La Bitácora

El acierto de la distinción del Nobel

La elección del Nobel de la Paz fue mucho más importante, justa y útil de lo que se esperaba. Los nombres que se barajaban tienen mucha más prensa y conocimiento internacional que el grupo finalmente elegido.

No hace falta promover al papa Francisco, ni difundir la importancia que tiene la negociación del presidente Juan Manuel Santos con las FARC para poner fin a más de medio siglo de guerra en Colombia. También fue ampliamente elogiada la política de apertura hacia los refugiados sirios que implementó Angela Merkel.

Lo que no es conocido porque carece de interés para la prensa internacional, es el inmenso logro en institucionalización, democratización y pacificación política que tuvieron las cuatro entidades que aunaron esfuerzos para salvar a Túnez de una guerra civil o de caer en otra dictadura.

El Nobel de la Paz visualizó ante el mundo el inmenso valor cívico de cuatro dirigencias sectoriales, que dejaron de lado sus propias actividades para salvar a la sociedad tunecina del caos. No es común que una central sindical de trabajadores, una entidad empresarial, un Colegio de Abogados y una organización de Derechos Humanos se impulsen y vehiculicen un proceso de diálogo que las instituciones del Estado, tambaleantes y vaporosas por la crisis política, no podían ni impulsar ni vehiculizar.

Fue una suerte de comité de salvación nacional integrado por entidades que, salvo la Liga de Derechos Humanos, nada tienen que ver con el rol asumido. La dirigencia gremial de los trabajadores, la de los empresarios y la entidad profesional que nuclea a los abogados, dejaron de lado sus cuestiones sectoriales y condujeron un proceso con eficacia y rapidez, sacando a Túnez de una encrucijada. En ese pequeño país del norte africano, vecino de la inestable Argelia y de ese violentísimo agujero negro que es Libia, comenzó la Primavera Árabe que pronto tumbaría al egipcio Hosni Mubarak y al libio Muamar Gadafi empujando además a Siria a la guerra civil que lleva cuatro años devorando vidas y vomitando olas de refugiados.

La irrupción del terrorismo salafista llegado desde Libia y la inestabilidad del gobierno que encabezó Hamadi Jebalí, pusieron el país al borde del abismo.

Por el valor cívico, el cuarteto merecía ser modelo. Y el Comité Nobel le dio visibilidad .

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