Ansiedad de presos y marginado por conocerlo y dudas sobre cómo actuar

Aliento a quienes sufren la adversidad

Amanda Cortés no es la imagen que se tiene de un dignatario. Creció en una familia pobre en una casa hacinada. Trabajó años como operadora de una línea telefónica sexual. Desde 2010, espera ser juzgada en Philadelphia bajo la acusación de haber asesinado a su hijo. Pero, el próximo domingo conocerá al Papa.

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En el Vaticano o donde vaya, el Papa tiene un diálogo abierto con los ciudadanos. Foto: EFE

También lo conocerá Irma Barragán, quien tenía 16 años cuando sus padres le pagaron a un traficante para que la hiciera cruzar la frontera desde México. Francisco visitará una escuela de East Harlem, Nueva York, el viernes, para agradecerle personalmente a ella y otras inmigrantes que realizaron bordados para lienzos de la misa que oficiará en el Madison Square Garden.

"Cuando lo veo en el noticiero, me siento conmovida, casi con ganas de llorar", dijo Barragán, de 37 años. Comentó que tiembla al pensar que tendrá un encuentro con el hombre que corporiza su fe. "Si estoy allí y tengo la oportunidad, lo tocaré", dijo.

Una visita papal siempre es una ocasión de grandes ceremonias y política de alto nivel. Cuando Francisco llegue a la costa este de Estados Unidos esta semana, al igual que sus antecesores, se reunirá con el presidente Barack Obama y pronunciará in discurso en Naciones Unidas. Rezará con los obispos y oficiará misa ante una multitud.

Sin embargo, en un grado que no tiene comparación, este Papa pone énfasis en dedicar tiempo a las personas que se encuentran en los estratos menos favorecidos de la sociedad estadounidense: personas que hacen changas, refugiados, los sin techo, escolares de zonas periféricas y reclusos.

Francisco, como no lo hizo ningún Papa antes que él, usa el gran escenario de su viaje a Estados Unidos para demostrar que la Iglesia existe para servir a los pobres y marginales, y que esa es la responsabilidad de todos los católicos, ya sea el sumo pontífice o un miembro de la parroquia.

En Washington, Philadelphia y Nueva York, Francisco tendrá siete eventos programados en los que va a interactuar con personas comunes. Los encuentros serán breves y en gran medida, simbólicos. Cada grupo que será visitado por Su Santidad representará una causa que él defiende, a medida que exhorta a los líderes mundiales y a los 1.150 millones de católicos que lidera, a que intenten elevar a sus vecinos más humildes.

En los casos de las 900 personas que estarán con el santo padre, el simbolismo se convierte en realidad, y muchos se anticipan al momento con una mezcla de emociones fuertes.

En Philadelphia, brindará apoyo a 100 reclusos y sus familias en la cárcel más grande de la ciudad.

En una iglesia en Washington, se reunirá y bendecirá a 250 participantes de los programas de asistencia dirigidos por Caridad Católica. Entre ellos estará Rudolph Washington, de 48 años, para quien la audiencia papal es otro giro dramático en su vida tumultuosa que incluyó el tráfico de drogas, un accidente de tránsito que dañó su cerebro y lo dejó paralizado transitoriamente y, que luego a través de un programa de rehabilitación para ex reclusos, alcanzó el papel de liderazgo en un grupo de Alcohólicos Anónimos.

Wanderlen Martínez, quien huyó de Honduras a solas a los 14 años y se abrió camino a través de Guatemala y México, eludiendo a las bandas armadas y viajando en el techo de trenes de carga, confiesa que sabe muy poco de Francisco. "Necesito investigar más", dijo Wanderlen, quien ahora tiene 17 años y vive en el Bronx, donde Caridad Católica lo ayuda con su caso de inmigración.

Casos de abuso y sus víctimas.


Es probable una reunión del santo padre con víctimas de abusos. Si bien ahora son infrecuentes los casos que involucran a sacerdotes en actividad, hay indicios de dificultades para abordarlos. Defensores de las víctimas dicen que la Iglesia mejoró la prevención del abuso, pero resiste asumir total responsabilidad. Reconocen las medidas que aplica Francisco para enfrentar el escándalo.

SABER MÁS

Las voces que escuchará


ESCOLARES Y BORDADORAS, ELEGIDOS


Las personas que tendrán la portunidad de conocer a Francisco fueron elegidas sobre la base de consideraciones prácticas y espirituales. En la escuela Nuestra Señora de Ángeles, en el barrio de East Harlem, los alumnos de tercero y cuarto años que estarán en los salones que visitará el Papa, deberán permanecer mucho tiempo allí por motivos de seguridad antes del arribo de Su Santidad, así como sobrellevar la intensa presencia de los medios de comunicación.

“Algunos chicos se animan bajo ese tipo de presión y otros no”, dijo Fran Davies, vocera de las escuelas de la Arquidiócesis de Nueva York. “Por tanto, los directores hicieron una evaluación de quiénes creen que disfrutarán de la experiencia y sacarán lo máximo de la misma”.

De las 30 mujeres de los grupos de bordado que dirige Caridad Católica, en Yonkers, Nueva Jersey, solo la mitad realiza trabajos para la misa que oficiará el Papa en Nueva York, y un número aún más reducido lo conocerá personalmente. Fueron elegidas por su habilidad para bordar -todas presentaron muestras de bordados como prueba de su destreza- y su dedicación a la organización.

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