El debate del martes fue una "tregua" en la que la política fue la predominante. Pero ayer, la campaña de John McCain retomó los golpes bajos y su estrategia de descalificación personal de Barack Obama. El candidato republicano y su número dos, Sarah Palin, se embarcaron en una serie de mítines y debates en los estados del cinturón industrial de Estados Unidos, en los que tratan de retratar al senador por Illinois como un político inexperto, o como un izquierdista radical que solo responde a su propia ambición.
Un objetivo primordial es Ohio, un estado de 11 millones de habitantes que ofrece 20 votos electorales y que fue vital para las victorias presidenciales de Bill Clinton y George W. Bush. Desde 1964, quien ahí gana, llega a la Casa Blanca. La última encuesta en ese estado le da a Obama una ventaja de seis puntos, con el 51% de los votos.
La consigna es "desenmascarar a Obama". Como lo hiciera Palin desde el fin de semana, se sigue vinculando al candidato demócrata con William Ayers, un fundador de la guerrilla urbana Wea-ther Underground en la época de la guerra de Vietnam. A mediodía de ayer, el abogado republicano John Murtagh emitió en comunicado en el que detallaba cómo Ayers colocó una bomba en su casa en 1970. "El amigo de Barack Obama trató de asesinar a mi familia", dice el texto. También se recuerda su antigua relación con el reverendo Jeremiah Wright, aquel que dijo "Dios maldi-ga a Estados Unidos" en sus sermones. "Ese es Obama", es el slogan más utilizado.
Los golpes bajos y el victimismo parecen ser el último recurso de McCain en estados industriales como éste, fuertemente castigados por la crisis económica. Ohio está lacerado por el desempleo, con una tasa del 7,4%, la mayor en 16 años. En solo un año, 100 mil personas han perdido sus trabajos, situación que ha jugado en favor de la candidatura de Obama. EL PAÍS DE MADRID