Delincuentes perseguidos se tirotearon en la Unión, robaron taxi y chocaron

Violencia sin freno en las calles

Como dijo un lector, sabiamente: "Hace diez años, un hecho así daba para hablar todo un mes". Se refería al asesinato de Wellington Rodríguez Segade, referente de la barrabrava de Peñarol acribillado el martes, a plena luz del día, en el barrio 40 Semanas.

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Foto: Ariel Colmegna.

J.L. AGUIAR

En el curso de 24 horas, otras dos muertes a balazos y un inusual tiroteo en plena Unión, eclipsaron el crimen que prometía "dar para hablar todo un mes".

El asalto a un supermercado en General Flores, y el caso de un almacenero que resultó herido por delincuentes que intentaron robarlo también alimentaron el clima de "violencia impune" que, según un dirigente sindical de la Policía, se ha adueñado de Montevideo (ver aparte).

Poco antes del mediodía de ayer, el corazón de la Unión se vio sacudido por un tiroteo entre efectivos policiales y tres delincuentes que acababan de atropellar a otro agente que los perseguía en motocicleta.

Tras esto, los prófugos chocaron su propio automóvil y, después de intercambiar disparos con la policía, robaron un taxi a punta de pistola para proseguir su huida hasta que, al final, estrellaron el taxi contra el muro rojo de una casa, varias cuadras más al norte, en Villa Española.

Los asaltantes fueron detenidos luego de esa odisea.

Asalto y persecución.

El raíd comenzó después de que los rapiñeros —al menos tres; se cree que había un cuarto cómplice que logró huir— perpetraran de mañana un asalto a un almacén en el Buceo. Los detalles de ese robo no están claros, porque la Jefatura de Policía de Montevideo no divulgó ningún parte oficial del hecho.

A bordo de un VW Amazon negro, los asaltantes emprendieron la fuga, perseguidos por un agente en motocicleta que los sorprendió en las proximidades de Comercio y José Antonio Cabrera. Al llegar a esa esquina, los delincuentes embistieron al agente. La moto, el casco y el agente —que no sufrió lesiones de entidad— quedaron tendidos en la calle.

Los prófugos continuaron su marcha y volvieron a chocar por detrás con una camioneta. Abandonaron el auto abollado en medio de la calle Asilo, entre Comercio y Pernas, y continuaron a pie, con su mochila y sus armas.

Otro funcionario policial, que iba en un auto particular, observó a los delincuentes y los persiguió por Pernas, en dirección a 8 de Octubre. Allí, los delincuentes, al oír la voz de "alto", se parapetaron detrás de un automóvil estacionado, que resultó ser otro VW, modelo Gol, de color gris.

El propietario de un kiosco de quinielas que estaba enfrente, escuchó cómo los delincuentes comenzaron a disparar contra el policía, que repelió la agresión, al tiempo que llegaban refuerzos de la zona.

"Los disparon duraron como un minuto o dos", contó el dueño del kiosco. "Yo no quise mirar, porque ante todo está mi seguridad", contó a El País.

El VW gris recibió al menos once impactos de bala. Seis atravesaron los cristales del lado del acompañante y del asiento trasero. Otras cinco municiones perforaron el parabrisas delantero, del lado del conductor. Al menos dos tiros atravesaron las otras ventanillas, detrás de las cuales se refugiaban los maleantes. Uno de ellos recibió una herida de bala. Un hilo de sangre impregnó la puerta del conductor.

Esa zona del barrio, como es habitual un día de semana al mediodía, estaba llena de gente. A escasos cinco metros del escenario del tiroteo, hay un carrito de comidas —El Carro de Perna— "donde había mucha gente comiendo de parado", contó el kiosquero. "Había incluso una mujer con un bebé en brazos".

Los delincuentes no se rindieron. Lograron salir corriendo por Pernas hasta 8 de Octubre, donde hicieron señas a un taxi, que no se detuvo.

El que venía detrás, en cambio, vio que los delincuentes agitaban un arma, detuvo el coche y se bajó, temiendo lo peor.

