LA SALIDA DEL REINO UNIDO DE LA UE

Boris Johnson al inaugurar el Brexit: “Esto es el comienzo, no el final”

El Reino Unido salió oficialmente ayer viernes de la UE, un momento histórico durante mucho tiempo incierto y que, con júbilo para unos y tristeza para otros, abre la página de un futuro en solitario.

Ayer se arrió la bandera británica del Consejo Europeo; el acto solemne si hizo horas antes de la entrada en vigor del Brexit. Foto: AFP
Ayer se arrió la bandera británica del Consejo Europeo; el acto solemne si hizo horas antes de la entrada en vigor del Brexit. Foto: AFP

El primer ministro británico, Boris Johnson, prometió anoche una “nueva era” de cooperación con la Unión Europea (UE) tras el Brexit, afirmando que este marca el “comienzo” de una etapa en solitario que llamó a convertir en un “éxito impresionante”.

“Esto no es un final sino un comienzo”, dijo en un mensaje a la nación difundido poco antes de la entrada en vigor del Brexit.

El Reino Unido salió oficialmente ayer de la UE, un momento histórico durante mucho tiempo incierto y que, con júbilo para unos y tristeza para otros, abre la página de un futuro en solitario. El Brexit entró en vigor en el último segundo del día... en la Europa continental, las 23 horas para los británicos, las 20 en Uruguay.

“Sé que podemos convertir esta oportunidad en un éxito impresionante”, agregó el hombre que, poniendo fin a años de crisis política que acabó con la carrera de sus dos predecesores, David Cameron y Theresa May, se apuntó una enorme victoria personal.

Un reloj proyectado en la fachada de Downing Street marcó la cuenta atrás hasta el momento en que, por primera vez en su historia, la UE perdió un miembro y ganó un poderoso competidor.

“Queremos que este sea el comienzo de una nueva era de cooperación cordial”, aseguró Johnson, quien organizó una recepción en su residencia oficial con vino espumoso británico y pequeños bocados de gastromonía puramente inglesa.

En Bruselas, se arrió la bandera británica que ondeaba frente al Consejo Europeo.

Sin embargo, la fecha es sobre todo simbólica porque, durante el periodo de transición previsto hasta finales de diciembre, casi nada cambiará.

Primer ministro británico, Boris Johnson. Foto: AFP
Primer ministro británico, Boris Johnson. Foto: AFP

Júbilo y lágrimas.

Con gritos de júbilo, una marea humana celebró una gran fiesta frente al Parlamento de Westminster, que durante tres años fue escenario de acalorados debates sobre el Brexit, la cuestión más importante y divisiva en la historia reciente del país.

Horas antes, cerca de allí, algunas personas habían quemado una bandera europea.

A pocos metros, los detractores del Brexit, entre ellos jóvenes que no votaron en el referéndum de 2016 y ahora ven su futuro truncado, vertieron sus lágrimas. “Siento pena, tristeza. Es muy, muy terrible que esto esté sucediendo”, dijo Katrina Graham, de 31 años.

Partidarios del Brexit celebran el histórico momento. Foto: AFP
Partidarios del Brexit celebran el histórico momento. Foto: AFP

Mucho ha pasado desde que el 52% de los británicos votó por abandonar la UE pero, según una encuesta publicada esta semana, solo un 30% de los proeuropeos completó el “duelo” psicológico de esta ruptura.

La canción más descargada esta semana en el Reino Unido fue el himno europeo, la Oda a la Alegría de Beethoven.

El momento se vivió especialmente mal en Escocia, nación semiautónoma que votó mayoritariamente contra el Brexit.

“Esta tristeza está llena de ira”, afirmó su primera ministra, Nicola Sturgeon, prometiendo “hacer todo lo posible” para lograr un nuevo referéndum de independencia.

En Irlanda del Norte, donde se teme que el Brexit desestabilice la frágil paz que puso fin a tres décadas de sangriento conflicto, los eurófilos levantaron en Belfast una gran pancarta que decía: “Esta isla rechaza el Brexit”.

