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Bebés Arcoíris: la luz después del dolor

Octubre es el mes de la Concientización sobre el Duelo Gestacional y Perinatal. En Uruguay dos fundaciones apoyan a familias que pasaron por la muerte temprana de un hijo. 

Bebés Arcoiris. Foto: Faustina Bartaburu
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Es un instante. Es una cachetada que nadie espera y a quien le toca lo deja inmóvil. Lo paraliza. El relato de los padres que sufrieron la muerte de un hijo durante el embarazo o al poco tiempo de nacer se construye siempre de manera similar: hay un parate que impide seguir, o al menos por un tiempo.

Hay algo más en lo que todos coinciden: el tiempo con un hijo nunca es suficiente.

Dahiana Romero junto a su hija, Luz Delfina. Foto: Faustina Bartaburu
Dahiana Romero junto a su hija, Luz Delfina. Foto: Faustina Bartaburu

Para aquellas familias que pasaron por esta situación octubre es el mes de la Concientización sobre el Duelo Gestacional y Perinatal. En Uruguay, las fundaciones Era en Abril Uruguay y Luz del Cielo buscan brindar apoyo a familiares tras la muerte de un bebé o niño.

Belén perdió a Felipe a los pocos días de nacer y María Noel a Lorenzo, Claudio y Victoria dejaron de sentir los latidos de María Eugenia en una ecografía, Dahiana perdió a Leandro con dos años y Natalia a Victoria, de tan solo cuatro años.

Volver a casa es, quizá, volver a sentir la cachetada. Es encontrarse en algunos casos con un cuarto decorado que esperaba para dar una bienvenida, es volver con proyectos e ilusiones truncas, es reacomodar la cabeza en función de dos en lugar de tres, o tres en lugar de cuatro.

A ese tiempo de no poder progresar, que puede durar meses o años, lo identifican con una tormenta. Y saben que aunque luego de un tiempo hayan logrado levantarse y seguir, el dolor los acompañará siempre. Es por eso que estas familias prefieren recordar a sus hijos con alegría, nombrarlos, regalarles un espacio en su casa o guardar algo que les pertenecía en lugar de hacer silencio.

Belén Piñeyrúa es además psicóloga y explica que en Uruguay no hay colegas especializados en duelo natal o perinatal. Además, dice, falta trabajar en las áreas de salud para preparar a los encargados de transmitir la noticia de la muerte y poder abrazar a las familias con las palabras adecuadas.

“Los médicos muchas veces hablan desde la no esperanza. Tal vez porque es su rol, pero uno siempre intenta aferrarse a la esperanza. Me gustaría que ninguna mamá escuchase frases hechas que nada aportan a su duelo, porque el duelo empieza en ese momento”, explica Piñeyrúa.

La experiencia de Victoria Griego con los médicos tampoco fue positiva. Tras la muerte de María Eugenia, a las 18 semanas de embarazo, una enfermera le dijo que era joven y aún tenía tiempo para volver a intentarlo. “Lo que no sabía- dice Victoria- es que veníamos de cuatro tratamientos y ocho años de intentar traer un hijo al mundo”.

Claudio, su marido, recalca la importancia del apoyo familiar durante el duelo y lo difícil que es para la pareja mantenerse en pie. “Esto une a las parejas o las termina de separar. Nosotros fuimos a los ponchazos, no somos la pareja ideal ni mucho menos pero sí que fueron ocho años complicados”.

Ahora Victoria y Claudio se paran frente al andador y hacen muecas para intentar robarle una sonrisa a Gerónimo. Es que hace seis meses llego a sus vidas su segundo hijo. Porque si hay algo que tienen claro, es que lo de María Eugenia no se trató de un aborto sino de la perdida de una hija.

Bebés Arcoiris. Faustina Bartaburu
Victoria y Claudio se tatuaron el nombre de su primera hija, María Eugenia. Foto: Faustina Bartaburu

A Victoria le pesa la incomprensión de la sociedad. “Además del dolor que vos cargás de la muerte de tu hijo, tenés que cargar con que es totalmente invisibilizado, nadie lo ve, para nadie existió”.

A los hijos que llegan tras un vivir un duelo de este tipo se los conoce como bebes arcoíris. “¿Por qué bebés Arcoiris? Porque es la esperanza, la ilusión, lo maravilloso de un arcoíris. Pero detrás hay una tormenta, hay un dolor, hay muchas cosas que no sanarán jamás porque cuando se muere un hijo se muere una parte tuya”, dice Piñeyrúa. 

El dolor con el que cargan los padres lleva también a que el embarazo que sigue sea lleno de miedos y que las visitas al médico sean aún más recurrentes. María Noel Minozzo se acerca a su hija mayor, Federica, y le entrega una ecografía de su hermana Carmela, que nacerá a fin de año. 

-Fede, ¿quiénes son los bebés de la casa?
-Federica, Lorenzo y Carmela. 


Todos coinciden también en la importancia de explicar al resto de los hijos, en caso de tener, lo sucedido con el bebé o niño y recordarlo como quién fue: un hermano más. "Si hay algo que tengo claro es que ella va a crecer con el recuerdo de Leandro y va a saber quién fue y lo que le pasó", dice Dahiana Romero con Delfina en brazos. 

El caso de Natalia es de esos que cuesta creer. A su hija, Victoria, le diagnosticaron un tumor maligno a los cuatro años, cuando ella estaba en el octavo mes de embarazo. Pese a que Nahiara nació un mes antes de la partida de Victoria, Natalia no duda en decir que ella es su arcoíris. "Si no hubiera tenido a Nahiara hoy no estaría acá". 

Felipe es el único hijo de Belén. Ella dice que el suyo "es un camino largo" y espera poder dar la próxima entrevista con un bebé arcoíris en brazos. "Es muy importante poder volver a intentarlo más allá de los miedos y las ansiedades", comenta. 

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