divergencias entre Obama y Netanyahu

Dos aliados que no se llevan bien

El presidente Barack Obama y el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu tenían una relación ponzoñosa mucho antes de que Netanyahu conquistara la victoria, en la noche del martes pasado, en las elecciones que fueron seguidas minuto a minuto en la Casa Blanca. 

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El primer ministro Benjamin Netanyahu y su hijo Yair

Pero, ahora que Netanyahu triunfó después de una campaña agresiva contra un estado palestino y el eventual acuerdo de Obama con Irán, la cuestión es saber si el presidente y el primer ministro podrán reparar su relación y si Obama siquiera lo intentará.

El miércoles pasado, parte de la respuesta pareció ser que el presidente no haría el esfuerzo. En una crítica marcadamente fuerte, la Casa Blanca calificó la retórica de la campaña de Netanyahu —en la que censuró a los árabes israelíes debido a que concurrieron a votar—, de un intento de "marginar a los árabes que son ciudadanos israelíes" y de ser inconsistente con los valores que unen a Israel y Estados Unidos. El secretario de prensa de la Casa Blanca, Josh Earnest dijo a los periodistas que viajaban con Obama en el Air Force One, que la declaración de Netanyahu era "profundamente preocupante y divisiva y puedo decirles que esas son visiones que el gobierno tiene la intención de comunicar directamente a los israelíes".

El cambio de posición de último minuto de Netanyahu al oponerse a la creación de un estado palestino contiguo a Israel, llevó a funcionarios estadounidenses a señalar que el gobierno de Obama ahora podría apoyar la aprobación de una resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que incorpore los principios de una solución de dos estados, la que incluiría las fronteras de Israel de 1967 con Palestina y canjes de territorio mutuamente acordados.

Esas fronteras, que han sido motivo de negociaciones contenciosas durante décadas, incluyen a Cisjordania, ocupada por Israel desde la guerra de 1967. La mayoría de los expertos en política exterior coincide en que Israel tendría que ceder territorio a los palestinos a cambio de mantener los bloques de asentamientos más grandes en esa zona.

Una resolución del Consejo de Seguridad en ese sentido sería algo execrable para Netanyahu. Si bien esos son principios de la política de Estados Unidos, hasta ahora las autoridades nunca los promovieron en Naciones Unidas, debido a que esa acción hubiera sido vista como demasiado antagónica con Israel.

El jueves pasado, en una entrevista con la televisora Msnbc, Netanyahu intentó retroceder de su declaración de la campaña electoral de que durante su mandato no se establecería un Estado Palestino.

También puntualizó que no intentó suprimir los votos de los ciudadanos árabes con un video del día de las elecciones, en el que advirtió que se dirigían en "manadas" a los circuitos de votación. Esa declaración suscitó indignación en la Casa Blanca y alrededor del mundo.

Netanyahu dijo que todavía quiere "una solución, sostenible y pacífica de dos estados" para el conflicto palestino-israelí y que no tuvo intención de modificar la posición que expuso en ese sentido en un discurso que hizo en 2009 en la Universidad Bar-Ilan. "No he cambiado mi política", afirmó en la entrevista. "Lo que ha cambiado es la realidad".


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Consecuencias.

Pese a la contramarcha retórica, Netanyahu no dijo si estaba pronto para retornar a las negociaciones o presentar nuevas ideas para lograr la paz. Reiteró su posición tradicional de que la negativa del liderazgo palestino a reconocer a Israel como Estado Judío, y su pacto con los militantes islamistas del movimiento Hamas, hacen imposible, ahora, llegar a un acuerdo.

"No quiero una solución de un solo Estado; quiero una solución sostenible y pacífica de dos estados, pero para eso, las circunstancias deben cambiar", señaló. "Para poder lograrlo, se necesitan negociaciones verdaderas con personas que estén comprometidas con la paz".

Los líderes de la Unión Europea, además de la Casa Blanca, habían expresado alarma por la declaración de Netanyahu en la campaña.

Pero, el jueves, la Casa Blanca ignoró las nuevas declaraciones de Netanyahu a la TV y, en cambio, se enfocó en lo que éste había dicho antes de la votación.

