THE NEW YORK TIMES

Cómo actuará en una era peligrosa

La presidencia de Donald Trump va a sumergir a Estados Unidos en una era de incógnitas como casi no se ha visto en los 240 años de historia de Estados Unidos.

Si bien Trump ha sido vago en cuanto a su posición en muchos temas, en cambio ha sido explícito en varias de ellas que cambiarían de manera fundamental la dirección de Estados Unidos.

Trump no podrá sacar a Estados Unidos del acuerdo climático de París, legalmente puede ignorar sus disposiciones si persiste en su cuestionamiento del cambio climático provocado por el hombre. Podría proceder con lo que alguna vez llamó una prohibición a que entren al país musulmanes, pero que luego cambió —después de que lo acusaron de racista— a una prohibición de visitantes de una lista de países problemáticos, casi todos con mayorías musulmanas.

Retiraría a las tropas que Estados Unidos tiene estacionadas por todo el mundo para mantener la paz, a menos que le paguen por la protección. Le diría a la OTAN que Estados Unidos cumpliría con sus compromisos de seguridad posteriores a la Segunda Guerra Mundial solo si los otros países pagan su parte justa. Desestimó repetidamente la idea de que esos desplazamientos le convengan a Estados Unidos porque evitan el aventurerismo chino o ruso, y mantienen abiertas las rutas comerciales para las mercancías estadounidenses.

En el primer año de su presidencia, debería quedar claro si Trump tiene la intención de cumplir lo que dijo en cuanto a que se sentiría cómodo con la idea de que Japón y Corea del Sur, ambos signatarios del Tratado de la no proliferación nuclear, pudieran abandonar su compromiso de larga data de no desarrollar sus propias armas para hacerlo.

Quizá el asunto menos predecible es cómo Trump va a tratar con Rusia y su presidente Vladimir Putin, a quien ha elogiado en repetidas ocasiones, en términos que impactaron hasta a su propio partido. ¿Levantaría las sanciones impuestas a Rusia por haberse anexado a Crimea — lo cual pareció que Trump sugirió que estuvo justificado— y por acosar a Ucrania? ¿Daría marcha atrás a la decisión del gobierno de Obama de reforzar la presencia militar estadounidense en las fronteras rusas?

Trump nunca argumentó a favor de contener a Rusia y argumentó repetidamente que él, y solo él, podía negociar con autoritarios como Putin.

"Mi gobierno", dijo hace poco, "trabajará con cualquier país que esté dispuesto a asociarse con nosotros para derrotar al Estado Islámico y a detener al terrorismo islámico radical. Y eso incluye a Rusia". El miércoles, Putin pareció regresarle el sentimiento, percibiendo su oportunidad y diciendo que esperaba restablecer relaciones "maduras" con Estados Unidos.

Trump desestimó las violaciones rusas a los derechos humanos, que encarcelara a periodistas y opositores políticos o sus elecciones amañadas. Mediría al país, dijo, exclusivamente por su disposición a participar con dinero en proyectos estadounidenses. "Si se nos quieren unir dejando fuera de combate al Estado Islámico, en lo que a mí respecta, eso está muy bien", dijo. "Es un mundo muy imperfecto, y no siempre se puede escoger a las amistades. Pero no se puede dejar de reconocer a los enemigos".

El mundo está a punto de descubrir si las promesas más extravagantes que hizo en su campaña para replantear el orden internacional —ideas que parecieron improvisadas, en el mejor de los casos— se convertirán en realidad.

Se ha comprometido a sancionar a las empresas que se lleven los empleos a otros países, una tarea que empezaría con la derogación del Nafta, que considera un desastre. Su visión es que si Estados Unidos no está atado por tratados comerciales de hace medio siglo, queda libre para seguir un enfoque nacionalista, en el que el éxito se mida no por la calidad de sus alianzas, sino por los rendimientos de sus transacciones. "No nos estafarán más", dijo en marzo. "Vamos a ser amigables con todos, pero nadie se va a aprovechar de nosotros".

Se enojó ante la sugerencia de que su planteo sobre la construcción del muro en la frontera con México y la derogación de los tratados comerciales harían que Estados Unidos retornara a una era de aislacionismo, por lo que argumentó que solo así libraría al país de las ataduras de normas internacionales que no le convienen. Asegura que no es aislacionista, sino que le gusta la expresión de que primero está Estados Unidos.

"Quiere librar a Estados Unidos de las ataduras de normas internacionales que no le convienen".

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