LA BITÁCORA

Caída del Califato genocida en 2017

La caída del "Califato" en Irak y Siria fue el acontecimiento más auspicioso del año que termina. 

El territorio que controló ISIS desde 2014 fue, en los hechos, un campo de concentración del tamaño de Bélgica en el que se perpetró un genocidio en nombre del supremacismo sunita y del salafismo, la vertiente teológica más intolerante y cerrada del Islam.

Chiitas, alauitas, drusos, kurdos, jazidíes, caldeos, asirios y siríacos fueron exterminados por los jihadistas que, además, hacían ostentación de la crueldad filmando como asesinaban a miles de personas decapitándolas, fusilándolas en masa, quemándolas vivías en hogueras y arrojándolas desde edificios.

La milicia que creó Abú Mussab al Zarqaui como Al Qaeda Mesopotamia (AQM) para combatir en la guerra civil de Irak, terminó siendo un delirante Estado genocida, finalmente derrotado por Rusia, el régimen sirio, el ejército iraquí, los peshmergas kurdos y milicias chiitas de Irak y Líbano, además de Estados Unidos con el aporte de países europeos.

El 2017 terminó junto con ese IV Reich, cuya extinción territorial no implica la desaparición de ISIS en Afganistán, en el centro y norte de África y en los rincones asiáticos donde inspiró un jihadismo que actúa en su nombre. Tampoco se extinguirá su existencia espectral, que perpetra masacres terroristas a través de células dormidas y de lobos solitarios. Pero su derrota en Irak y Siria ha sido el acontecimiento más auspicioso del año.

Para contrapesarlo, la guerra en Yemen alcanzó niveles alarmantes. Los hutíes, la tribu chiita que responde a Irán, logró controla Saná, la capital, y ejecutó al eterno hombre fuerte de ese país arábigo: Alí Abdulá Salé. Ni el involucramiento directo de Arabia Saudita ha debilitado a la desafiante milicia. Y el conflicto facilitó el empoderamiento de Mohamed bin Salmán, príncipe heredero que es, en los hechos, quien ejerce el poder en el reino de la familia Saud.

El reordenamiento del tablero estratégico va abriendo el camino hacia el choque directo entre los principales exponentes del sunismo y el chiismo. Hasta aquí, iraníes y sauditas han estado en guerra fría, confrontándose indirectamente a través de otras fuerzas y Estados. Pero con el joven hombre fuerte del Reino wahabita decidido a cortar la creciente influencia iraní en tierras árabes, los principales contendientes del mundo musulmán pueden pasar a la guerra directa, abierta y total.

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