California y el suroeste sufren falta de lluvia

El castigo de 4 años de sequía en EE.UU.

En los mapas, el potente Río Grande serpentea a lo largo de 3.040 kilómetros, desde las montañas de San Juan, en el sur del estado de Colorado hasta el Golfo de México. Pero, en el terreno, los establecimientos agrícolas y las ciudades consumen muy poco antes de que llegue al canal que irriga la granja de Bobby Skov, en las afueras de El Paso, Texas, a cientos de kilómetros del golfo.

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La zona de la represa Camanche, muestra la reducción del volumen del agua. Foto: EFE

Ahora, agotado por la sequía histórica que golpea a California desde hace cuatro años y a la mayor parte del suroeste de Estados Unidos, ese hilo se ha convertido apenas en un hálito húmedo."Empeora cada vez más", desde comienzos de este siglo, dijo Skov en una recorrida en camioneta por sus campos, la semana pasada, aunque confía que su granja supere la situación, si la tendencia no continúa.

La sequía que predomina en California ocupa todos los títulos de los medios de información. Pero, desde Texas hasta Arizona y Colorado, la totalidad del oeste de Estados Unidos está bajo sitio por los cambiantes esquemas del clima que han reducido las zonas nevadas, elevado las temperaturas, acelerado la evaporación y reducido los reservorios a nivel récord.

En una región que canalizó sistemas fluviales enteros para construir ciudades y establecimientos agrícolas donde, de otra manera, no podrían prosperar, la sequía es un desafío histórico y quizás uno que perdure. Muchos científicos estiman que este es el presagio del oeste más seco y caluroso que derivará del calentamiento global más adelante en este siglo. Si así fuera, la orden de racionamiento de agua emitida este mes por el gobernador de California, Jerry Brown, puede ser apenas una señal de lo que está por ocurrir.

Desde que accedió al cargo de secretaria de Interior de Estados Unidos, Sally Jewell ha elevado el manejo del agua en el oeste a una prioridad. "El desafío es sistémico y persistente a lo largo del oeste", dijo el subsecretario de Interior, Michael Connor. "Necesitamos mejor infraestructura, mejores arreglos operativos y mejor manera de compartir el agua".

Esperanza.

El peligro de la sequía está desplegado a lo largo del Río Grande, donde la escasez pone a prueba a los agricultores, genera batallas ambientales por los peces que desaparecen y suscitó una disputa por los derechos del agua entre Texas y Nuevo México que llegó a la Suprema Corte de Justicia. Pero, también hay una luz de esperanza. Albuquerque, la ciudad más grande de Nuevo México en el Río Grande, redujo el consumo de agua 25% en 20 años, pese a que su población creció un tercio. Los distritos de irrigación y los agricultores —consumen el 70% del agua— se enfocan en la tecnología y el ingenio para usar cada gota que tienen. John Fleck, periodista y académico del Programa de Recursos Acuáticos de la Universidad de Nuevo México, dijo que nadie debe desdeñar la gravedad de esta odisea, aunque no significa terminar en la ruina. "El problema de quedarse sin agua no es el final de todo", dijo. "Cuando jay escasez de agua, los agricultores muestran que son muy inteligentes".

Hace un siglo, el Río Grande no había sido domado, generaba inundaciones y era el hogar de varias especies, pero en la actualidad es poco más que una tubería de magnífica ingeniería —desviado, enderezado, con represas, sangrado por canales y vinculado por un túnel a la cuenca del Río Colorado, en el norte, rindiendo sus últimas gotas en el sur a una canalización que abastece a los agricultores cerca de El Paso. Pocos kilómetros después, los tributarios mexicanos reanudan la conexión hasta el golfo. Sostiene a la sociedad en auge a lo largo de sus riberas.

En el oeste, la escasez de agua que azota a los agricultores y habitantes urbanos por igual tiene causas comunes. El Río Grande recibe gran parte de su flujo de la nieve que se derrite, pero ocurre que la acumulación es cada vez menor y se derrite más rápido. El motivo es el aumento de la temperatura en la zona aguas arriba del Río Grande, en Colorado y Nuevo México. Un clima más caluroso convierte parte de la nieve en lluvia e incrementa la evaporación, así como el ritmo al que se derrite la poca nieve que queda.

