ISRAEL

Benjamín Netanyahu fue tocado, pero no hundido

Pese a la acusación fiscal, puede ser candidato en abril.

Benjamin Netanyahu. Foto: AFP
Al gobernante le espera un largo proceso judicial. Foto: archivo El País/AFP.

El primer ministro Benjamín Netanyahu quedó esta semana tocado, pero no hundido, después de que la Fiscalía anunciara su intención de acusarlo en tres casos de corrupción cuyas investigaciones arrastraban desde hace más de dos años.

El anuncio dejó seriamente tocada la imagen de Bibi, como se lo conoce en Israel, y redujo en las encuestas la intención del voto a su partido, el Likud, aunque no de forma drástica (de 29 a 25 escaños).

Prácticamente todos sus socios de coalición de gobierno defendieron su presunción de inocencia y se comprometieron a mantener su apoyo y recomendarlo para formar Ejecutivo tras las elecciones del próximo 9 de abril.

No así las principales formaciones de centroizquierda, entre ellas la nueva coalición Azul y Blanco (formada por el recién creado partido Resiliencia Israelí, del exjefe del Estado Mayor Beni Gantz, y Hay Futuro), el pacifista Meretz y el laborismo, que pidieron su dimisión a solo 40 días de los comicios.

El daño aún no está acabado: el jueves se difundieron las 57 páginas de la decisión del fiscal general, Avijai Mandelblit, pero aún no han salido a la luz los materiales jurídicos, con más de 5.700 páginas, testimonios y cientos de horas de audio, que podrían filtrarse en los próximos meses, dañando aún más la credibilidad Netanyahu.

Las acusaciones -de cohecho, fraude y ruptura de la confianza- son sobre sospechas de que Netanyahu hizo favores a empresarios a cambio de caros regalos, cobertura positiva en un diario o en un popular digital de noticias.

El fiscal pinta un primer ministro “víctima de su cochino hedonismo, su patológico puño apretado y su inagotable aspiración de más poder”, definía ayer Ben Caspit en el diario Maaariv. El fiscal Mandelblit no ha tomado su decisión a la ligera: la investigación lleva cerca de tres años, se ha interrogado al primer ministro durante horas en más de una decena de ocasiones, se ha tomado testimonio a 140 testigos, consultado con más de una veintena de fiscales y expertos legales, la Policía recomendó acusar y los fiscales jefes escribieron un informe de 800 páginas de conclusiones acusatorias.

Pero el golpe a Bibi no es mortal. El anuncio de acusación no le obliga a dimitir; es más, aún no es definitivo: la acusación tendrá lugar solo después de una vista que podría llevar meses y en la que este podrá hacer alegaciones.

Bibi puede de momento seguir siendo candidato, incluso ganar las elecciones y que el presidente de Israel, Reuven Rivlin, le encargue formar gobierno si sus socios obtienen suficientes votos y mantienen su compromiso de apoyo.

Ni siquiera está obligado a dimitir cuando la acusación sea firme. Sin embargo, es posible que el Parlamento o el Tribunal Supremo le reclamen dimitir, para evitar que ejerza poder sobre el Ministerio de Justicia.
Bibi podría también abandonar temporalmente el cargo y delegar en alguien de su partido, entre los que los favoritos serían Israel Katz y Gideon Saar, aunque su salida podría provocar una “guerra de sucesión”.

Si finalmente se lleva a cabo, los expertos calculan que un juicio a Netanyahu podría prolongarse varios años (el del exprimer ministro Ehud Olmert, por corrupción, que cumplió 16 meses de prisión duró cuatro).
Además, el primer ministro podría volver a serlo incluso si fuese condenado, siempre que no se le sentenciase por delitos de “depravación moral”, y podría además apelar cualquier fallo en el Tribunal Supremo.

Un largo camino en el que Netanyahu podría continuar liderando Israel, como lleva haciendo una década.

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