El presidente Obama esperó casi dos días antes de llamar por teléfono a Netanyahu en la noche del jueves para expresarle sus felicitaciones por el triunfo electoral.

En una llamativa señal de cuán amarga es la tensión entre los dos, Obama le dijo directamente a Netanyahu que Estados Unidos tendría que volver a evaluar sus opciones, después de la nueva posición y comentarios expresados por el primer ministro sobre una solución de dos estados, de acuerdo con lo que indicó un funcionario de la Casa Blanca que habló sin autorización para detallar la conversación privada. El funcionario dijo que durante la conversación telefónica, los dos también habían discutido los comentarios del primer ministro sobre los árabes israelíes.

La versión formal que hizo la Casa Blanca de la llamada no mencionó las críticas, aunque señaló que Obama "había reafirmado el compromiso de mucho tiempo de Estados Unidos con la solución de dos estados que resulte en un Israel con seguridad junto a una Palestina soberana y viable".

La declaración también dijo que Obama reiteró su intención de alcanzar un acuerdo con Irán sobre su programa nuclear —otro punto de discrepancia con Netanyahu, quien enfureció a la Casa Blanca a comienzos de este mes al criticar las negociaciones, en un discurso que pronunció ante el Congreso de Estados Unidos.

"Esto significa que Estados Unidos está en posición de volver a evaluar su pensamiento", dijo el vocero Josh Earnest, antes de precisar que las declaraciones de Netanyahu de retirar el apoyo a una solución de dos estados "tienen consecuencias para las acciones que tomemos en Naciones Unidas y en otros ámbitos".

Las posiciones divergentes confirman el daño duradero que se hizo a las tensas relaciones de Netanyahu con el gobierno estadounidense durante la divisiva campaña electoral israelí. La tensión empeoró cuando el primer ministro habló en el Congreso, en contra del deseo de la Casa Blanca, para protestar por el acuerdo nuclear que negocian seis potencias mundiales con Irán.

En relación con ese tema, otra fuente de indignación del gobierno es Ron Dermer, el embajador de Israel en Washington, quien es oriundo de Estados Unidos y fue un operador político del Partido Republicano. Algunos funcionarios dijeron que si Dermer dejara el cargo se mejoraría el clima, aunque no cambiarían las divisiones subyacentes sobre políticas. Dermer ayudó a organizar la invitación del presidente de la Cámara de Representantes, John Boehner para que Netanyahu hablara ante el Congreso en contra del acuerdo nuclear con Irán, sin consultar primero a la Casa Blanca.

Abbas busca reconocimiento de ONU.

La postura que expresó Netanyahu de rechazo a un Estado Palestino, en la campaña electoral, fue aprovechada por el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas para continuar su estrategia unilateral de buscar un pleno reconocimiento de Naciones Unidas y de concurrir a la Corte Penal Internacional para presentar acusaciones de crímenes de guerra contra los israelíes. "Si esto que se dijo es verdad, significa que el gobierno israelí no tiene intención seria de lograr un acuerdo de paz que crearía dos estados sobre la base de las fronteras de 1967", dijo Abbas en una reunión del Comité Ejecutivo de la Organización para la Liberación de Palestina, en la ciudad de Ramallah. "Por consiguiente, no retrocederemos de nuestra posición de aplicar el Derecho Internacional ni de nuestro derecho a concurrir a cualquier lugar del mundo para que se hagan realidad nuestros derechos de acuerdo con las normas internacionales".

El principal negociador palestino, Saeb Erekat, comentó: "¿Alguien puede imaginarse que Netanyahu dirá que lo lamenta, no quiso decirlo y cree en dos estados?. La gente reiría". The New York Times

Felicitación y cuantiosA asistencia para israel.

Dos días después de la victoria electoral, Obama llamó a Netanyahu para expresarle sus felicitaciones y le subrayó "la profunda y duradera alianza entre Estados Unidos e Israel".

Pese a la relación difícil entre los dos gobernantes, Israel, que ha recibido más ayuda de Estados Unidos desde el final de la II Guerra Mundial que ningún otro país, continuará obteniendo US$ 3.000 millones anuales, en su mayoría en fondos militares. Las Fuerzas Armadas de Estados Unidos seguirán trabajando con las de Israel, para que este mantenga su ventaja militar sobre sus adversarios regionales.

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