Probablemente empeorará. Las autoridades concluyeron, en un análisis que hicieron en 2013, que el Río Grande puede perder casi un tercio de su caudal para fines de este siglo.

La ducha en peligro y se prohibe regar


Un decreto aprobado por el gobernador Jerry Brown dispuso restricciones obligatorias al uso de agua desde comienzos de abril, por primera vez en la historia del estado de California, debido a que la sequía de cuatro años alcanzó proporciones casi de crisis, después de un invierno con escasas nevadas. Ordenó al Consejo de Control de Recursos de Agua imponer una reducción del 25% a las 400 agencias locales de suministro de agua que sirven al 90% de los residentes de California, durante el próximo año. Las agencias son responsables de aplicar las medidas restrictivas necesarias y de realizar el monitoreo que asegure el cumplimiento de las mismas. Entre las medidas, se incluirá la reducción al mínimo del riego de jardines y césped, así como de lavado de autos y hasta podrían limitarse las duchas.

"La gente debe comprender que estamos en una nueva era", afirmó el gobernador Brown, en la conferencia de prensa que hizo en una zona que habitulamente está cubierta de nieve y que ahora muestra pasto seco. "Estamos ante una sequía histórica. Se terminó el tiempo de regar el jardín todos los días".

Los propietarios de grandes establecimiento agrícolas, que obtienen el agua de fuentes fuera de las agencias locales, no caerán bajo la restricción del 25%. Las autoridades indicaron que ese sector ya registra recortes en el suministro. Los productores deberán entregar a las autoridades informes detallados del uso de agua, para evitar el gasto innecesario. Las autoridades indicaron que, debido al sistema que se impone, no esperan que en el futuro inmediata haya incrementos de precios de productos agrícolas y de granjas. Confían no tener que aplicar multas y otras sanciones.


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El cambio climático crea riesgo mucho peor


Cuando el gobernador Jerry Brown impuso a comienzos de este mes restricciones obligatorias al uso del agua como respuesta a la sequía severa, también advirtió que el estado enfrenta un futuro incierto.

La sequía, que está en su cuarto año, es por muchas mediciones la peor desde que el estado comenzó a tener registros de la temperatura y las lluvias, en el siglo XIX. Con una población cercana a los 39 millones y sedienta, y un sector agrícola de US$ 50.000 millones, California resulta más afectada por esta sequía que por cualquiera de las anteriores. Pero, los científicos dicen que California tuvo peores sequías en el pasado antiguo y que en 1.200 años, las sufrió por periodos de hasta dos siglos.

Pocos expertos dicen que California está al borde de una megasequía, que se define libremente como una que dura dos décadas o más. Sin embargo, la situación en ese estado puede verse como parte de un problema más prolongado que ha afectado a gran parte del oeste de Estados Unidos, el suroeste y las planicies, aunque no de manera uniforme.

Riesgo.

El periodo seco más extenso comenzó después del último El Niño fuerte —la tendencia del tiempo que se desarrolla en respuesta a a aguas más cálidas en el Pacífico este y puede provocar intensas precipitaciones. Eso ocurrió hace 17 años.

California podría tener alivio en el próximo invierno del hemisferio norte, si se produjera otro El Niño fuerte. La preocupación crece por lo que señaló el gobernador Brown cuando impuso las restricciones, en lo que respecta al efecto eventual del cambio climático. Condiciones más cálidas empeorarán la situación. Un estudio reciente sugirió que en la segunda mitad del siglo el calentamiento será consecuencia de los gases de efecto invernadero. Hay riesgo de sequías prolongadas más severas en el suroeste.

Reciclarán 37,5 millones de litros


En El Paso, Texas, las autoridades del agua están construyendo su propia cuenca de agua pluvial, de 161 hectáreas, y en 2017 planea hacer una planta de US$ 82 millones para reciclar el drenaje de 37,5 millones de litros de agua potable por día. En la actualidad, El Paso usa menos agua por persona -alrededor de 487 litros por día- que cualquier ciudad de Texas. A su vez, el uso por persona en la ciudad de Albuquerque, Nuevo México, alcanzó un nivel históricamente bajo el año pasado.

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