ENTREVISTA

Carlos Mesa: "Estamos viviendo un hartazgo del autoritarismo"

Le tocó presidir Bolivia entre 2003 y 2005, tras la renuncia del presidente Gonzalo Sánchez de Lozada. Hoy al frente de Comunidad Ciudadana, Mesa (65) es el principal candidato de la oposición para las elecciones de octubre próximo.

Carlos Mesa, expresidente de Bolivia. Foto: Francisco Flores
Carlos Mesa, expresidente de Bolivia. Foto: Francisco Flores

Las encuestas están dando un empate técnico con Evo Morales: 31% para el actual presidente y 30% para Carlos Mesa, que quedaría bien perfilado para una segunda vuelta. Mesa estuvo la semana pasada en Montevideo brindando una conferencia invitado por Misión Presidencial Latinoamericana.

En diálogo con El País, el expresidente boliviano cuestionó la legalidad de la candidatura del presidente Evo Morales, analizó la situación regional y los efectos de lo que define "corriente neopopulista", y explicó su visión sobre la crisis en Venezuela.

—¿Por qué está cuestionada la candidatura del presidente Evo Morales?

—Está cuestionada porque el presidente en el año 2016 convocó a un referéndum para consultar sobre un artículo de la Constitución que limita máximo dos mandatos consecutivos para quien ejerce el gobierno. Y la respuesta del pueblo boliviano fue que no aceptaba ese cambio y que se ratificaba en el respeto al artículo que limita a esos períodos. A pesar de ello, el presidente le ha dado la espalda al pueblo boliviano y negando la soberanía popular estableció que el Tribunal Constitucional hiciera una interpretación arbitraria y sesgada de un artículo de la Carta Interamericana de Derechos Humanos, y hace unos pocos meses, en diciembre, el Tribunal Supremo Electoral lo ha habilitado como candidato. Nosotros creemos que no se puede negar la voluntad popular de un referéndum, por lo tanto el presidente tiene una candidatura ilegal.

—Si se parte de que la candidatura de Morales es ilegal, ¿qué garantías ve usted de que vaya a entregar el poder en caso de perder la elección?

—Es una pregunta que solamente podremos responder en el momento en que tengamos el resultado final. Yo creo que los ojos de la comunidad internacional van a estar muy, muy fijos, muy puestos sobre esta realidad.

—Evo Morales, sin contar a Nicolás Maduro en Venezuela, es el último presidente que queda del llamado "eje progresista" que gobernó América del Sur hasta hace unos años. ¿Cómo observa usted los cambios políticos que se están dando en la región?

—Primero, no me gusta la palabra "progresista", porque establece un criterio positivo. Es decir, aquel que tiene ideas progresistas, de transformación positivas. Y eso no es algo que pueda calificarse exactamente lo que hemos vivido en América Latina en las dos décadas pasadas. Lo que hubo fue, diremos, una corriente neopopulista que tuvo sus pequeñas luces y sus grandes sombras, sobre todo desde el punto de vista democrático. Lo que se está viviendo es un agotamiento y un hartazgo frente al autoritarismo que se aprovechó de un criterio que utiliza muy frecuentemente el presidente Julio María Sanguinetti: el populismo es hijo de la abundancia. En estos veinte años América Latina ha vivido el momento de mayor bonanza económica de su historia, particularmente América del Sur. Si eso no se hubiera producido, ese éxito aparente (de la corriente neopopulista) no hubiera durado lo que duró. Yo creo que este agotamiento tiene que ver con una sociedad que es consciente de que los valores democráticos no son una abstracción y que tienen que ver con una justicia que funcione y no funciona, que tiene que ver con una alternancia en el poder y con una eliminación del caudillismo mesiánico.

Evo Morales. Foto: Reuters
Evo Morales. Foto: Reuters

—El proceso electoral en Bolivia este año, como en Argentina y Uruguay, se da en un contexto particular por la crisis en Venezuela que ha golpeado a toda la región. Evo Morales es un aliado político de Maduro. ¿Cómo observa la situación en Venezuela y la posición que ha tenido Bolivia?

—Primero, lo de Venezuela es insostenible desde el punto de vista económico y social. Es una situación de catástrofe realmente. Desde el punto de vista político, lo que está claro es que la construcción del poder de Maduro está apoyada en una forma ilegal de llevar adelante un proceso electoral, limitando las posibilidades de la oposición, estableciendo una Asamblea Constituyente que no modifica nada de la Constitución y que su único objetivo es bloquear a la Asamblea Nacional. Por lo tanto, no me cabe la menor duda de que la legitimidad está en manos de la Asamblea Nacional, y en ese contexto la legitimidad la tiene el presidente encargado Juan Guaidó. Me parece que la solución en Venezuela debe pasar por dos pasos fundamentales, que tienen que ver con la salida de Maduro del poder y la convocatoria a un proceso electoral. Desde el punto de vista de Bolivia, lo preocupante es la afirmación de que el autoritarismo, la reproducción indefinida en el poder y vulnerar la norma democrática es una forma de acción que él (Evo Morales) respalda militantemente. Eso es lo preocupante en el caso de Bolivia. En la menta del presidente Morales no está en la ecuación la posibilidad de dejar de ser presidente. Y esto me preocupa porque ser presidente a cómo dé lugar puede poner en riesgo el proceso democrático. De hecho ya su candidatura es ilegal; de hecho ya el Tribunal Supremo Electoral está bajo control del gobierno; de hecho ya el uso arbitrario e indiscriminado de los medios del Estado se están utilizando para una propaganda política diaria. Y eso marca un desequilibrio abrumador entre la candidatura ilegal de Evo Morales y nuestra candidatura.

—¿Con qué presidente se identifica más en la región? ¿Mauricio Macri, Sebastián Piñera, Iván Duque, Jair Bolsonaro, Tabaré Vázquez?

—La pregunta es una trampa y la respuesta conllevaría a una trampa para mi mismo que no voy a pisar (risas). El contexto boliviano tiene sus particularidades, que no plantea polarizaciones equivalentes a las que vivió Brasil, Argentina u otro país. Porque en el caso de Bolivia el tema en debate no es el económico; el tema de debate es el democrático. En el caso de Bolivia hay un componente indígena significativo que uno no puede desconocer; hay un reconocimiento de transformaciones que hay que agregar, y sin embargo hay una recuperación democrática que es un imperativo, no se puede aceptar este autoritarismo completo. Más allá de la intención de la pregunta, no hay posibilidad de identificación porque no creo que la respuesta sea liberalismo o estatismo. La respuesta tiene que ver con el contexto de cada país.

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