BATALLA JUDICIAL

Desde la cárcel, Assange busca evitar la extradición a Estados Unidos

El proceso llevará de 18 a 24 meses; dan por hecho que terminará en EE.UU.

Assange el jueves mientras era sacado por la fuerza por agentes británicos de la embajada de Ecuador en Londres. Foto: Reuters
Assange el jueves mientras era sacado por la fuerza por agentes británicos de la embajada de Ecuador en Londres. Foto: Reuters

Julian Assange, desde el jueves en una cárcel en Londres, se enfrenta a un largo combate judicial contra su extradición a Estados Unidos. Assange, de 47 años, detenido el jueves por la policía británica en la embajada de Ecuador en Londres, donde había vivido refugiado casi siete años, está en la prisión de Belmarsh, en el sureste de la capital inglesa. Belmarsh es una cárcel de alta seguridad para 910 presos, incluidos reclusos con fuerte interés mediático.

La misma tarde de su detención, un juez lo declaró culpable de violar su libertad condicional en 2012, pasible de un año de prisión, aunque falta la condena. Y luego se le comunicó que quedaría detenido en virtud de una petición de extradición de Estados Unidos por piratería informática. Assange rechazó ser entregado a la justicia estadounidense, por lo que su caso será examinado en una audiencia prevista el 2 de mayo.

La batalla judicial podría durar entre 18 y 24 meses, según Ben Keith, abogado británico especializado en casos de extradición. Y “las posibilidades de ganar son escasas”, dijo a la AFP, ya que en la mayoría de los casos Reino Unido accede a las peticiones de extradición estadounidenses.

Assange está acusado de haber ayudado a la exanalista de inteligencia estadounidense Chelsea Manning a obtener la contraseña para acceder a miles de documentos clasificados como ultrasecretos.

WikiLeaks de Assange difundió cientos de miles de documentos secretos del ejército y la diplomacia de Estados Unidos.

Según el Departamento de Justicia estadounidense puede ser condenado hasta cinco años de prisión por este cargo.

Pero “no hay ninguna garantía de que no se produzca una acusación suplementaria” en Estados Unidos, advirtió el redactor jefe de WikiLeaks, Kristin Hrafnsson, que llamó al gobierno británico a oponerse a la demanda de extradición.

Sin embargo, según Keith, este es un escenario improbable dado que existe “una protección específica del derecho internacional en materia de extradición que impide juzgar a alguien con cargos adicionales”.

Assange a su llegada a la Corte de Magistrados de Westminster en Londres tras su detención. Foto: EFE
Assange a su llegada a la Corte de Magistrados de Westminster en Londres tras su detención. Foto: EFE

El líder de la oposición laborista británica, Jeremy Corbyn, también instó al gobierno conservador de Theresa May a oponerse a la extradición “por haber expuesto pruebas de atrocidades en Irak y en Afganistán”.

En Suecia, la abogada de la mujer que acusa a Assange de violación en 2010 -el caso que lo llevó a solicitar asilo en la embajada ecuatoriana- indicó que iba a pedir a la fiscalía la reapertura de la investigación tras su detención en Londres.

Huésped molesto.

La decisión de Ecuador de acabar con siete años de asilo de Assange en su embajada de Londres fue producto de un largo deterioro de las relaciones, en parte por las sospechas de que estaba alentando en secreto acusaciones de corrupción contra el presidente Lenín Moreno.

El expresidente Rafael Correa, quien veía en Assange a un héroe que filtró documentos secretos de Estados Unidos, fue quien le dio asilo.

En cambio, Moreno tenía una opinión menos favorable de Assange cuando asumió el cargo en 2017 y le ordenó que redujera sus comentarios políticos, dejara de montar su patineta en los pasillos de la embajada y limpiara los desechos de James, el gato que adoptó.

Pero la razón de fondo parece haber sido la aparición de un sitio web anónimo que acusó a la familia de Moreno de crear compañías offshore y de usarlas para vivir un estilo de vida lujoso en Europa mientras se desempeñaba como delegado especial de la ONU para discapacidades. Los materiales filtrados, apodados los INApapers, contenían fotografías privadas de Moreno y su familia. Después de que se difundieran, Moreno dijo que Assange no tenía derecho a “hackear cuentas privadas y teléfonos” sin acusarlo directamente.

WikiLeaks tuiteó sobre los informes pero negó que Assange fuera responsable de las filtraciones o tuviera algo que ver con su publicación inicial.

Lidera: Lenín Moreno triunfó en la primera vuelta. Foto: AFP
Lenin Moreno. Foto: AFP

Funcionarios ecuatorianos describieron lo que calificaron como un comportamiento inaceptable e ingrato de Assange en la embajada. Ecuador ha dicho que gastó 6,2 millones de dólares en su manutención y seguridad entre 2012 y 2018.

El ministro de Relaciones Exteriores, José Valencia, dijo que Assange había estado usando un teléfono móvil que no estaba registrado en la embajada y que le había advertido al embajador en enero que había instalado botones de pánico que activaría si consideraba que su vida corría peligro.

“Ha puesto heces fecales en nuestra casa, ha golpeado a nuestros guardias, a la gente de Ecuador, ha dicho que el Ecuador es -no quiero repetirles la palabra- pero además que es un país insignificante en el mundo, eso es lo que éramos para él”, dijo el presidente Moreno en un acto público en una ciudad al sur de Quito. “Le hemos quitado el asilo a este malcriado y ventajosamente nos hemos librado una piedra en el zapato”, agregó.

Vaughan Smith, un amigo de Assange y fundador del Frontline Club de la prensa de Londres, dijo a Reuters que lo visitó la semana pasada y que creía que la afirmación de las heces era falsa. “Julian ha estado bajo estrés pero parecía estar en un estado mental balanceado cada vez que lo vi”, dijo Smith.

Amigos de Assange que lo visitaron durante los últimos meses dijeron que desde que Moreno llegó a la presidencia, casi todo el personal de la embajada fue reemplazado y que el trato hacia el australiano pasó a ser más hostil.

La embarazosa posición de Trump
Donald Trump. Foto: Reuters

El arresto el jueves de Julian Assange ha obligado a la Casa Blanca a salir a aclarar la posición del presidente Donald Trump. En su primera reacción el jueves, Trump dijo a los periodistas: “No sé nada sobre WikiLeaks. No es asunto mío”. Esa reacción causó sorpresa porque durante su campaña presidencial en 2016 alabó y animó repetidamente a WikiLeaks, que seis años antes había causado un escándalo por la publicación de miles de documentos diplomáticos y secretos militares de Estados Unidos.

“Me encanta WikiLeaks”, dijo en una ocasión, cuando la plataforma filtró correos electrónicos robados que perjudicaron la campaña de su opositora Hillary Clinton, incluso a pesar de que WikiLeaks supuestamente estuvo trabajando en coordinación con la inteligencia rusa.

Mike Pence dijo a CNN que Trump simplemente respaldó la exposición de información durante la elección, no a la organización WikiLeaks en sí misma. “Creo que el presidente siempre, al igual que tú y los medios, da la bienvenida a la información”, dijo Pence. “Pero no fue una forma de respaldar a una organización que nosotros ahora entendemos estaba involucrada en diseminar información clasificada por Estados Unidos”, comentó.

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