A bordo del vehículo robado, el trío siguió su huida en dirección al norte, con el acelerador a fondo. Al llegar a Tomás Claramunt doblaron a la derecha y continuaron hacia Villa Española. Pero al llegar a una rotonda en el cruce con Francisco Vázquez Cores, no pudieron dominar el taxímetro y se estrellaron contra el murito bajo de una vivienda.

Dentro del taxi quedó un revólver y la mochila de los delincuentes, que fueron apresados.

Se salvó de milagro.

Entre tanto, en el escenario del tiroteo en la calle Pernas, la gente aún no salía de su asombro.

Los delincuentes ya se habían fugado cuando el dueño del VW gris salió de su trabajo en la Óptica Garese para tomarse su descanso habitual. Entonces vio cómo había quedado su coche, acribillado a balazos.

"¡Me quería morir!", contó a El País. "Mi auto está flamante, siempre trato de tenerlo impecable, y me lo encontré en ese estado", lamentó. "Qué le puedo contar? Lo único positivo es que me salvé de milagro".

El empleado de la óptica tiene una rutina: todos los mediodías se toma un descanso, se mete en el auto y allí ve una película en la computadora, hasta que llega la hora de volver al trabajo.

"Si el tiroteo hubiera ocurrido unos minutos después, no la contaba. Hoy estaría como un colador. Nunca pensé que algo así pudiera ocurrir en este barrio. Hoy todos somos víctimas en potencia", dijo a El País.

A balazos.

Un mediodía caótico se vivió ayer en el corazón de la Unión, cuando tres delincuentes que fugaban después de un asalto fueron interceptados por policías en las proximidades de 8 de Octubre y Comercio. Hubo colisiones de autos, un agente fue atropellado en su moto, y un cruce de disparos terminó con un auto particular acribillado a balazos. Los delincuentes lograron llevarse un taxi a punta de pistola, y en su desesperada huida, terminaron estrellando el vehículo contra el muro de una casa. En las calles quedaron casquillos de bala, cristales rotos, un casco de motociclista y un revólver abandonado.

DÍAS DE FURIA.

Tres fueron acribillados a tiros en un solo día.

Tres homicidios se produjeron en Montevideo en el curso de 24 horas. Dos de ellos quedaron opacados por el asesinato de Wellington Rodríguez, de 38 años, quien fue ejecutado de ocho balazos en el barrio 40 Semanas.

Rodríguez, conocido como "el Tato" y uno de los referentes de la barrabrava de Peñarol, fue atacado poco antes de las 14:30 por dos desconocidos, y cayó sin vida en la esquina de Máximo Santos y Tillaut.

Cuatro horas más tarde, en la continuación de Camino Melilla, en la zona de Verdisol, un joven de 21 años que esperaba un ómnibus en la parada fue atacado a tiros desde un automóvil gris en el que viajaban tres ocupantes.

El joven, identificado como Nahuel Tabaré Medero Campos, sin antecedentes, recibió cuatro disparos. Fue trasladado a un hospital pero falleció momentos después.

El tercer asesinato ocurrió en Colón, aunque fue el primero en orden cronológico. Una mujer de 20 años fue baleada en la cabeza frente a la puerta de su casa, en la calle 12 Metros, mientras se encontraba hablando con un hombre. La joven fue asistida e internada en un CTI, pero falleció sobre las 13:45 del martes.

Repelió a rapiñeros y fue baleado en la boca.

Las 24 horas de violencia desenfranada que vivió Montevideo, entre el martes y ayer, registran otros episodios que dejaron víctimas y lesionados.

El martes a las 18:30 horas, tres hombres a cara descubierta ingresaron a un almacén ubicado en camino Capitán Tula y Lorenzo Batlle Pacheco. Armados, le exigieron a una mujer que trabaja en el lugar que les entregara el dinero. En ese momento llegó el propietario del comercio y al ver lo que ocurría intentó expulsar por sus medios a los rapiñeros, al parecer menores de edad, y se negó a entregarles la recaudación.

Uno de los hombres le disparó al comerciante en el rostro; la bala ingresó por el paladar. Luego, los delincuentes se dieron a la fuga.

El otro hecho relevante fue el asalto a un supermercado en Las Acacias. Dos delincuentes, también con sus rostros descubiertos, golpearon al guardia de seguridad con la culata de un arma y fueron directo a las cajas, robando la recaudación.

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