ANÁLISIS

Alto riesgo y visiones disparesanálisis

"¿Cuál es la estrategia? ¿Se negociarán sanciones? ¿Es una postergación típica de la larga tradición de la RDPC para apaciguar la tensión?", preguntó Wellerstein en Twitter. "No lo sé".

Cuando Alex Wellerstein, un historiador nuclear que ha estudiado las crisis y los descubrimientos desde inicios de la carrera armamentística de la Guerra Fría, intentó imaginar los resultados posibles de la reunión que tienen pactada el presidente Donald Trump y Kim Jong-un, el líder norcoreano, quedó desconcertado, como muchos expertos.

"¿Cuál es la estrategia? ¿Se negociarán sanciones? ¿Es una postergación típica de la larga tradición de la RDPC para apaciguar la tensión?", preguntó Wellerstein en Twitter. "No lo sé".

La reunión unirá a dos personalidades que han demostrado ser de tendencias desestabilizadoras: Trump, cuya imprevisibilidad y desafío a las normas lo han llevado a encargarse de asuntos de alto riesgo en los que tiene poca experiencia, y Kim, cuya audacia juvenil y disposición para aceptar desafíos le dieron la bravuconería para pavonearse, tal vez de forma inmerecida, como una gran potencia nuclear.

Sin embargo, la reunión también ejemplificará un mundo que está menos limitado por las contenciones usuales de las normas o los procesos políticos a nivel internacional: un mundo en el que puede pasar casi cualquier cosa.

Como si se buscara enfatizar la creciente incertidumbre relacionada con la manera en que procederán las conversaciones y con lo que producirán, ambas partes ya parecen no comprenderse en los términos básicos.

Wellerstein está preocupado por la fijación que tiene el gobierno de Trump con los indicios de lo que Corea del Norte podría considerar como "desnuclearización", que los norcoreanos suelen concebir como una atenuación gradual y mutua de las tensiones, pero los estadounidenses creen que es un desarme total de Corea del Norte: una expectativa que Wellerstein llamó "estrambótica" en su tuit.

Los dos países ya están tratando la reunión más como una culminación de lo que cada uno parece percibir como su triunfo glorioso sobre el otro que como el comienzo de un proceso largo y difícil, en el cual ambas naciones se verán en la necesidad de realizar compromisos dolorosos para obtener ganancias limitadas.

Desde hace mucho tiempo, se han filtrado estas realidades contradictorias a través de las estrategias que han seguido los dos países. Desde la caída de la Unión Soviética, Estados Unidos ha esperado que también colapse Corea del Norte. La teoría era que el país se iba a salvar de las sanciones económicas y el aislamiento diplomático si se sometía a las demandas estadounidenses, entre ellas el desarme nuclear.

Mientras tanto, pocos creyeron que el reino ermitaño podría desarrollar misiles avanzados que transportaran armas nucleares al territorio continental de Estados Unidos.

Esto produjo demandas severas de parte de Estados Unidos, las cuales solo alimentaron la convicción de Corea del Norte de que necesitaba un disuasivo nuclear para sobrevivir. Además, provocó que Estados Unidos, confiado por la inevitable victoria total, se perdiera de oportunidades iniciales para lograr una victoria parcial por medio de un acuerdo que iba a congelar el programa nuclear de Corea del Norte cuando era más pequeño y menos avanzado.

Para Estados Unidos, la próxima reunión es el resultado de las sanciones y la presión, así que lo más seguro es que Kim esté preparado para discutir el grado de su rendición nuclear.

Sin embargo, desde hace tiempo los norcoreanos han seguido una estrategia que equiparan con el camino que siguió China: paria internacional en la década de 1950, Estado nuclear solitario en la década de 1960 y, finalmente, potencia mundial aceptada en la década de 1970.

Eso sucedió cuando Estados Unidos aceptó el gobierno de Pekín y retiró tropas y garantías de seguridad de Taiwán, su aliado de mucho tiempo. Para los norcoreanos, tal vez es un precedente de la retirada parcial del apoyo de Estados Unidos a Corea del Sur. En China, continuó la prosperidad económica, con la cual se garantizó el futuro de un gobierno comunista al cual en algún momento se le consideró incapaz de sobrevivir en el mundo moderno.

En la realidad, China ganó aceptación al poner a Estados Unidos en contra de la Unión Soviética. Su tamaño y poderío, los cuales no tiene Corea del Norte, hicieron imposible que la ignoraran otras naciones.

No obstante, para Kim, esa historia explica por qué esta reunión con Trump le podría parecer un eco de la cumbre de 1972 que reunió al presidente Richard Nixon con Mao Zedong, donde el primero aceptó al último como el líder de otra gran potencia. También es la razón por la que Kim parece esperar, al igual que Estados Unidos, un tipo de victoria que podría no ser realista. THE NEW YORK TIMES

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