DAVID E. SANGER

Tras 70 años, el mundo deja de estar primero

El presidente Trump pudo usar su discurso inaugural para definir una de las frases que fue pilar de su campaña de una manera inclusiva, argumentando —como lo hicieron muchos de sus antecesores—, que a medida que la mayor superpotencia del mundo asciende, sus socios también prosperan.

En cambio, optó por una alternativa oscura y de línea dura, que parece proclamar el final de un experimento estadounidense de 70 años para dar forma a un mundo que parece ansioso por seguir su liderazgo. En la visión de Trump, la nueva estrategia de Estados Unidos es ganar en cada transacción y confrontación. Dijo que quedaron en el pasado los días cuando el país extendía su paraguas protector sin compensación, o gastaba miles de millones de dólares para intentar mejorar la situación de otras naciones, sin que se pudiera medir los beneficio estratégicos para Estados Unidos.

El discurso desafiante de Trump dejó en claro que su amenaza de retirarse de instituciones como Naciones Unidas, OTAN y el Banco Mundial, si siguen sacando ventaja de la voluntad estadounidense de subsidiarlas, pronto puede transformarse en una política del gobierno. Sostuvo que todas las décadas de generosidad habían convertido a Estados Unidos en un perdedor. "Hicimos ricos a otros países, mientras la riqueza, fuerza y confianza de nuestro país desaparecieron en el horizonte", afirmó. La clase media fue la que sufrió más al descubrir que "su parte del sueño estadounidense se redistribuía a lo largo de todo el mundo".

Richard Haass, presidente del Consejo de Relaciones Exteriores, señala que para quienes ayudaron a construir el orden internacional, la promesa de Trump es, en el mejor de los casos, miope. "Truman y todos los que lo sucedieron basaron su política en tener primero el mundo y no primero a Estados Unidos", dice. "Una postura estrecha de primero Estados Unidos impulsará a otros países a perseguir una política exterior igualmente estrecha e independiente, que reducirá la influencia de Estados Unidos y disminuirá la prosperidad global", indica después de escuchar el discurso de Trump.

En cambio, en opinión de los partidarios de Trump, ese enfoque es el que empujó al país por la pendiente de la obsolescencia. Como constructor de bienes inmuebles, el retorno de sus inversiones puede medirse fácilmente. Por tanto, no debe sorprender que él mida el desempeño de Estados Unidos como si llevara los resultados de un campeonato, en el que registra triunfos y derrotas.

Existe la duda de si el significado exacto de "Primero, Estados Unidos", continuará evolucionando en el pensamiento de Trump. La primera vez que habló del tema fue en una entrevista con The New York Times y si bien dijo que el mundo vivía a expensas de Estados Unidos, puntualizó: "No soy aislacionista, pero soy Primero, Estados Unidos. Me gusta ese concepto". Poco después, comenzó a expresarla en casi todos los actos de su campaña electoral.

Los Estados Unidos que eligieron a Trump concluyeron que no están dispuestos a seguir sobrellevando la carga que expuso John Kennedy al señalar que Estados Unidos abordará cualquier sacrificio, apoyará a todos los amigos para asegurar el éxito de la libertad.

Trump ve la democracia estadounidense como una importación fina para aquellos que gustan de ella. "No buscamos imponer nuestro estilo de vida a nadie, sino más bien dejar que brille como un ejemplo para que todos lo sigan", dijo.

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