CRUCERO

La peripecia de una médica que subió al Greg Mortimer: "Es nuestro deber ético y moral ayudar"

Héroes Anónimos: testimonios de los protagonistas de una hazaña única en el medio de una pandemia. Cibeles Franchi cuenta cómo fue subir al barco para brindar apoyo sanitario. 

Héroes Anónimos: Greg Mortimer, Cibeles Franchi

A Cibeles Franchi, médica e intensivista desde hace un año, la contactó un colega para ofrecerle el trabajo. "Hay extranjeros que están varados en un crucero, que Uruguay no dejó que bajen porque están enfermos, están contagiados, y por ende debemos hacer una barrera sanitaria. Uruguay le ofreció al crucero la asistencia en caso de necesitar evacuar a los pasajeros", le dijo. 

El desafío era grande. El virus avanzaba en Uruguay y la peripecia significaba un grado de exposición alto. "Era una cantidad importante de personas confinadas en un ambiente cerrado, eso agregaba severidad y complejidad a la situación", cuenta Cibeles. 

La médica aceptó la tarea de ir a brindar apoyo al Greg Mortimer, el crucero que había partido de Ushuaia, Argentina y que había llegado a Uruguay en busca de ayuda. Para este entonces, varios pasajeros presentaban síntomas de la enfermedad. "Principalmente teníamos que transmitirles que Uruguay no estaba colapsado e informarles quiénes eran positivos y quiénes eran negativos", cuenta. 

Lo que Cibeles no sabía hasta llegar al puerto era que el barco se encontraba fondeado a 20 kilómetros de la costa uruguaya. "Ese día salimos temprano. Al llegar los barcos se amarraron y el buque pivotaba bastante. Nosotros estábamos vestidos de `astronauta´: máscara, traje, un casco. Al llegar al lugar me di cuenta que a diferencia de cuando habíamos salido del puerto no había ningún puente para pasar de un barco a otro", narra la médica. 

Había que saltar, pero Cibeles cuenta que no hubo demasiado tiempo para asustarse.  "Ya estábamos todos prontos, no había manera de decir que no, no tuve ni chance: saltó mi compañero, saltó el enfermero y cerré los ojos y cuando se acercaron los barcos sentí que alguien me empujó, pegué un salto y sentí que me agarraron los otros del otro lado". 

El relato de Cibeles del salto al barco lo presenciaron también los pasajeros desde sus camarotes. Uno de ellos, Steve Timmerman, ya de vuelta a Australia tras el corredor humanitario, escribió una carta de agradecimiento en la que mencionaba a Cibeles.

"Cuando la increíble doctora subió a bordo ayer, le grité a través de mi máscara que me he enamorado de su país. Ella se arriesgó a caer al mar, a ser aplastada entre los dos barcos mientras se mecían las aguas embravecidas, pero me miró con humanidad sonriente y emocionada mientras subía a nuestro barco" escribió Steve.

Una semana después de su ida al barco, Cibeles recibió la carta de Steve. "Lo busque en Facebook y le escribí que yo era una médica que había ido ese día, que estaba orgullosa y que cuando todo esto pasara lo iba a invitar a mi casa a comer asado, que él iba a conocer Uruguay por dentro y con otros ojos. Le dije que Uruguay es un país chico pero de corazón grande y que cuando esto pase mi casa va a estar abierta", cuenta. 

"Uno cuando hace medicina empieza a ver la ayuda y la asistencia con otros ojos. Ayudar es un deber, nuestra formación lleva a que sea algo natural. Es nuestro deber ético y moral ayudar", concluye Cibeles.

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