Cambio en Brasil

Tras 27 años en política, un presidente de mano dura

Jair Bolsonaro ha moderado retórica incendiaria, fue blanco de atentado y usa las redes sociales con eficiencia.

Jair Bolsonaro junto a su señora Michelle en un encuentro evangélico, en Río de Janeiro. Foto: EFE
Jair Bolsonaro junto a su señora Michelle en un encuentro evangélico, en Río de Janeiro. Foto: EFE

Jair Bolsonaro se hizo conocer más por sus exabruptos misóginos, racistas y homófobos que por sus proyectos como diputado, pero la ambición de este exmilitar, buscador de oro en sus horas libres, lo llevó a alcanzar el tesoro más valioso de su carrera: la presidencia de Brasil.

El ultraderechista, de 63 años, conquistó el voto de 57 millones de brasileños en la contienda de octubre pasado (55%) contra el izquierdista Fernando Haddad; y su fuerza política, el hasta entonces minúsculo Partido Social Liberal (PSL), se convirtió en la segunda mayor representación en la Cámara de Diputados.

Defensor de la dictadura (1964-1985) y de sus métodos de tortura, Bolsonaro se presenta como el gobernante de mano dura capaz de regenerar un país agotado por los escándalos de corrupción, la violencia y la crisis económica.

Al presidente electo se le conoce como “el Donald Trump brasileño” por su retórica incendiaria y su amplio uso de las redes sociales en detrimento de la prensa tradicional, a la que suele acusar de fabricar “noticias falsas” en su contra.

A comienzos de septiembre estuvo a punto de morir cuando recibió una puñalada en el abdomen durante un mitin. El ataque lo llevó tres semanas al hospital, pero no lo apartó de las redes, en las que cuenta con millones de seguidores.

Durante sus 27 años como diputado logró impulsar y aprobar apenas dos proyectos. Pero su limitada trascendencia política nunca fue sinónimo de pocas aspiraciones ni de falta de astucia. Fue el diputado más votado en las elecciones de 2014. Y luego de transitar por varios partidos, a inicios de 2018 adhirió al PSL.

Una persistencia y ambición que también tuvo durante sus días como “garimpeiro”, o buscador de oro, una actividad realizada a menudo en la ilegalidad. “El ‘garimpo’ es un vicio, está en la sangre”, dijo.

Bolsonaro aprendió a buscar oro con su padre Percy Geraldo Bolsonaro, quien fue garimpeiro en Serra Pelada, en la selva de Pará, durante los años 80. El patriarca también mantuvo a su familia ejerciendo como dentista sin diploma. Ahora su hijo buscará explotar áreas hasta ahora preservadas, como la gigantesca reserva indígena Raposa Serra do Sol, en el estado norteño de Roraima, rica en niobio, un metal ligero usado en la siderurgia y la aeronáutica. “Es el área más rica del mundo. Hay formas de explotar de forma racional”,

Jair Messías Bolsonaro nació en 1955 en Campinas, cerca de São Paulo, en una familia de origen italiano. Desde muy joven simpatizó con la vida militar e ingresó al Ejército antes de cumplir 20 años.

Se presenta como el “outsider” de la política, por no haber hecho alianzas con los partidos tradicionales.

Pero conquistó a la poderosa bancada del agronegocio en el Congreso y a líderes de iglesias neopentecostales, que buscaban evitar el retorno de la izquierda.

En las redes prometió “reducir el tamaño del Estado, el desarrollo sin los obstáculos de las ONG, acuerdos comerciales bilaterales y cambiar la actual línea errada en la educación y la seguridad”.

“Brasil por encima de todo. Dios por encima de todos”, reza su lema.

Antiabortista y defensor de la familia tradicional, Bolsonaro tiene cinco hijos de tres matrimonios: cuatro varones -tres dedicados a la política- y una mujer, que según dijo una vez significó “una debilidad” de sus capacidades.

Recientemente prometió, en un tono más moderado, gobernar en “beneficio de todos, sin distinción de origen social, raza, sexo, color, edad o religión”.

Desde el martes, empezará a saberse si realmente hay un Bolsonaro opositor y otro estadista, y qué posibilidades uno u otro tienen para imprimir los rumbos que quieren en Brasil.

Fotos con los vecinos al viajar hacia Brasilia

Ayer, Jair Bolsonaro y su señora Michelle, de 38 años, se despidieron de Río de Janeiro y viajaron a Brasilia, donde tendrá lugar su investidura. Un video divulgado por su asesoría de prensa mostró al futuro mandatario al salir de su apartamento en el barrio de Barra de Tijuca. Se tomó fotos con los vecinos y su hija salió cargando el perro de la familia.

Bolsonaro abrió la puerta del vehículo y saludó a unas 30 personas que lo ovacionaron gritando al unísono “mito”.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados