LA BITÁCORA

¿Un brexit turco en la OTAN?

Lo inesperado es el rasgo predominante de este tiempo. El mundo que vio a un Papa abandonar el trono de Pedro y está viendo a una potencia abandonar la Unión Europea, tal vez verá a Turquía abandonar la OTAN.

La sombra del "exit" turco sobrevuela la alianza atlántica desde que Recep Erdogán aceleró esa suerte de "sultanización" que emprendió al enfrentarse a Fetullah Gülen, el imán que impulsó y financió al islamismo moderado para que reemplazara en el gobierno a la secular partidocracia ataturquista. En un puñado de meses, Turquía pasó de derribar un cazabombardero ruso, al pedido de disculpas y la visita a Vladimir Putin. Si el acercamiento se consolida, producirá un cambio sísmico en el tablero geoestratégico. La profundidad de ese giro puede medirse mediante la rivalidad eslavo-turcomana desde las guerras entre cosacos y tártaros, y la conquista del Mar Negro por la Rusia de Catalina la Grande.

En estos años, la rivalidad tuvo por escenario la guerra siria. Rusia intervino para salvar al régimen de Al Asad y la influencia de Irán en la región del Levante, mientras que el gobierno turco es enemigo del eje chiita, al punto de haber colaborado con el crecimiento de ISIS.

Con Turquía neutralizada, Putin puede aumentar la presión sobre Ucrania porque ya no temerá que la OTAN le cierre la salida al Mediterráneo. Turquía tiene esas llaves, que son los estrechos del Bósforo y los Dardanelos.

Pero ¿qué gana Erdogán alineándose con Moscú? En Oriente Medio, minimizar la debilidad que le produce el vertiginoso retroceso de ISIS, por las intervenciones de Rusia y Estados Unidos y por la valerosa lucha de los peshmergas (milicianos kurdos). Por caso cuando rusos, norteamericanos, sirios, kurdos e iraquíes, con el apoyo de Irán, terminen de borrar del mapa al califato, Turquía necesitará que Moscú la ayude a que no se forme un Estado kurdo en su frontera sur. Pero su salto a los brazos de Putin también es un mensaje gestual a Washington: si no le entrega a su archienemigo Gülen, podría patear el tablero de la OTAN.

Sin ese país tan estratégico por su ubicación (un puente hacia el Asia Central y el mundo árabe) las potencias de Occidente perderían capacidad de influencia sobre ese punto neurálgico del planeta que es Oriente Medio.

¿Pueden Washington y Bruselas aceptar el juego del presidente turco? ¿Entregarían a Fetullah Gülen para que Erdogán le aplique la pena de muerte que pretende reinstalar?

De momento, Recep Erdogán avanza hacia la "sultanización" y la OTAN se resquebraja a la altura de Turquía.

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