LA BITÁCORA

El ataque impune de Maduro

Barack Obama se la dejó picando en la puerta del arco. Nicolás Maduro encontró, en el lugar menos pensado, lo que desesperadamente buscaba.

Declarar la "emergencia nacional" por considerar a Venezuela "una amenaza extraordinaria e inusual contra la seguridad" de Estados Unidos, califica para el manual de estupideces políticas. Pero no porque el régimen chavista sea tan inofensivo como lo describen el presidente y su lugarteniente Diosdado Cabello.

La movilización de 80 mil efectivos y la realización de maniobras navales con buen número de embarcaciones, más la masiva adquisición de armamentos, el impulso de ejercicios militares conjuntos con Rusia, el apoyo a las FARC a lo largo de la última década y el trato íntimo con el fanático expresidente iraní Mahmud Ahmadinejad, no hablan precisamente de un gobierno pacifista.

La estupidez fue darle a Maduro el salvavidas que pedía a gritos en su naufragio económico y social.

Con la bandera de la amenaza yanqui, el presidente venezolano impuso cerrar filas como Galtieri con Malvinas, cohibió a la oposición de mantener la protesta callejera y monopolizó en sus manos la suma del poder.

En rigor, la medida que Obama justificó con la "emergencia nacional" no es una invasión al país sudamericano, sino la confiscación de dinero de la corrupción del régimen en bancos norteamericanos, y las sanciones a seis responsables militares de la represión chavista.

Pero eso es lo de menos en comparación con la contraindicación que tiene esa medida: victimizar a un régimen en el que impera la represión, la ineptitud y la corrupción.

Obama no le hubiera hecho este favor a Maduro si la oposición republicana no lo extorsionara con obstruir la nueva política hacia Cuba. Pero el hecho es que la inverosímil "amenaza extraordinaria" tapó, entre otras cosas, un gesto de Maduro que la región debió condenar: la catarata de insultos al vicepresidente uruguayo, Raúl Sendic, por haber dicho algo cierto: no hay evidencia de un plan golpista de Obama contra Maduro.

El jefe chavista recurrió a una técnica que su líder Hugo Chávez había aprendido de Fidel Castro: descargar horribles anatemas sobre quien ose cuestionarlo. "Abyecto Judas" a Jorge Batlle y "lamebotas de los yanquis" a Fernando De la Rúa, son dos de los muchos ejemplos de violencia verbal de Fidel, para inhibir a sus críticos. Esa modalidad de censura usó Maduro contra Sendic. La región debió repudiar el ataque del jefe chavista al Uruguay. Pero se impuso la complicidad ideológica de unos y el miedo de otros a recibir una descarga similar.

Las mismas razones del vergonzoso silencio frente a la represión que sigue acumulando muertos y presos políticos en Venezuela.

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