Análisis

¿Y ahora qué?

Con el 55% de los votos, Jair Bolsonaro le dio una victoria contundente a la extrema derecha en Brasil.

Se espera un pronunciamiento del gobierno uruguayo en esta jornada. Foto: EFE
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La estrategia que llevó al ultraderechista Jair Bolsonaro a la presidencia de Brasil avanza por el mundo: el desprecio por las reglas democráticas, las minorías sociales puestas como chivos expiatorios, la nostalgia de un pasado supuestamente mejor y la popularización del antiintelectualismo, que favorece el saber de las redes sociales sobre el conocimiento de los expertos y la verdad de los periodistas.

Todo diseminado a través de mentiras y noticias falsas o tergiversadas para causar un caos que solo el nuevo líder, contrario a la política tradicional establecida —llámese Trump, Erdogan, Duterte u Orbán—, será capaz de solucionar.

Con el 55% de los votos, Jair Bolsonaro le dio una victoria contundente a la extrema derecha, en parte porque convenció a sus electores de que las soluciones a la crisis no han sido rápidas solo por la falta de voluntad política.

Pero ahora tendrá que entregar resultados, no solo retórica. A partir de enero de 2019, deberá resolver sus contradicciones para cumplir sus promesas electorales: leyes de posesión de armas a la población, erradicar la inseguridad pública —en un país donde 60.000 personas fueron asesinadas en 2017— y la disminución del gasto público.

Como es probable que Bolsonaro no pueda ofrecer resultados tangibles en poco tiempo, podría elegir esconderse en la trinchera que mejor maneja: la guerra cultural.

En una entrevista de 1964, la filósofa Hannah Arendt le recordó al periodista Günter Gaus que el incendio del Reichstag, en Berlín, poco después de la llegada de Hitler al poder en 1933, le permitió al líder nazi imponer un estado de emergencia que duró doce años. El incendio se le atribuyó a un joven albañil comunista que acababa de llegar a Alemania, pero la acusación nunca fue probada.

Lo cierto es que el estado de emergencia permitió la persecución sistemática y masiva contra comunistas y llevó a la ampliación de poderes del nazismo.

El punto es que no hay que esperar a que se repita un ejemplo extremo para entender cómo otros gobiernos autoritarios hicieron para garantizar la sumisión de la sociedad y consolidar su poder.

En el caso de Brasil, donde el 44% de la población rechaza a Bolsonaro, el desafío más urgente es no dejar que la indignación se diluya en la apatía, porque eso sería darle más poder a quien desdeña los valores democráticos. Sabemos que hay mucha más gente dispuesta a diseminar mentiras que a combatirlas. Y si Bolsonaro actúa como lo hizo durante la campaña, uno de sus principales blancos será la verdad.

La sociedad civil, la oposición política, la prensa y las instituciones públicas independientes, no pueden bajar la guardia. Un primer paso es proteger y rescatar la verdad, empezando por la verdad histórica.

Si los brasileños no queremos perder las conquistas sociales más importantes logradas en los últimos gobiernos, debemos crear un contrapeso sólido para frenar los rasgos antidemocráticos de Bolsonaro. La prensa y los tribunales superiores tendrán que vigilar al poder ejecutivo más que nunca.

En su primera manifestación como presidente electo, Bolsonaro pronunció una oración evangélica y prometió respetar la constitución y los valores democráticos, pero no hizo un llamado poselectoral a la unidad nacional, como se esperaba. En cambio, imprimió a su discurso un giro que podría parecer irónico: "El pueblo brasileño ha entendido la verdad. Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres", dijo citando un versículo de la Biblia. Esto sugiere que tendrá un gobierno a imagen y semejanza de la fórmula que le dio resultado durante la elección: polarizador, mentiroso y cargado de prejuicios raciales, sociales y sexuales. Es también probable que haga uso de la represión estatal, con un precio importante para las libertades individuales de los brasileños.

Así que quienes creemos que hay que rechazar el autoritarismo, debemos estar alerta en momentos de choque y escrutar en las razones y pretextos que Bolsonaro podría usar para justificar la fuerza. Frente a las mentiras, será indispensable defender la verdad y nunca ceder en nuestra indignación.

(*Periodista política brasileña y colaboradora regular de The New York Times en Español).

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