El Reino Unido entró en la Comunidad Económica Europea -antecesora de la UE- en 1973, tras sufrir dos vetos de Francia, en 1963 y 1967, preocupada porque fuese un “caballo de Troya” de Estados Unidos.

Pero la relación fue siempre complicada: los británicos no adoptaron la moneda única ni la libre circulación de personas, pidieron pagar menos al presupuesto europeo y siempre se opusieron a la integración política.

El Brexit estaba previsto para el 29 de marzo de 2019. Pero la pugna en el Parlamento entre sus partidarios y sus detractores llevó a un bloqueo político, roto por Johnson cuando obtuvo una aplastante mayoría en las legislativas de diciembre capitalizando el hartazgo de los británicos con la situación.

Retomando un término que definía la política exterior británica en el siglo XIX, cuando se mantenía al margen del continente europeo, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, advirtió de los riesgos de este “espléndido aislamiento”.

Un reloj proyectado en la fachada de Downing Street marcó la cuenta atrás. Foto: Reuters
Un reloj proyectado en la fachada de Downing Street marcó la cuenta atrás. Foto: Reuters

“Nuestra experiencia nos ha enseñado que la fortaleza no reside en el aislamiento sino en nuestra unión singular”, dijo Der Leyen.

A partir de ahora, Johnson tendrá por delante la difícil misión de negociar tratados comerciales con la UE, pero también con Estados Unidos, su gran aliado.

Pero las negociaciones no serán fáciles: Washington presionará para que Londres sea más laxo en materia de salud o medioambiental, mientras que Bruselas -temerosa de una competencia desleal- pedirá que se respeten estándares laborales y ecológicos.

El presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, aseguró que Europa será “muy firme” en estas negociaciones” y “no aceptará” posibles políticas desleales.

Sin embargo, no lograr un acuerdo comercial a tiempo representaría una “amenaza existencial” para la economía de la vecina Irlanda, advirtió su primer ministro Leo Varadkar.

El Brexit es “una señal de advertencia histórica que debe resonar en cada uno de nuestros países”, consideró el presidente francés, Emmanuel Macron, mientras que para la canciller alemana Angela Merkel marca “una profunda ruptura” para Europa.

Irlandeses: “la lucha continúa” tras el Brexit

Grupos de personas se congregaron ayer en la frontera entre las dos Irlandas para manifestarse contra el Brexit y advertir al Gobierno británico de que “la lucha continúa”. Ese es uno de los mensajes impresos en los pósters y pancartas que han desplegado activistas del grupo “Comunidades Fronterizas contra el Brexit” en varios actos de protesta en puntos de cruce entre la provincia británica de Irlanda del Norte y la República de Irlanda.

También estuvieron presentes diferentes partidos norirlandeses, entre ellos el Sinn Féin, antiguo brazo político del ya inactivo Ejército Republicano Irlandés (IRA) y principal representante de la comunidad nacionalista católica. Su presidenta, Mary Lou McDonald, insistió en que la salida de la UE ha unido a las identidades que conviven en Irlanda del Norte, cuyo electorado votó en contra del Brexit en el referéndum de 2016.

En Escocia desafían con otro referéndum

La primera ministra de Escocia, Nicola Sturgeon, dijo ayer viernes que no descartaba poner a prueba la legalidad de convocar un referéndum sobre la independencia, a lo que se opone el primer ministro británico, Boris Johnson. “Si el Gobierno británico sigue negando el derecho de Escocia a decidir, podemos llegar a un punto en el que sea necesario poner a prueba esta cuestión”, dijo la primera ministra escocesa. “No lo descarto”, agregó. Sturgeon quiere celebrar otro referéndum escocés sobre la independencia, pero no puede hacerlo sin el consentimiento del Gobierno británico. Sturgeon había señalado que no quería celebrar un referéndum al estilo de Cataluña, organizado sin el consentimiento o reconocimiento del Gobierno nacional español. En el referéndum de 2014, un 55% de los escoceses rechazaron la independencia, mientras que un 45% votó a favor.

