiada.

La propaganda ya ha cambiado. Los carteles criticando al imperialismo de hace algunos meses, ahora denuncian la violencia contra las mujeres o alertan contra los mosquitos y la haraganería. Y los esfuerzos de embellecimiento súbitamente conviven con el deterioro.

Hay pintura fresca azul en el estadio en el que Obama mirará a la selección cubana de baseball enfrentar a los Tampa Bay Rays el martes. Con la repavimentación en marcha, se podría hacer el mapa de cuál va a ser la ruta de Obama por la ciudad siguiendo el olor del alquitrán fresco.

Esto es lo que la mayoría de los cubanos han notado y su respuesta ofrece una lección sobre su psicología: luego de décadas de tomar lo que el gobierno les daba, la valoración de las novedades frecuentemente viene acompañada de sarcasmo.

"Todo el mundo quiere saber cómo nos sentimos los cubanos respecto a la venida de Obama", cuenta Yamile Suárez, de 36 años, encogiéndose de hombres cerca de una calle repavimentada en el centro de La Habana. "Francamente, estoy contenta de que ese agujero gigante finalmente fue rellenado, así si tengo que agradecérselo a Obama, gracias Obama", dice.

Es probable que no emergan manifestaciones más fuertes de descontento, o problemas de cualquier tipo. Al partido de baseball se podrá acceder solamente por invitación y estará lleno de personas leales al gobierno.

A algunos de los comercios cerca de donde Obama caminará, en La Habana vieja, se les ordenó cerrar y la policía ha estado sacando a las prostitutas de los clubes nocturnos y a los mendigos de las calles.

Sánchez, que pasa gran parte del tiempo haciendo el seguimiento del tipo de detención de la que fue objeto el sábado, dijo que el gobierno también ha intensificado su campaña de intimidación, haciendo más de 1.000 arrestos por mes en el período previo a la visita de Obama. En las dos primeras semanas de marzo, se produjeron más de 526 detenciones, aseguró el disidente.

En general, la gente es detenida por unas horas — por imprimir volantes, por realizar una protesta en la calle o si las autoridades sospechan que planean protestar en la calle, dijo Sánchez. Pero él y otros opositores del gobierno del gobierno asegura que la visita de Obama desencadenó una campaña para mantener a la gente "alineada".

"En este momento lo que usted ve es la represión preventiva, así no se le ocurre a nadie decirle nada a Obama mientras esté aquí", explicó Sánchez.

Otros países se embarcan en actividades similares, China, por ejemplo. Y José Daniel Ferrer, un activista de la oposición en Santiago de Cuba, dice que la presión del gobierno se incrementó en los últimos meses, fundamentalmente como respuesta al creciente activismo. Señaló que el gobierno hubiese preferido evitar las detenciones antes de la visita de Obama, pero el temor a las protestas pacíficas lo hizo actuar de otra manera. "Es la tercera ley de Newton. Cuanto mayores sean las acciones por la democracia, mayor será la reacción represiva del régimen", sostiene.

Varios de los miembros de su organización fueron detenidos y liberados la semana pasada, contó. Agregó que su casa ha estado siendo vigilada por las autoridades todo el tiempo, lo que le hace preguntarse qué ocurrirá una vez que abandone la reunión con Obama el martes. Ferrer será uno de los alrededor de doce disidentes que se reunirán con el presidente en la embajada estadounidense. Además de Sánchez, están invitados la bloguera Yoani Sánchez, Berta Soler, líder de las Damas de Blanco y los disidentes Manuel Cuesta, Antonio Rodiles y Dagoberto Valdés

La información fluye más en La Habana

Algunos periodistas independientes y académicos sostienen que el gobierno ha aflojado las riendas desde el 17 de diciembre de 2014 cuando Obama y Castro anunciaron la reanudación de relaciones diplomáticas. Es claro que el flujo de información en La Habana se está incrementando. Los puntos con "Wi-Fi" se pueden detectar fácilmente en la ciudad. Simplemente hay que ver las concentraciones de jóvenes cubanos mirando las pantallas de teléfonos inteligentes.

Elaine Díaz, una periodista independiente de La Habana, dijo que su trabajo y el de otros colegas que piensan parecido a ella, que evitan dar opiniones pero cubren asuntos controversiales, como todo lo vinculado a la vivienda, circula con creciente frecuencia a través de correos electrónicos y redes privadas. "Nos focalizamos en lo que está pasando aquí", explicó.

Si esto u otro factor traerá cambios políticos y económicos y cuándo, es la pregunta que todos los cubanos parecen querer que sea respondida. Elizardo Sánchez analizaba su detención al caer la tarde del sábado con periodistas extranjeros que lo podían visitar e integrantes de los medios de comunicación cubanos alternativos. Sostuvo que los cambios dependerán no de Obama sino de Fidel y Raúl Castro y sus familias.

"Lo que el gobierno da, lo puede sacar en un segundo", dice. "Lo que necesitamos es reforma, lo que necesitamos son leyes. Eso es lo que creará un cambio real", dice.

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