AVANCE DE LA PANDEMIA

Alerta en Buenos Aires por casos de COVID-19 en barrios populares

En una semana multiplicaron por tres los infectados de coronavirus en las zonas pobres. Mientras, Argentina llegó a las 500 muertes por este virus. 

Argentina: control de temperatura en uno de los barrios populares de la provincia de Buenos Aires; hasta ahora hay uno aislado. Foto: AFP
Argentina: control de temperatura en uno de los barrios populares de la provincia de Buenos Aires; hasta ahora hay uno aislado. Foto: AFP

El crecimiento exponencial de casos de coronavirus en barrios populares de la provincia de Buenos Aires alarma a las autoridades: los contagios se triplicaron en una semana. El 19 de mayo, se registraban 220 casos en barrios populares y asentamiento, según los datos oficiales que brindó ayer miércoles el ministerio de Salud provincial al diario La Nación. Hoy hay 634.

El foco de preocupación es en Villa Azul, en Quilmes, con 173 casos. El resto de los 634 casos confirmados  de coronavirus no se detalló aún en el mapa de barrios “para no estigmatizar a la población vulnerable”, según se informó de manera oficial.

Pero un dato está confirmado: hay 11 casos en Villa Itati, pegada a Villa Azul.

Los 634 contagios representan el 14,2% del total de personas enfermas registradas al día ayer en la provincia de Buenos Aires.

ARGENTINA

500 muertes por coronavirus 

Argentina informó ayer que se registraron 706 nuevos casos de COVID-19 y los infectados ya son 13.933. Además, hubo 10 nuevas muertes y el total es de 500.

“El 14% de positivos viven en villas de emergencia. Se está corriendo ahí el problema como se preveía”, dijo el ministro de Salud provincial, Daniel Gollán. Y aseguró que están “tratando por todos los medios de intervenir precozmente para que los focos no se transformen en incendios”.

El crecimiento exponencial de 220 a 634 casos en villas y asentamientos precarios en una semana no solo se explica por el plan de vigilancia activa que lanzó el gobierno y que supone ir casa por casa a preguntar sobre los síntomas y revisar a los habitantes de los barrios más postergados.

“Hay más gente buscando porque hay más casos. El aumento de circulación de la gente probablemente haya generado más circulación del virus y por lo tanto más contagios”, dijeron en la Casa de Gobierno a La Nación.

En todo el Gran Buenos Aires se quintuplicaron los casos, se afirma desde el gobierno.

El brote en Villa Azul, que ya cuenta con 173 enfermos, encendió una luz roja y obligo a dar cifras actualizadas de contagios en los barrios populares, que antes no eran difundidas con regularidad.

“Esto es peor que una explosión nuclear”, consideró Sergio Berni, ministro de Seguridad de la provincia de Buenos Aires. “En una explosión real se puede medir la radioactividad en tiempo real. Nosotros estamos 14 días atrasados”, se lamentó.

Entre villas y favelas

Villa Azul es uno de los 1.800 barrios vulnerables que albergan a más de 3 millones de personas en la periferia de Buenos Aires.

Se les suman otras 350.000 que viven en villas en la propia ciudad. En una de ellas, la conocida Villa 31, se multiplicaron alarmantemente los contagios hace dos semanas en medio de un prolongado corte de agua. El evento obligó a frenar la flexibilización de la cuarentena general.

Llámense villas, favelas o cantegriles, era cuestión de tiempo para que la pandemia del coronavirus penetrara a los barrios más pobres de la región.

“Estamos cada vez más preocupados por los pobres y otros grupos vulnerables con mayor riesgo de enfermedad y muerte por el virus”, dijo días atrás la directora de la Organización Panamericana de la Salud, Carissa Etienne.

En todos los países estos barrios tienen rasgos comunes que hacen de las recomendaciones sanitarias una utopía.

Con la curva de contagios aún acelerándose en países como Brasil, Perú y Chile, y un posible subregistro de casos, la situación tiende a empeorar.

El caso de Villa Azul es un ejemplo de esto. El gobierno de la provincia de Buenos Aires optó por aislar a los 3.000 habitantes de la villa cerrando sus accesos.

Pero el coronavirus ya llegó a la vecina Itatí, al otro lado de una autopista y con unos 16.000 vecinos.

Según la Organización Internacional del Trabajo, en el mundo hay 1.700 millones de personas que trabajan en el sector informal. Para ellas, “hay una contradicción entre morir de hambre o morir del virus”, dice a la AFP la economista brasileña Dalia Maimon, coordinadora del Laboratorio de Responsabilidade Social (LARES) de la Universidad Federal de Río de Janeiro.

La lógica imperante es que “si morir de hambre (por no trabajar) es una certeza, entonces voy a arriesgarme tratando de no contaminarme por el virus y voy a trabajar”, explica esta economista brasileña.

“Las medidas (de aislamiento social) recomendadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS) contra el COVID-19 son sobre todo para las clases medias. ¿Cómo podemos hablar de aislamiento social cuando la población solo puede vivir de su trabajo? Tenemos que tener una política de renta, para que la gente se quede en sus casas”, dice Maimon.

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