130 pulsaciones

Episodio 2: Cita pendiente

130 pulsaciones son historias de amor extraordinarias, únicas, particulares. Por la forma en la que se desarrollan, por el lugar en el que nacen, por la rapidez con que se genera el vínculo, porque tienen o no final feliz. Son historias uruguayas que merecen ser contadas.

Episodio 2: Cita pendiente. Ilustración: Carolina Faget. Escuchá el podcast
Episodio 2: cita pendiente. Ilustración: Carolina Faget. Escuchá el podcast. 

—Hola, papá. ¿Cómo estás?
—¿Bien y vos? ¿Dónde andas m´ija?
—Voy camino a Canelones
—¿A Canelones?
—Voy en busca de mi madre.

Antes de que Rita cruzara la puerta de la casa, Pedro le aseguró que si lo hacía, él no la iría a buscar. Y así fue.

No se volvieron a ver más.

Dice Pedro que Rita era una morocha linda, que lo había enamorado apenas se conocieron, cuando él tenía 26 años y vivían a una cuadra de distancia.
Después todo transcurrió bastante rápido. Se enamoraron, se pusieron de novios y al poco tiempo una noticia los sorprendió: serían padres. Roxana fue la primera de ocho hijos, después llegaron Javier, Leandro, Verónica, Gerardo, Alejandra, Leticia y Walter.

Fue un domingo de 2015 en que Pedro recibió la llamada por parte de su hija mayor. Se quedó “paralizado”. Habían pasado 35 años desde aquel día en que Rita cruzó la puerta de su casa luego de que discutieran.

“Como en toda pareja, que siempre se suscitan discusiones, por los hijos, por el dinero, por la comodidad o la incomodidad, discutimos y no la vi más”, dice Pedro Abraham (78), quien se quedó con sus ocho hijos, cuando la mayor tenía 10 años.

Trabajó en una fábrica de alpargatas, en una carnicería, en un cementerio. Además le gustaba ir al club y jugar a las bochas- como su padre le había enseñado- y pasar tiempo con sus amigos. Pedro también encontraba compañía en el alcohol- “mala compañía”- aunque dice que siempre fue fiel a sus hijos y que en su casa el “pan siempre estuvo”.

35 años después

La hija mayor del matrimonio fue la primera en manifestar la necesidad de encontrar a su mamá. A sus 45, sentía que algo le faltaba, así que emprendió la búsqueda. Su padre sabía bastante de Rita: además de sus apellidos, el número de su cédula de identidad y el número de su credencial.

Con ayuda de un policía cercano, Roxana encontró un domicilio en Canelones en el que podría estar su madre. Golpeó la puerta de una casa modesta en Santa Lucía:

—Yo soy Rita ¿Tú me conocés a mí?
—Soy Roxana, tu hija.


Parada en esa puerta, dice Pedro, Roxana no sintió haber encontrado a su madre sino a la mujer que la parió. Para Pedro, de todos modos, fue un logro: “Yo siempre les dije que tenían que buscar a su madre, porque la madre es única”. Al encontrarla, sus hijos descubrieron que además tenían otros tres hermanos, con quienes se pusieron en contacto.

Pedro procuró, “sin molestar”, intentar acercarse a una las hijas de Rita para poder restablecer el contacto. "Hola, ¿cómo estás?", escribió en un mensaje de texto. "¿Bien y vos? ¿Cómo te va?", respondió Rita.

Pedro y Rita se volvieron a encontrar en esos mensajes 35 años después de haber discutido. Se prometieron una cita. Se trataba de volver a verse, conversar, ver qué tenían para decir dos personas luego de tanto tiempo.

Pedro Abraham tiene 78 años y no supo de Rita por 35.
Pedro Abraham tiene 78 años y no supo de Rita por 35.

Al igual que Rita, Pedro también se puso en pareja luego de la separación y tuvo dos hijos, por lo que viajar a Santa Lucía no le parecía del todo lo correcto. Acordaron verse algún día que ella viajara a Montevideo a visitar a su hermana. “No era para pelear ni para discutir, 'ni vos fuiste buena ni yo soy el bueno'. Sin reproches. Quería verla y ella me quería ver, tomar un refresco y conversar”. Para él, se trataba de “borrar y empezar de nuevo”.

Mantuvieron conversaciones por celular por más de dos años, cada diez o 15 días. A menudo comentaban sobre el estado del tiempo: que qué frío, que qué calor, que qué tiempo loco. A veces, él le preguntaba cuándo tenía pensado viajar a Montevideo.

Así llegó marzo, abril, mayo de 2018. Rita sufrió un accidente cardiovascular en junio y murió a los 15 días. “Una y mil veces les dije a mis hijos que no se puede vivir con rencor, pero no lo entendieron así. Yo le hubiera dado un beso y sería mi amiga, nada más”.

A Pedro le quedó una cita pendiente.

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