ROBERT KENNEDY

Bobby, el hermano asesinado hace 50 años

Se encaminaba a ser el candidato demócrata para las elecciones de 1968 para enfrentar a Nixon.

Robert Kennedy: una de las últimas fotos antes del atentado en el hotel Ambassador, Los Ángeles. Foto: archivo El País
Una de las últimas fotos antes del atentado en el hotel Ambassador. Foto: archivo El País

Otra vez. En la madrugada del 5 de junio de 1968, hace 50 años, un estruendo daba paso a un segundo de silencio, al caos. Era la tercera vez en cinco años que un asesinato ponía fin a la vida de un prominente líder político progresista en Estados Unidos. Ahora era el turno de Robert F. Kennedy.

"RFK, RFK, RFK", gritaba la multitud del Hotel Ambassador de Los Ángeles, aclamando al probable candidato demócrata a la Presidencia, cuando el tenebroso sonido de un disparo sobrevoló a la masa y se impuso la confusión: el senador demócrata y exfiscal general Robert Kennedy había sido víctima de un ataque fatal.

Sirhan Sirhan —un palestino nacido en Jordania, hoy de 74 años y cumpliendo cadena perpetua en Estados Unidos—, había disparado al favorito para hacerse con la candidatura demócrata segundos después de que Kennedy abandonara el escenario del hotel, donde acababa de ofrecer un discurso al conocerse su victoria en las influyentes primarias de California.

Las televisiones volvían repentinamente a sus directos en la sala del hotel de Los Ángeles, mientras el equipo de la víctima entonaba el clásico "un médico en la sala". Desconcertados, con la única certeza del fragor escuchado, pero con el miedo a que se confirmara lo que minutos después se certificaría.

Bobby, como era conocido, terminó pereciendo un día después —el 6 de junio, hace hoy exactamente medio siglo— y con él las esperanzas del progresismo estadounidense de los años 60, que había visto cómo sus figuras más destacadas eran asesinadas una detrás de otra, dando paso a una etapa de mayor polarización.

En 1963, John F. Kennedy, presidente y hermano de Robert, era asesinado en Dallas en el que probablemente sea uno de los momentos más determinantes de la historia moderna de Estados Unidos.

John Fitzgerald Kennedy. Foto: Wikimedia Commons
John Fitzgerald Kennedy. Foto: Wikimedia Commons

En abril de 1968, dos meses antes del magnicidio de "RFK", Martin Luther King, una de las principales figuras en la lucha contra el segregacionismo y la justicia social, era abatido en el balcón del hotel Lorraine de Memphis (Tennessee).

En las retinas de los estadounidenses persisten aún las imágenes del discurso de Robert Kennedy en Indianápolis tras la muerte de King, llamando a la unidad y a la reflexión al país. La ciudad de Indiana fue una de las pocas que resistió pacífica ante la oleada de violencia que siguió al asesinato del pastor.

Los homicidios de los tres líderes, y sus consecuentes teorías conspirativas, supusieron un duro golpe para quienes perseguían avances en los derechos civiles en el país, entre quienes muchos pensaron que los cambios no podían lograrse por las vías democráticas convencionales, lo que derivó en el desánimo y la radicalización de algunos movimientos.

Así lo cree Ross Baker, profesor de Ciencia Política de la Universidad de Rutgers, quien explicó a EFE que los dos homicidios de 1968 —el de Martin Luther King primero y el de Robert Kennedy después— sumieron a Estados Unidos en "un estado de profunda depresión y pesimismo", una situación que se agravó después con la llegada del republicano Richard Nixon al poder en las elecciones de ese mismo año.

En la década de 1960 Estados Unidos también se vio conmovido por otro homicidio, el de Malcom X, uno de los líderes negros más influyentes del país, ultimado en febrero de 1965 de un disparo en un acto público.

Malcom X. Foto: Wikimedia Commons
Malcom X. Foto: Wikimedia Commons

Para Baker, Robert Kennedy no gozaba del carisma que acumuló su hermano y "gran parte" de su éxito inicial partía de la "nostalgia" hacia él, aunque reconoce que en los últimos años, y sobre todo en la recta final de su vida, Bobby logró ganarse el afecto y la confianza de quienes veían en él a "un potente orador" presidencial.

Los asesinatos se enmarcaron en un contexto en el que la educación segregada por raza había sido declarada inconstitucional en la década previa (1954), y acababan de aprobarse leyes fundamentales para los afroamericanos como la Ley de Derechos Civiles (1964) o la de Derecho al Voto (1965).

"Su influencia fue profunda. Guió la campaña victoriosa de su hermano a la Presidencia e hizo contribuciones vitales a la causa de los derechos civiles como fiscal general", relata a EFE Sean Wilentz, profesor de Historia Americana de la Universidad de Princeton, quien resalta su oposición a la Guerra de Vietnam.

El experto insiste en el pragmatismo y el equilibrio que aportaba Robert Kennedy a la lucha por los derechos civiles en aquel momento: "Creía tanto en el orden como en la resistencia, en el civismo como en la protesta".

"Habría servido para unir políticas liberales y cambio progresista, y tender puentes entre las divisiones de raza, clases y generaciones", argumentó Wilentz. De acuerdo al profesor de Princeton, el asesinato de Bobby supuso un ocaso en la política estadounidense, "que ha parpadeado, pero que permanece rodeada de una profunda oscuridad que ha alcanzado hoy su peor estado".

El asesino, entonces y ahora
Sirhan Sirhan, antes y ahora. Fotos: Wikipedia y CNN

El autor de los disparos que terminó con la vida de Robert Kennedy fue un palestino de nacionalidad jordana llamado Shirhan Shirhan (o Bishara), que entonces tenía 24 años. Como en el caso de JFK, la muerte de Bobby desencadenó un alud de teorías sobre una supuesta conspiración. Una de ellas dice que se realizaron 13 disparos (en base a las grabaciones de audio), pero la pistola de Shirhan solo tenía capacidad para ocho balas. Por ello decían que hubo un segundo tirador. Sirhan Sirhan era un antisionista, y en su diario dejó escrita su determinación de matar a Roberto Kennedy por su apoyo a Israel.

"Tiene que ser asesinado antes del 5 de junio de 1968", estampó, en referencia al primer día de la Guerra de los Seis Días entre Israel y los países árabes vecinos. Sirhan fue declarado culpable el 17 de abril de 1969 y sentenciado a muerte. Pero en 1972, la sentencia fue conmutada por privación perpetua de libertad, luego de que la Corte Suprema de California invalidara todas las penas de muertes pendientes que fueran impuestas antes de 1972. En 2006 a Sirhan le fue negada la libertad condicional y actualmente se encuentra en la prisión en San Diego, en el estado de California.

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