CRUCERO GREG MORTIMER

"No nos entrenan para subirnos a un crucero y enfrentar una pandemia", el testimonio de una médica que asistió en el Greg Mortimer

Héroes Anónimos: testimonios de los protagonistas de una hazaña única en el medio de una pandemia. Sofía de Betolaza cuenta cómo fue subir al barco para brindar apoyo sanitario.

Sofía de Betolaza junto al equipo médico que subió al crucero Greg Mortimer. Foto: Sofía de Betolaza
"No nos entrenan para subirnos a un crucero y enfrentar una pandemia", el testimonio de una médica que asistió en el Greg Mortimer

Sofía de Betolaza no tuvo problemas para dormir en la noche del sábado 4 de abril. Acostumbrada a guardias y al trabajo como médica, sabe que las horas de sueño son cruciales para su desempeño y aprovechó esa noche de sábado para descansar por seis horas. Poco le importó la charla que había tenido horas atrás y que horas después fuera a subir al Greg Mortimer, un crucero fondeado a kilómetros de la costa de Montevideo y que tenía a gran cantidad de sus pasajeros con síntomas de coronavirus.

“No es obligación, se puede decir que sí o no”, le dejaron claro a de Betolaza, poco antes de plantearle que necesitaban médicos para subir a testear a los pasajeros del Greg Mortimer. “No me estás invitando a un cumpleaños pero sí, dale”, recuerda entre risas que fue su respuesta. Su edad, sus conocimientos, su estado de salud y su compromiso como médica, entre otras cosas, hicieron que no dude en aceptar ese trabajo.

Pocas horas después tuvo una reunión en la que conoció los primeros detalles y luego se fue a su casa a descansar. En la mañana del domingo, junto al resto de los médicos que integraban al equipo, se encontraron en el Puerto de Montevideo para comenzar el operativo.

Además de instrucciones y asistencia de cómo usar el equipo de seguridad, una de las primeras acciones fue recibir los exámenes de todos los pasajeros del crucero y dividirlos en grupos para atender entre los distintos equipos. Cada equipo médico estaba formado por tres personas, dos médicos y un enfermero.

Al llegar al barco los roles estaban claros. De Betolaza, por su capacidad para hablar inglés, fue la encargada de la comunicación con los distintos pacientes. Durante el tiempo que trabajaron en el crucero atendieron a más de 40 pasajeros.

"Estaban muy bien, ninguno estaba cerca de necesitar asistencia en un hospital. Estaban tranquilos, con muchas interrogantes", recuerda de Betolaza.

Desde ese momento existía un sentimiento de gratitud de parte de los pasajeros con el personal médico y la asistencia uruguaya. Incluso hubo tiempo de expresar algunos deseos. "Muchos nos decían que nos ofrecerían sentarnos, un café, una copa de vino, algo para comer. Obviamente no se podía hacer nada de eso. Muchos nos decían que nos querían dar la mano, que era una lástima que no podían darnos las manos", contó.

 De Betolaza no esperaba que la repercusión fuera tan grande. Al no llevar celular al barco no se enteró de lo que pasaba en redes sociales y solamente lo hizo al volver a su casa y ver la cantidad de mensajes que tenía en su Whatsapp.

Desde ese día, la médica no ha vuelto a tener contacto con ninguno de los pasajeros, salvó con algunos que todavía están internados, pero que no ha tenido mayor diálogo. Lo que si recuerda especialmente fue la despedida que le hicieron los pasajeros, aplaudiendo desde los balcones: "fue una escena súper emotiva, fue precioso. Irnos con aplausos fue muy emotivo".

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