¿Qué cambia con el Brexit?
¿Cuánto costó el Brexit? Es difícil dar una respuesta precisa a esta pregunta. Foto: AFP

Europeos en el Reino Unido. Los cerca de 3,8 millones de europeos que residen en el Reino Unido, así como aquellos que lleguen al país durante este año, pueden solicitar el estatus de “asentado” o “preasentado”, que protegerá tras el Brexit sus derechos adquiridos. A partir de 2021, cuando termine la libre circulación de personas entre el Reino Unido y la UE, los comunitarios que quieran viajar o residir en el país deberán cumplir las normas migratorias que establezca el Gobierno británico. El Gobierno aún no ha hecho públicos los detalles de su futura ley de inmigración, aunque el informe de un comité asesor en materia migratoria ofrece pistas sobre sus posibles planes. Ese documento prevé dos vías para solicitar el permiso de residencia en el Reino Unido. Aquellos que lleguen con una oferta de trabajo deberían tener asegurado un salario mínimo -actualmente los extracomunitarios necesitan cobrar más de 30.000 libras anuales (35.400 euros) para obtener el visado-. Quienes tengan intención de viajar al Reino Unido para buscar trabajo, en cambio, deberían someterse a un sistema de puntos similar al de Australia, la legislación que sirve de referencia a Johnson. Bajo ese régimen, los inmigrantes deben superar un umbral determinado de puntos, que se otorgan en función de criterios como nivel educativo, nivel de renta, dominio del idioma, edad y otros factores.

Británicos en la Unión Europea. Los cerca de 1,3 británicos que viven en otros países de la UE tampoco percibirán grandes cambios hasta el próximo diciembre. Una de las pocas transformaciones tangibles para ellos será que el Gobierno recuperará este año el color azul de los pasaportes británicos, en lugar del burdeos de la UE, una medida meramente simbólica, pero muy celebrada por los partidarios del Brexit. Los 27 socios de la Unión se han comprometido a mantener los derechos adquiridos de los británicos que ya viven en esos países tras el Brexit, si bien cada Estado debe regular de forma independiente su nuevo estatus legal. Esos arreglos nacionales complicarán que los británicos residentes en un país comunitario puedan cambiar su residencia de forma automática a otro, por ejemplo entre Francia y Alemania.

Los jubilados británicos que ya están retirados en países de la UE tienen asegurada una pensión actualizada de por vida. Sin embargo, la retribución de aquellos que lleguen a su país de destino después de diciembre de 2020 dependerá de los arreglos a los que llegue el Reino Unido con los respectivos Estados.

Cambios para las empresas. Las importaciones y exportaciones de mercancías a través del canal de la Mancha, así como el acceso recíproco de las firmas de servicios, continuarán sin fricciones al menos durante los próximos once meses. Londres quiere pactar con Bruselas un acuerdo de libre comercio que asegure los intercambios sin aranceles a partir del 1 de enero de 2021, pero al mismo tiempo mantiene su intención de divergir paulatinamente de las regulaciones de la UE, lo que puede envenenar las negociaciones. La UE ha advertido de que es “imposible” alcanzar un acuerdo comercial completo en el plazo previsto, pero el primer ministro británico ha recalcado que no tiene intención de solicitar una prórroga. El objetivo de Johnson de comerciar con cero tarifas pero divergiendo de la normativa comunitaria implica que podrían establecerse nuevos trámites y controles en las aduanas, lo que podría perjudicar especialmente a las empresas que mantienen cadenas de producción a ambos lados del canal de la Mancha. En el sector financiero, Bruselas debe estudiar si acepta un régimen de equivalencia para que los bancos, las aseguradoras y el resto de firmas de la City de Londres puedan continuar accediendo a sus clientes continentales. En la negociación con la Unión Europea, el Reino Unido tratará de hacer valer el preciado acceso a sus aguas pesqueras y a su mercado laboral como palanca para favorecer sus intereses.

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