El 11 de diciembre de 1888 nació en Montevideo. Eduardo Rodríguez Larreta se destacó desde muy joven. Profesor y luego, en 1912, recibido de abogado, ya en 1916 fue elegido Constituyente. Al año siguiente quedó consagrado como diputado, iniciando así una prolongada carrera como legislador.
En 1918, junto a Washington Beltrán y Leonel Aguirre, con la subsiguiente incorporación de Carlos Scheck, fundó El País.
Una etapa notable de su vida se inició en 1945 cuando fue designado Ministro de Relaciones Exteriores, con Martín Aguirre como Subsecretario. El convenio sobre Salto Grande fue un jalón de aquella gestión. Pero lo que se dio en llamar la "Doctrina Larreta", resultó ser lo de mayor resonancia pues señaló un rumbo en las relaciones interamericanas. Su doctrina la expuso en dos notas dirigidas a sus colegas de los demás países de América, en las que trasmitía su preocupación en el sentido de que "debe constituir en lo sucesivo una norma indeclinable de acción, en la política internacional, la del paralelismo entre la democracia y la paz". Aunque acordaba todo su significado e importancia al principio de no intervención, estableció que no se creyera que podía extenderse éste hasta ser protección para quienes violaran los derechos elementales del hombre y del ciudadano e incumplieran los compromisos libremente contraídos, sobre deberes externos o internos de un Estado.
La "Doctrina Larreta" fue un reconocimiento temprano de la importancia de los derechos humanos, al surgir su autor como un precursor en su defensa. En lo que respecta a la crítica que se le hizo en cuanto a que su planteamiento violentaba el principio de no intervención, en la respuesta estampada en la nota del 19 de octubre de 1945, reafirmó que las acciones debían "revestir carácter colectivo y actuar sólo ante la comprobación fehaciente de sucesos claros y reiterados", reconociendo expresamente que el principio de no intervención de un Estado en los asuntos de otro, en las relaciones interamericanas constituye una gran conquista inspirada en nobles y justos reclamos. Algo que se debía mantener y afianzar, pero también armonizar con otros temas importantes para la conservación de la paz y la seguridad internacional.
La "Doctrina Larreta" tiene hoy, a comienzos del siglo XXI, plena vigencia y es demostración de su visionario pensamiento. A través de las décadas que nos separan de su enunciación, ella ha sido base de numerosas iniciativas. Recuérdese como ejemplo un episodio relativamente reciente: el 11 de septiembre de 2001 en la ciudad de Lima, Perú, fue incorporada en la OEA "La Carta Democrática Interamericana", la cual responde a la filosofía y los principios que lanzara Uruguay en 1945, la que a su vez se refleja en anteriores instrumentos internacionales como el de la reunión de Potrero de Funes en Argentina en 1992, en el ámbito del MERCOSUR, el "Compromiso de Santiago", en 1991, la Declaración Presidencial de las Leñas, la Reunión de los Jefes de Estado y de Gobierno del Grupo de Río en 1997, La Cumbre de Mandatarios en Québec, y la resolución de la OEA pidiéndole al BID que condicione sus apoyos crediticios a la vigencia de la democracia y el respeto de las libertades individuales en el país peticionante.
Por otro lado, no puede ser omitido en esta evocación, otro aspecto muy bien descrito por palabras del Dr. Washington Beltrán: "Con denuedo se arrebujó en su capa de cien combates y desdeñando la hostilidad del denuesto, formó la Reconstrucción Blanca…" Fue ése el gran paso dado en la década del cincuenta, hacia la unión de los blancos bajo un mismo lema, que dio como resultado la victoria electoral esperada durante 93 años, finalmente concretada en las elecciones del 30 de noviembre de 1958 al lograrse la unión del Partido Nacional.
Eduardo Rodríguez Larreta falleció el 15 de agosto de 1973. Pero como dijo Marcel Proust a la muerte de John Ruskin, él nos sigue señalando el camino, como esas estrellas apagadas cuya luz aún nos llega.